Feliz Cumpleaños Pandemia del Coronavirus en San Luis Potosí

Nadie imaginaría lo que San Luis Potosí podría vivir hace exactamente un año, golpes personales, profesionales, económicos, psicológicos y de ánimo social.

Declarada la pandemia en el mundo, pocos imaginaban que la llegada a la entidad potosina sería veloz como lo fue. La creencia popular e incluso profesional se basó en que la pandemia tardaría en arribar a tierras potosinas y que incluso, sería leve en comparación con otros lados pues ya tenían un plan de acción por parte de las autoridades.

Palabras más palabras menos, las autoridades de Salud iniciaron una repetitiva advertencia sobre la necesidad de cuidarse y de cuidar a los demás. Las acciones se realizaron en tiempo y forma pero no fue suficiente.

El 12 de marzo del 2020, San Luis Potosí registró el primer caso confirmado de coronavirus en tierras potosinas. Una mujer con antecedentes de viaje a España fue la primera en la estadística. Las alertas no tardaron en darse en los círculos sociales, los gubernamentales y desde luego, los familiares.

La premisa pareciera ser el quién, el dónde y si esa persona habría infectado a otras más. En ruedas de prensa diarias implementadas por el gobierno estatal, la Secretaría de Salud trataba de explicar el panorama que surgiría si las personas infectadas asintomáticas o no, contagiaran a otras y el temor en ese momento, era que el sistema de salud potosino, raquítico de por sí, colapsara por el número de infectados.

Como casi siempre pasa, los expertos de internet mediante redes sociales no tuvieron otra cosa más que decir que inventar, desmentir, conspirar, repetir y asegurar cosas que simplemente no podrían asegurarse.

Mientras tanto, con el paso de los días de un infectado, fueron dos, fueron tres, cuatro, decenas, pasando a las centenas de infectados en poco tiempo. Dio inicio la cuarentena sin que nadie a ciencia cierta lograra realizarla cabalmente, simplemente por el hecho de que ni siquiera las autoridades pudieron tener el valor social de una cuarentena estricta que sin duda, habría salvado miles de vidas.

Porque bueno, tras las infecciones llegaron las muertes. Dolorosas cada una de ellas, muertes que tocaron a miles de familias que desesperados veían a los suyos caer uno tras otro mientras la sociedad seguía, parafraseando al Maestro Joaquín Sabina “como siguen las cosas sin mucho sentido”.

Si acaso, fueron las escuelas cerradas las que dieron un poco de respiro a la sociedad para que no se regara con demasía la enfermedad.

De ello nacieron los héroes. Personal médico, docentes, policías, fuentes de trabajo que fueron consideradas esenciales, y los niños, esos, los escolares pequeños que vieron de pronto su mundo trastocarse de cabeza sin entender a cabalidad lo que sucede pero con la certeza de que debían cuidarse de un invisible enemigo que no entendían, pero que estaba ahí.

Tras las muertes, las miles de muertes que hoy suman, iniciaron las muertes económicas, con cientos de pequeños, medianos y grandes empresarios a los que el tsunami del Covid-19 y sus fantasmas les pegó de lleno afectando las finanzas propias y la de sus trabajadores. Sueldos a la mitad, sueldos caídos, simples despidos que no pudieron evitarse.

Aún así… muchos potosinos consideraron la pandemia algo lejano, algo de ricos, algo de pobres, algo que simplemente a muchos no podía darles porque “se cuidaban”.

La realidad de la enfermedad y sus consecuencias vendría a golpear a todos, en todos los niveles, en todas las edades, en todos los ideales, en todas las casas donde la muerte no pasó de largo y la enfermedad dejó con secuelas a todos.

A un año, todos tenemos a alguien que enfermó y se recuperó, a alguien que enfermó y no se ha recuperado, a alguien o a muchos que simplemente se nos fueron como los adióses de las aves, sin ruido, sin aspavientos, una sonrisa que estaba y desapareció para siempre.

La muerte ha hecho suyo el mundo, no solamente por la pandemia, simplemente no ha dejado de trabajar, porque muchos se siguen yendo por otras causas; enfermedades, accidentes, por mano de la violencia.

Y es que pocos pensarían que la muerte con manto de pandemia nos obligaría al menos replantearnos el ser seres humanos, pero no, aún no sucede.

Hospitales en quiebra, en peligro, una economía frágil como hielo, cientos de trabajadores sin trabajo, cientos de trabajos sin vida. Niños que han tenido que dejar de ser niños para ser cautivos de la incertidumbre, madres y padres que se han quedado huérfanos de sus hijos; huérfanos que aún no entienden por qué sus padres o madres ya no están. A un año, la enfermedad se ha cebado con la carne, la risa, la tristeza, la esperanza, las ganas de miles de potosinos.

A un año de la pandemia, los ya enfermos por otras causas se agravaron, los sanos se enfermaron con gravedad, los ricos, los pobres, los que se cuidaron y los que no. A todos el Covid-19 nos ha arrancado algo de vida, sino es que toda.

Las autoridades, rebasadas y adelantadas en todo momento por la enfermedad, volvieron al discurso, a la excusa, a la contención de algo que ya había sido desbordado. Fueron los de tierra, los de piso, los que en hospitales y laboratorios, los que permitieron que miles de enfermos se salvaran pero pagando incluso, con muchas vidas de personal médico el precio de la pandemia.

A un año que todos nos hemos vuelto sisífo en su tarea eterna de empujar la roca cuesta arriba, siendo la lucha contra la enfermedad y nuestra propia vida mundana y afectada, las secuelas, las heridas y el desastre de la enfermedad en nosotros, hemos resistido los que quedamos como hemos podido.

A pesar de ello, las risas han seguido, las fiestas, las pequeñas tragedias hogareñas, las pequeñas verdades que nos hacen humanos. Seguimos besando y caminando, tratando de vivir en algo que ya no es normal.

Seguimos amando y odiando nuestras pequeñas verdades y frente a los espejos, diariamente, tratamos de sonreír ante la tragedia. Vemos al mundo avanzar a pesar de la roca castigo que nos ha tocado vivir y aún así tenemos esperanza de seguir adelante.

Miles se han ido y miles han nacido, la generación Covid-19 que crecerá en un mundo que se antoja, se sueña, se añora ajeno.

A un año de llegada la pandemia a San Luis Potosí, tras las estaciones y los climas, tras las muertes, tras las despedidas que no se alcanzaron a realizar, tras los últimos y los primeros besos, tras las pérdidas y las ganancias, tras la política y la violencia. Tras el balance de las cosas del hombre y sus circunstancias, tras todo ello, seguimos adelante.

A un año, el famoso semáforo se vuelve amarillo, cuando debería ser rojo, cuando aún la enfermedad nos los hace parecer naranja y todos desearíamos que fuera verde.

A un año de toda nuestra circunstancia… infeliz cumpleaños Coronavirus, que todos nuestros muertos nos perdonen la tristeza y la alegría.