ADRIANA MARVELLI / Opinión / San Luis Potosí, S.L.P.
Nuestra cultura es hibrida, mestiza, en la que desde el siglo XVI se funden tres grandes tradiciones dictatoriales: los señores prehispánicos, que eran una encarnación de los dioses cuyas palabras NUNCA deberían ponerse en duda, los monarcas españoles que ejercían su poder por medio de la gracia de DIOS y por último la Iglesia Católica, que inexorablemente exige OBEDIENCIA y respeto a sus anacrónicos mandatos (opuestos también en términos absolutos al más elemental uso de la razón) como consecuencia de ello, en nuestro país ha sido: Sostener la existencia de un ser providencial capaz de solucionarlo todo con el simple ejercicio de su voluntad.
Esta herencia nos legó la terrible costumbre no solo de tolerar, sino inclusive de adular al tirano opresor y de revestirlo con todos los atributos de una divinidad. De acuerdo con esta funesta tendencia, la mayoría de los mexicanos han estado firmemente convencidos de la existencia de seres omnipotentes, por ello no es extraño que en cuanto se presenta una persona que «dice» tener la solución de todos los problemas, algunos se apresuran a considerarlo como un salvador.
Y las herramientas mercadológicas aunadas con esta gran necesidad de que alguien venga a salvarnos de nosotros mismos, ha permitido llegar al poder a personajes sin ningún proyecto político que sirva a la sociedad, a la cultura, al desarrollo, al país. Y no sea solo un proyecto personalista que solo se sirven a ellos o sus partidos.
El mejoramiento en rubros tan básicos como el Sistema Educativo o el Sistema de Salud en la ciudad de San Luis Potosí es el mejor de los ejemplos; la indiferencia de el Dr. Fernando Toranzo, Gobernador del Estado, y el Lic. Mario García Valdez, Presidente Municipal de la Capital, dos funcionarios que en su momento quienes votaron por tenerlos en dichas funciones creyeron fielmente que iban a estar representados dignamente y que eran personas capaces de llevar a San Luis Potosí al desarrollo social, en infraestructura y toda esa belleza de palabrería en campaña, que hoy día, nos damos cuenta que padecen el mismo mal de los caudillos del siglo XIX, bajo la premisa de mantenerse en el poder a costa de lo que sea.
Sin embargo la factura se verá cobrada, porque los potosinos tenemos memoria y no olvidamos que ninguno ha levantado la mano para enfrentarse con problemas reales y por el contrario han servido de plataforma para la expansión y foro de difusión a sindicatos que no son bienvenidos en ninguna otra ciudad más que en la nuestra.
Autoridades que han servido a todos menos a los potosinos, que se empeñan en salir en la foto sin despeinarse, que dicen ignorar o prefieren callar en temas álgidos como la existencia de grupos de autodefensa, que no comprometen su amistad con rangos altos de la Iglesia Católica y un sin fin de temas que podríamos enlistar.
Hagamos un ejercicio de comparación; si hoy fuera fechas electorales, seguramente estos dos actores políticos estarían más que agarrados de temas como inseguridad, tráfico de influencias, la solución al ambulantaje, acercamientos con los grupos sociales y asociaciones organizadas para proyectos sociales, pero no querido lector, nos tendremos que esperar a que comience la contienda política para encontrar un nuevo «personaje providencial» para que nos haga tener fe en que el domingo de resurrección saldremos a las calles y todos los problemas que nos lastiman como sociedad serán resueltos. –Siga usted creyendo y no pierda la fe-.
Efectivamente, solo dejaremos de ser una nación manipulada por medio de la fe en ídolos de barro, cuando dejemos de creer y crear seres providenciales y asumamos nuestro papel en la sociedad para crear instituciones democráticas y justas, donde la libertad y el derecho estén por encima de los hombres que sólo buscan el poder y que carecen de proyectos políticos modernos capaces de mejorar la calidad de vida de sus gobernados. Diremos adiós a los caudillos el día en que existan ciudadanos capaces de alzar la voz y poner un alto a las injusticias y el personalismo de las autoridades.
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