En Celaya, dan el último adiós a Samantha Jocelyn, asesinada en SLP

Patricia-madre-de-Samantha-JocelynFoto Captura de pantalla / de AM Celaya.
Gamaliel pudo quedar libre, dice la mamá de la joven estudiante de medicina de la UASLP que murió y que tipificaron como feminicidio y cuando los detuvieron, “estaban muy tranquilos cubriendo su guardia; pero, si él estudió para preservar las vidas, ¿por qué en ese momento no quiso ayudarla? ¿Por qué se fue y en la mañana se presenta tranquilo al hospital? Cuestionó y aseguró que hasta la fecha las autoridades académicas no se han puesto en contacto con ellos.“Lo que me comentaron, que lo que hizo la Universidad fue darlos de baja, expulsarlos a los dos, fueran o no culpables” declaró la madre al Periódico AM y este es el trabajo muy completo.
Para evitar más feminicidios como el de Samantha Jocelyn, su madre Patricia pide educar a los hijos, concientizarlos sobre el valor de la mujer y el amor a sus semejantes.
“A nuestras hijas no las podemos tener en una burbuja, en algún momento tienen que salir a estudiar, a trabajar… Concienticen a sus hijos sobre el valor de la mujer, sobre el amor a sus semejantes”, es el mensaje que, de madre a madre, da Patricia Rojas, tras el feminicidio de Samantha Jocelyn, ocurrido en San Luis Potosí.
El pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, en la capital potosina la muerte de una joven ocurrida un día antes en los edificios habitados mayormente por alumnos de la Universidad, levantó indignación.
Se trataba de Samantha Jocelyn, una joven celayense que estudiaba el tercer año en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Según las primeras noticias, cayó por un tragaluz, de lo alto de un edificio, el extraño accidente levantó sospechas y tras investigaciones dos alumnos fueron detenidos, uno de ellos -su presunto asesino- al parecer la agredió por celos.
“Su ilusión más grande era ser cardióloga”, dice su mamá, quien recuerda que desde niña demostró disciplina por el estudio, lo que la llevó a tener menciones honoríficas en primaria, secundaria y preparatoria, lo que más tarde le valió su pase directo para estudiar medicina en León, pero su aspiración era ir a San Luis Potosí o al Politécnico.
“Yo le dije que el D.F., no me gustaba para que ella se fuera a vivir sola, se me hacía más peligrosa la ciudad, más grande; opta por San Luis, hizo ahí el examen y se quedó a la primera”.
Samantha iba muy bien en su carrera y hasta sacrificaba el no venir a verlos los fines de semana por la carga de estudio, y sobre todo porque ya tenía que hacer guardias en el hospital.
Ahí conoció a Gamaliel Ferrer y Eleazar de Jesús, alumnos residentes de medicina. Uno señalado como su presunto asesino y el otro por encubrir el hecho.
“No había una relación con ellos muy estrecha. Todo nos contaba, incluso como si estuviera aquí. Ese día nos dijo que iba a salir, ¿y con quién? Le preguntamos. Los conocíamos por nombres, le dijimos: cuídate, y como era cerca en la zona universitaria, nos quedamos tranquilos porque sabíamos con quién iba”.
La mujer recordó que Samantha le había platicado que otro residente que no está involucrado y que cada ocho días venía a Guanajuato, se ofreció echarle un ‘aventón’.
“A los pocos días me dice Samantha: qué mala onda, ¿por qué son las personas así? Este chico me preguntó si para el puente de febrero iba a venir y le dije que no, porque tenía guardia, y me dice: ah, pues en otra ocasión me gustaría invitarte al cine; a ella no le gustaba que se acercaran con otras intenciones”, contó Patricia.
El último mensaje fue para su novio
Patricia Rojas relató que Samantha tenía novio de Celaya, pero que estudia en México.
“Fue con la persona que tuvo contacto por última vez, ella le dijo: ya me voy de la fiesta, tengo sueñito, ya me quiero ir a descansar; me comenta él que incluso ella se metió a un baño a hablar por el ruido, fue lo último que hubo de contacto.
“Él estaba al tanto de sus amistades, fue uno de los primeros a los que le avisaron, él me dijo: vea eso señora porque eso no fue un accidente, yo conozco a Sam y eso no fue un accidente; que fue como se manejó en un principio”.
Acompañada de familiares, Patricia viajó a San Luis a reconocer el cuerpo de su hija. Allá, dice, recibió apoyo de las autoridades, la Asociación de Derecho a Víctimas y Derechos Humanos. Publicaron en medios mensajes de indignación por la muerte de ella y otras mujeres.
Gamaliel pudo quedar libre.
En los días posteriores, en una entrevista con directores de la Asociación de Atención a Víctimas, Gamaliel pidió duplicidad de tiempo para preparar su defensa. Había la posibilidad de que lo dejaran libre, para la autoridad correspondiente no había un video o pruebas contundentes que demostraran su culpabilidad. Esto desmoralizó a Patricia.
“Gamaliel lo primero que dijo es que sentía atracción, pero que veía que ella estaba conversando con otro, con Eleazar; la sacó del departamento, la tomó por los hombros y la sacudió, que ella se fue para atrás y se cayó.
“Él cambió su declaración más de una vez, al final dijo que él no había sido, que no vio nada. Pero mi hija presentaba huellas de violencia en tobillos y muñecas. Cayó de 11 metros, cayó al piso, aún con su bolsa al hombro. También se manejó que a ella la mataron antes de tirarla, pienso que todas esas pruebas le sirvieron al juez para haber declarado el día lunes como feminicidio”.
Tras el asesinato, según supo Patricia, a los dos implicados los detuvieron en el hospital.
“Estaban muy tranquilos cubriendo su guardia; si fue como dijo al principio que fue un accidente, yo hablo a pedir ayuda; si él estudió para preservar las vidas, ¿por qué en ese momento no quiso ayudarla?, ¿por qué se fue y en la mañana se presenta tranquilo al hospital?
“La Universidad debería hacerles exámenes psicológicos a sus alumnos, sobre todo antes de entregarles un título, él no lo tenía pero estaba en el último año”.
Hasta la fecha, comenta, las autoridades académicas no se han puesto en contacto con ellos.
“Lo que me comentaron, que lo que hizo la Universidad fue darlos de baja, expulsarlos a los dos, fueran o no culpables”.
La despiden con amor
Sus compañeros de generación viajaron a Celaya para acompañarla en su sepelio. En la misa el templo de Carmen, uno de los más grandes de Celaya, se llenó, había familiares, amigos y hasta maestros, así como ex compañeros de las escuelas donde ella estuvo, muestra del cariño que sembró en su paso por la tierra. El cariño que dejó fue la base de la homilía del padre que ofició la misa.
“Las mamás de las compañeras de mi hija que se acercan a mí me han apoyado, me han confortado y yo les digo: no puedo decirles cuiden a sus hijas porque yo cuidé a mi hija, yo quiero decirles mejor a todas las madres, cuiden a sus hijos, eduquen a sus hijos, humanicen y concienticen a sus hijos porque si este chico fue culpable, también sus padres.

Samantha-Jocelyn-y-amigos
La entrevista se publicó en:
https://www.facebook.com/periodicoamcelaya/