
Ilse Álvarez Portales
El comienzo.
San Luis Potosí, S.L.P. / Autobiografía / Marzo 8 de 2023.- Orgullosamente puedo platicarles que vengo de una familia de gente trabajadora, luchona, de esas que nunca les ha dolido levantarse a las 4 am y terminar su día a las 11 pm. Comerciantes desde la raíz, herencia de mis abuelos quienes siempre se han dedicado a esta actividad.
Soy la segunda de 4 hermanas, cada una con una personalidad completamente diferente, pero todas siempre con la misma enseñanza, amar a tu familia, ayudar al prójimo y luchar por tus sueños.
Creo que mis padres hicieron muy bien en enfocarse en estos tres aspectos, porque hasta la fecha podría decir que son los ejes que rigen mi vida.
Dentro de mis recuerdos (Y de los demás que atacados de risa podrían contarles mil anécdotas), están presentes siempre la inquietud, energía y curiosidad en la vida. Nunca pude quedarme quieta, siempre me gustó indagar y sobre todas las cosas romper las reglas.
Tengo que aceptar que justo por esa combinación de elementos tuve muchos altos y bajos, desde cicatrices en mí y mis hermanas, regaños por parte de mis padres y tal vez más de un par de reportes de la escuela (A pesar que siempre tuve excelentes calificaciones). Eso sí, todo lo anterior lleno de risas, pero sobre todo gran aprendizaje.
El puesto de manzanas:
Mi primer contacto con el mundo “Real” (Y ahora les cuento por qué lo llamo así), fue cuando tenía aproximadamente 9 años. Recuerdo tan claramente ese día como si de verdad acabara de suceder. Incluso puedo oler los aromas de la bodega de mis papás que como les mencioné siempre han sido comerciantes, un poco de frutas, especias y claro el inconfundible golpe de la cebolla pelándose en mi nariz.
Como de costumbre estaba brincando por doquier, esquivando los cargadores con costales, corriendo por los alrededores, cuando de pronto comencé a ver un patrón interesante en lo que mi mamá estaba haciendo. Veía que mi mamá acercaba una caja de algo (Manzanas en este caso) y las otras personas le daban dinero. Un intercambio muy agradable a la vista sabiendo que moría por que llegara el momento en que mi mamá me daba monedas para ir a comprar dulces como cada día con la esperanza de que me quedara quieta un rato.
Después de observar esta secuencia unas cuantas veces, algo en mi mente dijo: “¿Y si en vez de esperar a que mi mamá me de monedas llevo la caja de manzanas afuera? Personas van a venir y llevar manzanas y darme billetes en vez de monedas y me puedo comprar más dulces”.
Dicho esto, de verdad no sé cómo, pero jalé una caja y la posicioné justo afuera de la bodega, me paré a lado de ella y empecé a llamar en voz alta “Manzanas, ¿Quién quiere manzanas?” .- A lo que mi madre salió tratando de ver que sucedía; Atacada de la risa se acercó y me preguntó qué y por qué estaba haciendo eso mismo, a lo que expliqué mi deducción. Doblada de risa y al mismo tiempo tal vez sorprendida me dijo, “Ok te enseño como vender tus manzanas”. Sacó unas bolsas mientras me explicaba medios kilos y kilos, finalizando con el precio que tendría que dar a cada bolsa.
Al poco tiempo las bolsas se acabaron, creo que era demasiado gracioso o tierno ver a una pequeña niña tan insistente porque quien pasara llevara sus manzanas.
Muy contenta corrí con mi madre a mostrarle cuánto dinero había ganado y cuantas bolsas de dulces iba a comprar a lo que ella respondió. (Por esto es lo del mundo “real”): Ok hija, vendiste $455 pesos en manzanas, la caja era mía me la tienes que pagar, vale $300, las bolsas de las manzanas valen $5 pesos, y la persona que te ayudó a llevar la caja es tu ayudante, se le paga por llevarte la caja afuera $50 pesos. Después de esto, tu ganancia es de $100.- pesos, estoy orgullosa de ti.
Mi mente no entendía muy bien, solo vi como de mi puñito de billetes y monedas, solo 2 quedaron para mí. Hoy en día no solo lo entiendo, sino que me sigue pasando igual (O peor).
Vueltas que da la vida:
Mi familia creo que nunca fue considerada como “De dinero” sin embargo nunca nos faltó nada y agradecida con el universo puedo decir que mis padres trataron de darnos todo y lo mejor posible. Los negocios que tenían eran prósperos y eran más que suficientes para mis padres, 4 hermanas, 2 perros, 2 gatos, conejos, peces y hasta gallinas que por qué no, tuve como mascotas en mi infancia. (Siempre fui amante de los animales y pues casualmente llegaba a casa con un espécimen diferente cada que podía).
La palabra liderazgo llegó a mi vida también en una forma bastante especial, (cabe resaltar que para mí esta palabra significa de alguna manera confianza, la seguridad de seguir a alguien sabiendo que conoce el camino, que sabe a dónde se dirige). Hay varias anécdotas que podría mencionar aquí, desde la pequeña que en el kínder acomodaba a todo mundo para que los honores a la bandera salieran bien hasta aquella que convenció a sus hermanas de ir a la plaza solas (9,7 y 5 años) cruzando una avenida cuando estaba más que prohibido salir sin un adulto. (Esto último me costó como 3 chanclazos y un mes de castigo, por cierto).
Dentro de las conversaciones en nuestras reuniones familiares, tengo muy presente ciertas preguntas que nos hacían a los pequeños. Ya saben, las típicas preguntas que se hacen sobre el futuro. Solo que en mi caso era bastante gracioso pues ellos pensaban que no sabía de lo que hablaba. (La realidad es que no, pero sabía que eso era el objetivo).
-Y que quieres ser cuando seas grande, decían. Ya sabes, las respuestas variaban entre todos en esa sala, doctor, astronauta, policía etc; Y tu Ilse?.- Preguntaron mientras brincaba entre sofá y sofá. Veterinaria y un doctorado respondí. Nuevamente rieron mientras mencionaban: ¿Quieres ser veterinaria o doctora más bien? Y nuevamente respondí: “No, quiero tener un doctorado”. Ellos no entendían, pero por alguna razón en algún programa de televisión había escuchado que eso era el grado de estudio más alto y ahí es a dónde llegaría. Hoy, tal vez no fui veterinaria pero prácticamente estoy en aprobación para recibir mi mención como doctora en gestión empresarial y educativa.
Altos y Bajos:
Como todo en esta vida, se compone por momentos maravillosos que vale la pena atesorar con todas nuestras fuerzas y unos tantos otros que pegan, duelen y llegan a nuestras vidas para hacernos más fuertes y sacar lo mejor de ellos.
En mi caso o debo decir en nuestro caso, para mis hermanas y familia, nos tocó con la llegada de la crisis económica; Ojo no culpo al momento, porque también existieron malas decisiones por parte de las cabezas en mi hogar, mis padres. No los culpo, insisto, siempre han dado lo mejor de ellos para nosotras.
Yo tenía aproximadamente 12 años si mal no recuerdo cuando la estabilidad financiera de mi familia empezó a deteriorarse y aun así nunca nos faltaba nada; sin embargo, esas monedas que les platiqué para comprar dulces en un inicio de esta historia ya se habían convertido en algunos billetes para las reuniones con amigas y un par de prendas de ropa que como toda mujer nos gusta comprar y fueron justo estos detalles los que tuvimos que soltar o más bien, apretar. – Mamá, voy al cine, ¿Me das dinero? Mamá, voy a comer con mis amigas ¿Me das dinero?, eran de las frases más cotidianas y de las que siempre había una respuesta positiva. Casi siempre, a veces… hasta que un día la respuesta fue no.
Ojo aquí, muy probablemente habría sido por reducir gastos o muy probablemente habría sido para controlarme (Insisto, no puedo culpar a mi madre, la realidad es que era tremenda según me cuentan). El punto es que ese día, cuando corrí emocionada hacia ella y la solicitud fue negada. Mi madre dijo una frase que no creo que se haya dado cuenta de lo que transformó en mí por dentro.

Mamá, me das dinero, voy al cine..- A lo que ella responde ¿Te mandas sola? ¿Quién te dio permiso? No, no hay dinero. No vas. Todavía puedo sentir esa sensación caliente en mi estómago, esa molestia, ese coraje. Mi mente no entendía por qué me decía eso si siempre había, si desde pequeña recordaba las transacciones. Era demasiado lógico ¿no? Si se siguen vendiendo manzanas, debe de seguir habiendo dinero.
Ese día observé con mucha atención todo lo que pasaba a mi alrededor y tristemente al fin puede ver, efectivamente ya no había más. Lo pude notar en los rostros de mis padres al hablar esa noche de las deudas cuando los espiaba en el comedor. Y fue ahí cuando me dije 2 cosas: 1.- Nunca permitas que te limiten, porque dependes de alguien más y 2.- Es hora, esfuérzate, es hora de crecer y hacerte responsable. Después de eso, creo que mi chip cambió por completo.
Tú escribes tu historia:
Tenía 14 años cuando llegué a vivir a San Luis, empecé a trabajar a esta edad en una agencia de marketing con algunas marcas de san Luis en eventos de publicidad. Lo digo orgullosa porque aquí encontré el valor del trabajo y el gusto por la responsabilidad y la organización. Conocí el valor del dinero en las buenas y en las malas y de igual manera conocí al mundo, también en gente buena y mala. Mis mejores jornadas empezaban a veces a las 4 am cuando pasaban por mí para algún evento fuera de la ciudad y terminaban en ocasiones a las 2 am con alguna activación en un antro o bar.
Mientras tanto, en casa mis padres intentaban salir a flote pero no lo lograban y yo lo veía. 16 años tenía cuando convencí a mi mamá de traer a una de mis hermanas a vivir y trabajar conmigo. 17 si mal no recuerdo cuando logré convencer a mi madre de que no habría nada más en el pueblo que crecimos para mi hermana menor ni ella.

Llegamos a los 18, esta edad me encanta. Bueno es más como una mezcla de sentimientos encontrados. Había terminado la preparatoria y tuve la oportunidad de dirigir una sede de la agencia de mkt en la que trabajaba. Aquí supe lo que significa la palabra estrés, negociando con corporativos, dirigiendo equipos de trabajo, solucionando problemas e imprevistos, aprendiendo logística, facturación y la ley de Murphy a la mala. Nada mal para una escuincla que todavía no entraba a la universidad.
Ah como tengo memorias de los benditos 18, dejen me les cuento que es aquí también donde conocí el desamor, una larga historia que no es momento de contar; Lo que sí es importante mencionar es que fue aquí cuando descubrí el amargo sentimiento de la discriminación (No sabría decirles si fue intencional o no) pero ha como duele. Duele y mucho que hasta cicatriz profunda deja cuando alguien te hace sentir que no vales, que no puedes o que simplemente no estas preparada y hay personas mejores que tú. Y esto aplica en todo, en tu pareja, en tu familia o en tu empresa.
Repito, todo en esta vida deja huella, busca que esa huella sea para bien. Y para mi así hice que fuera, esas palabras las convertí en mi motivación para siempre buscar superarme, a siempre ser agradecida más nunca conformarme.
Para mis 22 años, terminaba la universidad graduándome como Licenciada en mercadotecnia y al mismo tiempo teniendo 3 trabajos. Por las mañanas era directora de una fundación que promovía la ecología, por las tardes estudiaba mis últimas materias y por las noches era líder de servicio en un restaurante, mientras que los fines de semana seguía en los eventos con la agencia de mkt. No fue fácil, pero amaba cada lección que la vida me daba.
A mis 25 años había concluido mi maestría en administración de negocios financieros, tenía a mi cargo la fundación, un periódico digital y daba clases de inglés, administración y mercadotecnia en una universidad.
Para 2016, obtuve una beca por parte de Conacyt, incorporándome a una empresa con una perspectiva disruptiva, trabajando en la generación de proyectos para la obtención de fondos que ayudaran al desarrollo científico y tecnológico de las innovaciones alimentarias que ahí se hacían. Participamos en proyectos nacionales e internacionales, siendo el último en los Emiratos Árabes. Esto a la par de un segundo trabajo en el campo de idiomas, el cuál siempre me había fascinado.
Al finalizar el año de éste proyecto, a mis 27 años, asumí la dirección en la escuela de idiomas que se convirtió en mi pasión. Conocí, aprendí y me enamoré tanto de las lenguas y culturas que me llevaron a estudiar y en su momento hablar más de 5 idiomas adicional a mi natal español.
En 2021 decidí decir adiós a la empresa en la que estuve durante casi 6 años para incorporarme a Grupo Sarochi como directora de Operaciones, en un inicio en su eje de idiomas Univer Global Language para poco tiempo después tomar cargo de sus 6 diferentes unidades de negocio: Univer global – Idiomas/ The Hub- Coworking&storage/ Higenia-Insumos Industriales/ Gusto Culposo – Cervecera/ Gusto Culposo – Restaurante, TGBF- Organizadora de Eventos / Meat Lovers- Modelo franquiciable boutique de cortes.
Sí es cierto, he de reconocer que me volví adicta al trabajo y como se pueden imaginar, el tiempo nunca es suficiente para sacar el día a día adelante. Que puedo decir, me encantaba y me encanta lo hago pero creo que como todo siempre es necesario plantarte fuerte en la tierra cosa que no pude hacer hasta después.
Y si, como toda adicción trae consigo consecuencias. En 2022, después de 11 años de relación, por bien de ambos firmamos los papeles de divorcio. Les podría decir mil cosas sobre el costo del éxito y demás pero estaría mintiendo, es el costo de no equilibrar nuestras vidas.
Hoy, siendo 8 de marzo, con casi 34 años. 1 carrera, 1 maestría, 1 doctorado, 5 idiomas, 7 empresas a cargo, 2 padres, 4 hermanas, 1 divorcio les puedo decir que estoy más que orgullosa y satisfecha de lo que esta vida ha puesto en mi camino.
Y me encantaría que hoy te grabes esto, no solo en la mente si no en el corazón. No hay recetas, no hay una fórmula. Todo se vale, todo tiene un peso en esta vida. Vívela, equivócate cuantas veces sean necesarias, pero nunca te rindas. Eres más fuerte de lo que te imaginas.
Recuerda que cada día cuenta, que tus decisiones valen, que los errores suman y las victorias se comparten.
“Behind every great woman, there is a story that made her a warrior”:
Ilse Álvarez Portales


