México Tiene el Mayor Número de Huérfanos de Covid-19 del Mundo

En México, la pandemia de Covid-19 ha dejado cerca de 250 mil muertos, según el gobierno, pero la cifra podría ser dos veces mayor, según los especialistas. Las estimaciones de la revista científica The Lancet revelan que el país tendría, además, el mayor número de huérfanos de Covid-19 del mundo. Se cree que casi 150.000 niños perdieron a uno o ambos de sus padres a causa de la pandemia.

En medio de los campos de maíz, los gritos y cantos de decenas de niños resuenan en el patio del orfanato San Martín de Porres. En la ciudad de Texcoco, en las afueras de la capital mexicana, el edificio rosa y blanco pronto no tendrá más camas disponibles para albergar a los recién llegados. Desde el comienzo de la pandemia, la directora del edificio, la madre superiora Inés de María Piedras Díaz, ha recibido a decenas de niños tras la muerte de uno de sus padres por Covid-19.

“Sólo en las últimas semanas, hemos recibido a casi veinte niños que han quedado huérfanos a causa de la pandemia de Covid-19”, dice a RFI la monja. “Por ejemplo, tenemos un grupo de hermanos de cuatro, cinco, siete y ocho años que han llegado recientemente. La familia no puede permitirse cuidar de ellos. Su madre murió de Covid-19 y del padre no se sabe nada”.

La Madre Inés llegó al orfanato de San Martín de Porres en 1985, a la edad de 13 años, con sus ocho hermanos tras la muerte de su madre por un aneurisma. Asumió la dirección de la institución tras estudiar psicología y educación. La pandemia se lo ha puesto difícil a ella, a las demás monjas y voluntarios que alimentan, visten y educan a los 65 residentes, de entre 2 y 18 años. “Dejamos de recibir donativos mensuales de algunos donantes”, explica. “La falta de recursos económicos ha cambiado mucho la vida en el orfanato.

Como la mayoría de los orfanatos de México, el de la Madre Inés no recibe ningún subsidio estatal. Leonardo Mier es el responsable Nacional de Protección de la Infancia de Unicef. Según él, el cuidado de los huérfanos de la pandemia es una carga adicional para un sistema de atención a la infancia que ya mostraba fallas antes de la pandemia. “México sigue favoreciendo en gran medida a los centros de acogida frente a otras alternativas más adecuadas para los niños, como el acogimiento familiar”, afirma.

Incumplimiento de los estándares.

Sandy Poiré, responsable de calidad y asuntos internacionales de Save the Children, que ofrece apoyo psicológico y educativo a los niños, añade que muchos orfanatos carecen de transparencia y deberían ser inspeccionados según criterios normalizados: “Estas instituciones no siempre son un espacio seguro para los niños. Hay varias denuncias de malos tratos, abusos y violencia”.

Para atender adecuadamente a los nuevos huérfanos provocados por la pandemia, ambos consideran que el Estado mexicano debería, en primer lugar, realizar un censo de los niños afectados para conocer su número exacto y su situación. “Por supuesto, también sería muy útil disponer de cifras de huérfanos por causas graves, como feminicidios o homicidios violentos”, dice Leonardo Mier.

Por el momento, el Estado mexicano paga 800 pesos mexicanos al mes a los niños ya identificados como huérfanos de Covid-19. La suma, que equivale 34 euros mensuales, es insuficiente para comprar alimentos básicos. Muchas familias, como la de Miriam Bermúdez y sus hijas de 3 y 20 años, no han podido obtener el subsidio. Hace un año, cuando su marido murió de un ataque al corazón tras contraer Covid-19, los médicos no mencionaron el virus en la causa de la muerte.

Miriam, una madre sin apoyo económico.

“Mi marido era trabajador de Uber”, dice la madre, con la voz rota por un sollozo. “El nos mantenía. Yo era ama de casa, pero tuve que empezar a vender dulces en la calle. Mi hija mayor sigue estudiando, pero también tuvo que empezar a trabajar de secretaria para ayudarme con los gastos”.

A las graves consecuencias económicas de la muerte del padre de familia, se añaden impactos psicológicos devastadores. “Todavía no he tenido el valor para volver a nuestra casa, donde murió mi marido. De momento, nos quedamos con mi madre”, explica la joven viuda. “Mi pequeña se ha puesto de mal genio más y mi mayor pasó un luto terrible de seis meses; no quería ni lavarse y se quedaba en pijama todo el día”.

La madre y sus hijas están recibiendo asesoramiento de Save the Children, que ofrece apoyo psicológico a las familias afectadas por Covid-19. Según Leonardo Mier, de UNICEF, el cierre de las escuelas durante más de un año ha dificultado la percepción del daño psicológico que el dolor y la pandemia han causado en los niños.

>Consulte el estudio de la revista The Lancet sobre los huérfanos de la pandemia de Covid-19 (en inglés)

https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(21)01253-8/fulltext

Huérfanos por covid en México

Duelo Infantil, Experiencia de Dolor y su Significado: Servicios De Salud

  • Fundamental permitir que las niñas y los niños hablen de lo que sienten y lo que piensan.
  • La niña y el niño, no conciben la muerte como lo haría un adulto, expresan su dolor a su manera y puede resultar confuso. Algunos sienten la necesidad de atención, otros se retraen o asumen el papel de padres protectores.

Puede suceder que un infante tenga que pasar por una situación de duelo. Lo cual no debe ser ignorado. Apoyarle en su duelo, es decisivo para cuidar su salud mental. Por eso es necesario tener una idea de cómo entiende la muerte y cómo puede pasar por su duelo.

La niña y el niño, no conciben la muerte como lo haría un adulto, expresan su dolor a su manera y puede resultar confuso.  Algunos sienten la necesidad de atención, otros se retraen o asumen el papel de padres protectores. Para saber que hacer hay que tener en cuenta la forma en que las niñas y los niños entienden la pérdida. Esto depende de varios elementos: su edad, el vínculo que tenía con el difunto, su cultura, su nivel de conocimiento, la gente a su alrededor.

Algunas sugerencias para apoyar a las niñas y niños en duelo son: el informarles de la muerte lo antes posible. A veces es más fácil pensar que el niño no puede entender estas cosas, pero se dará cuenta de lo que se le oculta y luego podrá construir una lógica alrededor de la muerte basada en un pensamiento mágico. Utilice palabras sencillas y evite la comparación con el sueño, podría malinterpretarse y dígale que lo que sucedió no es su culpa.

Tenga cuidado con los cambios de comportamiento. Un niño que se da cuenta de que puede perder a sus seres queridos puede desarrollar un miedo al abandono, que puede traducirse en una fuerte demanda de atención y seguridad. Un adolescente que ve que la muerte puede golpear a cualquiera, en cualquier momento, puede sentirse inquieto y cuestionar el significado de su propia vida.

Preste atención a la reacción de quienes rodean al niño. La forma en que se lamentan le puede afectar. Es importante dejar un lugar para que todos puedan expresarse, de lo contrario se interiorizarán inquietudes y lógicas erróneas y pueden en el futuro generar problemas.

Pero es la edad el principal elemento que condiciona la vivencia del duelo: en un bebé recién nacido puede llorar no siendo consciente de la desaparición definitiva de un ser querido sino sintiendo la ausencia corporal de la persona que suele cuidarlo; antes de los 2 años de edad, un niño puede experimentar el efecto del duelo a través de las emociones que sienten sus padres (conmoción, enfado, tristeza); entre los 3 y los 5 años, la noción de muerte se refiere a la separación, pero aún no se comprende su naturaleza final. En este momento, puede aparecer un razonamiento basado en el pensamiento mágico. El pensamiento mágico se refiere a que el niño piensa que estas acciones pueden generar ciertas consecuencias que no encuentran una base racional para los adultos (la abuela murió porque yo era mala / si soy amable, la abuela ya no estará muerta).

De los 6 a los 8 años se empieza a comprender el aspecto final de la muerte y se aprenden algunos conocimientos. Puede entonces cuestionar la lógica que rodea a la muerte: ¿Quién puede morir?, ¿por qué razones?, ¿qué pasa después de la muerte?, ¿en qué nos convertimos? Dependiendo de las respuestas a estas preguntas, el niño construirá su propio razonamiento y deducirá conclusiones más o menos angustiantes (la vecina que tiene la misma edad que mi madre está muerta, eso significa que mi madre puede morir).

Entre los 9 y los 11 años se comprende la noción de irreversibilidad de la muerte. La niña, el niño es capaz de comprender el efecto del duelo en las personas cercanas y adoptar una postura protectora (no llorar, consolar a los demás). El pensamiento mágico está siempre presente y puede dar lugar a un sentimiento de culpa. En la adolescencia, muchas preguntas pueden surgir: ¿Qué es justo? ¿Qué lógica? ¿Qué sentido darle a la vida, si puede terminar tan abruptamente?

Más, el efecto no se limita a la visión que tiene según la edad, una muerte también puede dar lugar a conductas que pueden volverse problemáticas, por lo que la dependencia de Salud pública pide estar atentos y al cuidado de las niñas, niños y adolescentes, ya que existen diferentes tipos de conductas, como: la ansiedad, ira, hiperactividad, incluso existen conductas donde hay una identificación con el fallecido y el niño presenta los mismos trastornos que los del fallecido. O bien el infante o adolescente puede emitir quejas somáticas, es decir de dolor de cuerpo, se queja de un dolor sin fundamento. Esta sería una forma de expresar el sufrimiento de otra manera, especialmente cuando la expresión del dolor emocional no es tolerada por los familiares. Otras conductas que suelen manifestar es la depresión, equivalentes suicidas o la compulsión de cuidar, donde el niño ayuda a quienes lo rodean y asume el papel de padre e intenta enmendar a los demás y a sí mismo.

Las niñas y los niños tienen su propia experiencia del dolor y su significado. Puede ser más o menos fácil de detectar y comprender, por lo que es fundamental permitir que hable de lo que siente y lo que piensa. Sin embargo, es probable que usted mismo se vea afectado por la muerte de un ser querido, y no pueda estar disponible para su hijo o que se dé cuenta de que, pocos meses después de la muerte, su hija o hijo cambia de comportamiento y desarrolla inquietudes. Entonces considere el apoyo de un profesional de la salud mental para recibir la orientación adecuada para el bienestar suyo y de las niñas y los niños.