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Mucho Ruido y Pocas Sombras

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Una crítica muy interesante a la película 50 Sombras de Grey, es la que hizo el periodista Juan Antonio Sempere, que bien vale la pena leerla ahora que está en boca de todos. Este es el texto completo:

Hay películas que parecen destinadas a triunfar sin importar que se originen de un material base mediocre (Crepúsculo), que vengan marcadas por una “mala estrella” durante su producción (Titanic) o que tengan a oleadas de críticos ávidos por despedazarlas (prácticamente cualquier cinta de Adam Sandler). ¿Pero reunir las tres características anteriores y aun así triunfar en taquilla? No abundan ejemplos.

50 Sombras de Grey (d. Sam Taylor-Johnson), sin embargo, parece ser la mayor candidata para replicar esta extraña proeza. Las exitosísimas novelas de E.L. James que representan su origen están pobremente escritas. La producción vio pasar cambios en los protagónicos, protestas y hasta demandas por una dudosa línea de “juguetes para adultos” (mejor ni pregunten). Y ciertamente no han faltado críticos que manifiesten ansias por sacar a relucir sus mejores comentarios mordaces a la hora de reseñar la cinta, sabiendo que es un blanco fácil.

sombras-grey-6He aquí algo curioso: la cinta no es tan catastróficamente mala como prometían los augurios. En serio, no lo es. Tal parece que los realizadores anticiparon la oleada de prensa negativa y decidieron “desactivarla” en un producto final que no toma grandes riesgos, que no se toma demasiado en serio y que en el fondo podría pasar por una cinta dominguera de romance. Claro, si por “romance” cuentas los latigazos, nalgadas, mordidas y sadomasoquismo “light” que se prodigan sus estrellas.

Esta cinta no tiene que ser explicada porque es casi un hecho que quienes la van a ver en el cine al menos repasaron el libro, pero ahí va: Anastasia Steele (Dakota Johnson) es una estudiante de letras (con especialidad en negocios) que obtiene la asignatura de entrevistar al billonario Christian Grey (Jamie Dornan) para el periódico de su universidad. El tipo es una fantasía erótica hecha realidad: luce como modelo de portada, su cuerpo parece fabricado por escultores renacentistas, pilotea su propio helicóptero y toca el piano como si hubieran clonados a Raúl DiBlasio con Ken, el novio de Barbie. Así que la entrevistadora luce francamente sorprendida con su entrevistado, quien posa sus ojos en ella como un Rottweiler contemplando un trozo de filete. De filete virgen, por si tenían duda.

Claro, Grey eventualmente revela que tiene “gustos… muy singulares” en lo que a la intimidad y el romance se refiere, y cuando la curiosa Anastasia le pide conocerlos, casi se va de espaldas: este hombre perfecto tiene un “refugio sexual” en el moderno edificio de su propiedad lleno de látigos, cadenas, mordazas, antifaces y demás artilugios sadomasoquistas. Eso sí, todo está muy arregladito y se ve que cuesta un buen dinero, así que es claro que Christian no se surte en las sex-shops afuera del Metro Insurgentes. Pero la sofisticación no le basta a Anastasia, quien huye despavorida. No hay por qué preocuparse, Grey no entiende de negativas y replantea su estrategia.

sombras-grey-5-610x350Es en este punto en el que habría que pensar que estamos por adentrarnos en una escabrosa y escandalizante saga llena de perversos juegos mentales, de escenas sexuales crudas y de pasión al rojo vivo, ¿cierto? No realmente. Verán: 50 Sombras de Grey tiene mucho en común con la previamente mencionada saga de Crepúsculo. Decir que esta última película es “cine de vampiros” insulta a las genuinas películas de vampiros, así que decir que la historia de Christian y Anastasia tiene que ver algo con clásicos del erotismo como La Historia de O, El Último Tango en París o Henry y June resulta hasta risible. Y parece que los productores lo saben, pues el tratamiento de la cinta es más bien de una sexualidad “por encimita”.

Hay desnudos (de Anastasia, mayoritariamente), algo de impactos resonantes sobre traseros al aire, mordisqueos insinuados en ciertas partes de la anatomía humana, pero nada de ello resulta particularmente sensual. Al parecer la directora Taylor-Johnson sabe que el mercado meta de estas cintas se compone de amas de casa a las que les da pena pagarse una suscripción en internet a Brazzers, así que opta por dejar mucho a la imaginación y se concentra más en la absurda mecánica que desarrollan sus protagónicos. Ya saben: un contrato que dicta hasta dónde van a llegar con sus encuentros íntimos, explicaciones anodinas sobre el billonario Grey y sus peculiares filias, regalos sumamente ostentosos a cambio de acceder a ciertas cosas “en la cama”, todo muy normal. Y tan sexy como leer el diario oficial, en gran parte de los casos.

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Ya sé, ya sé, no hicieron esta película para amargados como yo. Ni para un considerable segmento del público que considera a esta película como una gran tomada de pelo. Pero es cierto que también hay algunos aspectos positivos. Los protagonistas no están tan perdidos. Dakota Johnson se toma en serio su papel y convence bastante en el rol de “inocentona virginal que va a darle al cuerpo alegría Macarena”, mientras que Dornan es tan caricaturesco como el personaje del libro, así que no hay mucho de qué quejarse. Hay intercambios entre ambos que resultan hasta graciosos por lo ridículo de la premisa, así que al menos no adormecen con sus interpretaciones. La banda sonora es francamente brillante, de lo mejor que se ha armado últimamente para una producción tan comercial, así que vale la pena adquirir la música.

Pero el veredicto final no puede ser bueno, lo siento. Y tampoco hay que dramatizar ese hecho, pues hasta quienes disfrutaron el libro están al tanto de que la historia es tan absurda, folletinesca y trivial como una telenovela del Canal de las Estrellas. 50 Sombras de Grey jamás se va a llevar premios de la industria, ni sus “frases memorables” (creo que no las hay) se integrarán al lenguaje popular. Es una “audaz historia de erotismo” que parece pensar que la posición de misionero es “loquísima”. Así que si esperas algo más intenso… bueno, no tengo que recordarte que estás leyendo esto en internet, ¿o sí? Anda, explora un poco.

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