Mi amarga experiencia con el Covid

Lore M. Ley

Deseo contarles parte breve de nuestra historia familiar por si les sirve a quienes estén padeciendo los efectos de esta terrible pandemia.

En lo personal salí viva del Covid gracias en primer lugar a Dios, reconozco su fuerza, su luz y grandeza, es el único que en medio del dolor y la desesperanza nos permite aliviar nuestro dolor, físico, emocional y espiritual.

Un día empecé con dolor de garganta y flujo nasal, era un cosquilleo diferente a todo lo que podamos experimentar como “dolor de garganta “, me alerté y de inmediato fui a la farmacia del ahorro, ahí fui recetada con tratamiento por 8 días con paracetamol, azitromicina y algunas otras sustancias, confirmando la dra que me atendió, que a reserva de la prueba, prácticamente estábamos hablando de Covid. “Aíslate 14 días y si se puede 28” fue la instrucción.

Mi hijo me atendió durante 14 días solo, me dejaba alimentos afuera de mi puerta en una mesita y me gritaba: “estás bien?”, entre la puerta se escuchaban mis lamentos por tanto vómito y diarrea. Momentos en que sientes venir la muerte porque el coronavirus te tiene sin apetito por 7 días, no comes nada más que gelatina y tú estómago no tiene nada que arrojar.

Luego tienes que chutarte en medio de tu malestar comentarios absurdos o nada pertinentes de gente que te dice: “ no será emocional?” Y tú con ganas de tener a la persona enfrente, darle un puñetazo y decir: “ cállate no seas idiota”.

Sólo quienes hemos vivido en carne propia lo que es padecer este mal podemos describir con exactitud, hay miles de experiencias: “el té mágico de Doña Chuchufita, jengibre con canela y manzanilla, té de hoja de guayabo, dióxido de cloro”, pero no hay nada más milagroso que la mano de Dios viéndote en medio del dolor para enviar ángeles en la tierra que velan por ti, mis amigas comunicólogas que gracias a ellas nunca me faltó alimento en casa, mi hijo, mis padres y hermanos a distancia y Raúl, amigos diversos, mi amiga Mony que cuando me volvió el apetito me preparó mi antojo de picadillo, así como mis señoras hermosas de Valle de la Palma que vinieron en camión cargando cajas o pagando un Uber para enviarme un remedio, todos estos hermosos ángeles velaron y siguen velando por mi estos interminables días de dolor y angustia.

Hoy mi mami ya no está, falleció el 7 de septiembre a causa del Covid, me despedí de ella por videollamada gracias a Karen(mi enfermera ángel), nos dijimos “te amo” mil veces, ella con su máscara transparente de oxígeno y nos aventábamos besos con las manos a través del teléfono, ella desde la cama del hospital, yo desde mi cama aislada en casa – aguanta por favor mami, ya va la ambulancia, Lyz, Karina y mi papá te están esperando en casa y Alfredo viene en camino-

Esa fue su última noche en casa, mis hermanas y mi cuñado la cuidaron asesoradas por un médico particular, ya no pudimos hacer nada por ella y ya no pude abrazarla y decirle otra vez “ te amo”.

Hoy mi papi luchando día con día desde hace 6 por sobrevivir con oxígeno las 24 horas. Mi hermana Karina aislada por posible contagio por contacto con mi papi, mi hermano Alfredo cuidando a mi papá al 100, mi hijo aislado para no contagiarse, mi hermana Lyz aislada con su esposo e hijos por contacto con mi mami. Yo levantándome poco a poco con paciencia y esfuerzo porque mis pulmones aún están delicados.

Y aquí seguimos en pie de lucha gracias al Señor quien es el que decide hasta qué momento nos toca permanecer en este mundo terrenal. Quizá los seres humanos necesitábamos esta prueba para volcar nuestros ojos en Él y ser más humildes, porque a fin de cuentas, nos vamos de este mundo y ni un par de zapatos nos llevamos.

Lore M. Ley / San Luis Potosí, S.L.P. / Septiembre 16 de 2020.