Esperanza o adivinanza

Gitanas y adivinadoras que con una mano leen el futuro ajeno y con la otra se proporcionan una mejora para el propio. Siempre me encantó la buenaventura de De la Tour, a pesar de que pueda achacársele un cierto tono misógino (si es que se pretende: el mocito indefenso rodeado por una tropa de mujeres en la que ninguna desea su bien por uno u otro motivo).

La composición de estos cuadros basa su equilibrio compositivo en los juegos de manos y miradas y un estudio de personajes característicos cuasi arquetípicos que lo convierten en un género por si mismo, genero que podría considerarse, más que un “apres nature” del que solo conserva la coartada costumbrista, otro tipo de naturaleza muerta: bodegones de personas.

Esperanza e ilusión vs espera y desengaño. Esperanza e ilusión se entienden como las versiones elevadas, “espiritualmente” hablando, de espera y desengaño. Sin embargo, la esperanza no se basa en una proyección de futuro desde las posibilidades reales sino en una fe de futuro, es decir, en el deseo de cumplimiento de una imagen concreta de futuro. Un ejemplo claro de esperanza, y de la capacidad de resiliencia que asiste a quien vive inmerso en ella, es el moralizante cuento de la lechera. Con la ilusión lo tenemos mas fácil: en latín quiere decir “engaño” y de ahí que exista un “desengaño” que oponerle. Al contrario, la espera sería una proyección racional a futuro de las posibilidades y la desilusión la victoria de la verdad sobre la mentira. Aun así, consideramos la esperanza y la ilusión como valores positivos y sus opuestos como negativos. Esto solo puede indicar que, o bien el ser humano desea vivir inmerso en la mentira o que la alegría está ausente de su vivir diario, y no se cual de ambas estampas se dibuja mas terrible.

De la misma manera, en la lucha del ser humano por superar la incertidumbre, el orden se considera un valor positivo y elevado y el caos uno negativo y rastrero, cuando el orden se basa en la profesión dogmática de una fe (y nada puede ser mas incierto que lo inmaterial y fantasioso) y el caos en lo concreto (aunque desconocido). En definitiva, llamamos certeza a la mentira que nos resulta más conveniente y caos a la realidad que no nos satisface.

Quizá una frase de este tipo, que describiera la necesidad de autoengaño (más allá de la capacidad de mentirse a uno mismo) habría sido lo bastante definitoria de la especie humana para ser grabada en los discos de las sondas Voyager…pero, como no podía ser de otra manera, los humanos se engañaron nuevamente mostrándose perfectos.

Tw: @espino_joss

JOSS ESPINO / Tu voz, mi voz / Ciudad de México / Enero 20 de 2022.