Crisis migratoria, emergencia humanitaria

pedro-olvera-retruecano
Desde hace años el problema de la migración se ve de soslayo por parte de autoridades y ciudadanos en su mayoría, pero en los último tiempos el asunto ha pasado de ser un problema a una verdadera crisis que sin exagerar podemos calificar como crisis humanitaria.

Así la han llamado incluso las propias autoridades del Instituto Nacional de Migración pues revisando la hemeroteca digital de mi lap y sin teclear mucho ni navegar demasiado destacan declaraciones realizadas por el Comisionado de ése Instituto Nacional realizadas a principios de mayo de 2016, cuando todavía se encontraba muy lejos de conocerse la definición de quién se haría cargo de pilotear a la potencia más dominante en el mundo actual; más lejos aún se encontraba la posibilidad de conocer el dramático giro que habría de tener la política migratoria de los Estados Unidos y el gravísimo efecto para los países que aportan aspirantes a integrarse a la economía Norteamérica… suspirantes al sueño americano. Ahí cuente usted a toda América Latina con énfasis en Centroamérica y especialmente México y no olvide a sirios, hindúes, chinos, africanos, ucranianos, checos y muchos etcéteras más.

Ninguno desconocemos que la economía estadounidense está fundada y cimentada en gran parte con los migrantes que han accedido a esa tierra; y no hablamos sólo de mano de obra barata y además leal y noble hasta el sacrificio, sino que hasta la propia industria digital y cibernética descansa en el migrante, como son los creativos, investigadores, realizadores y lo más asombroso como fundadores e inversionistas pues se calcula que en Silicon Valley el 71% de las empresas ahí asentadas son el mayor parque digital del mundo, el cual abarca una gran bahía, una extensa comarca, que se traduce en más de mil millones de dólares por decirlo conservadoramente.

La crisis y la emergencia de la que hablaba hace ya casi un año el Comisionado del Instituto Nacional de Migración tenía registrados números más que preocupantes: en 2015 la administración de Barack Obama deportó al país 205 mil 884 connacionales y México regresó a 202 mil 257 extranjeros a sus países, esto de acuerdo a declaraciones del Comisionado del INM vertidas al periódico El Universal.

En el mismo medio informativo se consigna que el cálculo conservador de ese Instituto es que para 2016 cuando menos la misma cantidad de extranjeros sean presentados ante la autoridad migratoria mexicana donde los niños, niñas y adolescentes son el grupo más vulnerable pues 37 mil 398 menores de edad se presentaron ante el Instituto y de ellos 18 mil 772 viajaban solos.

Como podemos observar la crisis migratoria humanitaria no tiene sólo una cara, pues además del gran flujo de mexicanos que regresan a nuestro país en peores condiciones de las que tenían al emigrar, estamos recibiendo una cantidad cuando menos igual de centroamericanos y sudamericanos que huyen prácticamente deslumbrados por el sueño americano.

Así calcule Usted a su propio arbitrio las cantidades de seres humanos urgidos de trabajar que el presidente maloso gringo terminará echando legal o ilegalmente de regreso a nuestro país y donde caigan, pues ni siquiera se están respetando los sitios convenidos ni el protocolo de la repatriación o deportación; tampoco descarte que las deportaciones de centroamericanos se limiten a regresarlos solamente a México para que aquí nos hagamos bolas.

Ahora si el presidente “bueno” que era Barack Obama expulsó un cuarto de millón de almas por año, ¿Cuántos nos irá a regresar el que deberás nos trae ganas y cuantos centroamericanos más habrán de quedarse como ya sucede actualmente a la mitad del sueño, es decir en México lindo y querido?

Esta crisis humanitaria no es un asunto que tenga que ver exclusivamente con México. Se trata de un problema que debe y sólo puede resolverse en corresponsabilidad y con los compromisos efectivos de todos los estados nación involucrados, o sea expulsores y receptores que en el caso nuestro tenemos el doble carácter y la peor desembocadura política.

Por otro lado, si los americanos o mejor dicho norteamericanos creen, como su ignorante presidente que su economía habrá de fortalecerse al contar con muchas plazas laborales a disposición de los desempleados gringos, deberían evaluar que el norteamericano no aceptará plazas como las que ocupan los latinos aseadores, partidores, campesinos, leñadores, empacadores, sirvientas, niñeras, lavatrastres, meseros, carpinteros, piscadores, albañiles, limpiavidrios; salvo que la paga sea cuando menos del doble, también deberían considerar que los patrones que se apoyan en esas manos dispuestas y baratas no están dispuestos a pagar más cantidades pues ya sean creados parámetros económico para fijar el precio de esas horas hombre y que ese factor es el que permite desarrollar sus negocios.

El impacto económico para los EEUU no será menor al que reciba la economía mexicana ni la de otros países involucrados; es más el impacto será como resulta obvio también de carácter global. Como diría el filósofo de Peñalandia, no maten a la gallina de los huevos de oro.

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