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Cleptócratas con red

enlaopinion-110ADRIANA OCHOA / La Cábala / San Luis Potosí, S.L.P.

Fernando Toranzo enamoró a los votantes con su estampa de candidato “honesto, honesto, honesto”. Hoy, su gobierno no puede siquiera dar la cara cuando se le acusa de sobornar con permisos para venta de alcoholes.

Hay prestidigitaciones imposibles de hacer en el servicio público: no se puede presumir de honesto y persecutor de presuntos corruptos, sobre todo los que son de otro gobierno, y se deja al equipo propio, a los parientes, a los compadres, a los colaboradores, a los ujieres de alto standing y a las secretarias de toda la vida que manoteen en los cajones del dinero público, chicos y grandotes; que hagan tongo con los concursos de obra; que retaquen la nómina estatal de familiares y amigos inempleables; que impongan contratistas y despachos de asesoría a los alcaldes; que abran negocios financiados al amparo de una gestoría “bendecida” ante una instancia federal y que simulen procesos de oposición para elegir comisionados de transparencia, auditores superiores, consejeros electorales y cuanto puesto haya de opositarse por ley.

Tampoco es congruente encabezar estridentes proyectos punitivos, sólo contra quienes se le atraviesan o son de otro gobierno, ni hacer de las instituciones constitucionales de vigilancia, control y derecho a la información un escuadrón de mascotas amaestradas para maquillar los pecados del Gobierno, e impedir además que cualquier preguntón obtenga datos públicos que no los dejan bien parados, tareas a cargo de la ínfima Auditoría Superior, la corrupta Contraloría del Estado y la inútil Cegaip. A como les pongan el aro en frente desde Gobierno, lo brincan con gracia.

Ese es el estilo Toranzo: candidato exitoso, llega a gobernador con etiqueta de “honesto, honesto, honesto” y emprende un ayatólica y ruidosa persecución contra su ex patrón y sus ex compañeros en el gabinete marcelista, pero se hace el despintado con el meteórico ascenso económico de la parentela política, los excesos de su mujer, el arribismo de la familia, los negocitos de “asesoría” desde la Secretaría de Finanzas; los sainetes a modo de los concursos de obra; el acomodo casi masivo de recomendados de sus colaboradores en empleos públicos para que “ayuden” en algo; los casos de abuso sexual contra empleadas y las compras truculentas a toda clase de proveedores.

La honradez es un bien muy escaso, más en un país donde el trueque, el clientelismo, la trácala y el enchufe son hábitos generalizados y hasta encomiados. A Fernando Toranzo en sí no se le conoce hasta ahora debilidad por el negocio, pero de que su gobierno no ha sido todo lo honesto que pregonó en campaña, ni duda.

En las artes de enredarse en la bandera de la honestidad, Toranzo es la misma gracia que todos nuestros políticos: la socrosa corrupción se ve sólo en otros y esos otros a su vez en los unos. Es un arma arrojadiza, de ida y vuelta.

En Alemania, Canadá, Gran Bretaña, el primer mundo, los funcionarios dimiten por falsificar una tesis, por mentir a la policía, por no haber previsto una contingencia, por cometer un error. Se van a su casa a montar un taller de licuadoras, a hacer calle con ventas de ollas al cambaceo o lo que una gracia profesional le dé, mientras cargan con un proceso por sus fallas. Aquí no. Se les sostiene porque “no se le va a dar gusto” al babosete que osó denunciar, sea medio de comunicación, político opositor o ciudadano libre de sospecha.

A lo mucho, si las uñas o la incompetencia del colaborador generan bronca de nivel federal, o ya son inocultables, en el toranzato se les retira del cargo con borrón y cuenta nueva. Se van, pero de rositas. Así se han ido ex titulares de la Comisión Estatal del Agua, administradores del invernadero, oficiales mayores, directores diversos y recién el secretario de Salud. Hasta al defensor social del Estado lo sacaron de escena tratando de ocultar que estaba demandado, y bien demandado, por violación.

La generosidad es amplia y si los pobrecillos no pueden vivir fuera del erario, se les ha recolocado en puestos más discretos. No se les abandona, no señor.

Acto seguido, Auditoría Superior, la Contraloría y la Comisión Estatal cierran la pinza aromatizando la burrada o el estercolero. Auditoría nada más sirve para apretarles el pescuezo a los alcaldes no queridos. La Contraloría, para avalar extensiones de plazo de obras lentas y las correspondientes ampliaciones de presupuesto. Y la Cegaip, un organismo que se supone al servicio de ciudadanos comunes -no de litigantes-, se encarga de desplegar sus más alambicados talentos leguleyos para judicializar y entrampar peticiones incómodas.

Si pide uno los contratos de obra del retrasado y encarecido acueducto del Realito, no se los dan porque son confidenciales. Como confidenciales son también los criterios para las compras millonarias de desayunos escolares del DIF, las obras cuestionadas de Seduvop; los gastos de la Casa de Gobierno; el número de camionetas blindadas de Gobierno y quiénes las usan; la asignación de obra de un albergue en la Huasteca; los viajes y pasajeros de los aviones oficiales; el proceso de compra de las “recaudadoras” automáticas de la Secretaría de Finanzas y un largo etcétera. Tenemos una administración confidencial avalada por los comisionados de transparencia.

A este gobierno de corruptillos con redes protectoras le acaba por sacar los peltres que su recién puesto auditor superior no pueda siquiera decir algo a su favor tras los señalamientos de soborno que le hizo el periodista Juan José Rodríguez, en su espacio de los jueves “Las nueve esquinas”. Abordado por una reportera, Antonio Martínez Loredo se excusó y se escurrió.

Juan José Rodríguez afirma que Martínez Loredo pagó una indecorosa compensación a un ex contrincante en la carrera por la Auditoría Superior del Estado, pues tenía cantado el gane en un juicio para echar abajo su elección. Pero además, y aquí viene el Gobierno en directo, el demandante cuasi vencedor recibió un original, útil y práctico permiso para venta de alcoholes.

A todo esto, la nerviosa fuga de Martínez Loredo y un largo silencio gubernamental.

Nuestro ayatollah de la honestidad en el gobierno resultó un disfrutón que se fuga de pesca en el avión oficial los fines de semana y no quiere saber del gobierno que encabeza. Sus actos de lucha contra la corrupción se limitarán a imponer estrambóticas multas e inhabilitaciones para cinco o seis vidas a sus ex compañeros de gabinete, las que se harán efectivas… algún día, si es que logran extraditarlos, como el caso del ex director de Invies, Jorge González Hernández.

Podrá este gobierno decir misa si quiere en abono de sus pretensiones de honestidad al cubo, la realidad concreta lo contradice. Cada vez les va más burdo el maquillaje porque el deterioro del verdadero rostro ya no deja para alcanzar mayores aspiraciones estéticas.

A estas alturas, son una cleptocracia mal polveada.

Rollos sueltos

UNA POR OTRA. Si Xavier Azuara Zúñiga va por la candidatura del PAN a gobernador, entonces el presidente estatal del partido, Héctor Mendizábal Pérez, tendrá un buen margen de oportunidad para buscar la alcaldía capitalina, un espacio donde se ubica desde hace tiempo a Azuara como el más viable.

JUEGO DE ESPEJOS. Incluso panistas a quienes no les simpatiza mucho el llamado “Círculo Azul” que controlan la senadora Sonia Mendoza Díaz, el diputado local Juan Pablo Escobar y el dirigente estatal blanquiazul, especulan que es el proyecto a la presidencia municipal de San Luis, con Mendizábal, el verdadero proyecto del grupo: si Azuara gana o no la gubernatura es lo de menos.

ARREGLOS. El “Círculo” sería entonces el primer interesado en que Azuara se quite del camino a la candidatura para presidente municipal y hasta lo apoyarían. Entonces habría un proyecto redondo: Xavier a gobernador y Héctor para alcalde.

¿LA RETA? Con una alianza así, el senador Octavio Pedro Gaitán quedaría muy solo en su aspiración para la gubernatura, así que ya se movió. Para empezar, recuperó el grupo empresarial que lo impulsó a la presidencia municipal y que antes también ideó el proyecto de Marcelo de los Santos a la gubernatura.

EQUIPO. A ese grupo, integrado por ocho empresarios y profesionistas, perteneció el josefinista Ramón Zamanillo Pérez. Y Ramón se declaró más que puesto para pelear la alcaldía y hacer ensamble con Octavio para la gubernatura.

SE MUEVE. Los panistas ya andan volcados en sus futuros políticos, y se entiende. No es improbable que salte a la palestra otro equipo Gubernatura-Alcaldía.  A ver cómo les va de encuestas, porque sí van a pesar, más si el CEN está cauto respecto de los costos en divisiones de un proceso interno.

DISTRAEN. Se nota que el Ceepac anda más ocupado en ver quiénes los sustituirán, según la reforma política, que en vigilar un proceso adelantado y con aspirantes haciendo evidente proselitismo, sean alcaldes, diputados federales, legisladores locales o ediles.

SE SOLICITAN… Mujeres con potencial electoral, en todos los partidos, pues les obliga la reforma a  postular candidatas en 50% de los cargos en juego.  Ya hay quienes ven posibilidades a las presidentas del DIF de Rioverde, Fabiola Guerrero, y del DIF de Matehuala, Noelia Cortez.

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