La Izquierda Tradicional

Por  Raúl Rodríguez Rueda/ Homo Políticus/ San Luis Potosí, S.L.P.
Miércoles 10, octubre 2012.- Los simpatizantes de la izquierda tradicional siempre con buenas intensiones y siempre esperando la mínima provocación para, por medio de piedras y palos, hacer una “La revolución”; el anhelo preestablecido del ideólogo de izquierda promedio, la promesa nunca cumplida y nunca conquistada. El izquierdista tradicional es un ente siempre con el filo de la espadas desenvainada en la punta de la lengua y el rifle calado para en cada mínima ocasión dispararlo en cualquier dirección, la izquierda tradicional es sólo reaccionaria, torpe y sin la mínima idea de lo que realmente se necesita. 
Personas de buen corazón en su mayoría, que proclaman una sociedad más justa para aquellos a quienes llaman hermanos, pero que como Caín, al menor estímulo de la avaricia y poder son capaces de matarlos a todos, a todos sus supuestos hermanos que desconocen, maldicen y matan a sangre fría como cualquier animal de esta naturaleza; sin raciocinio, sin ninguna piedad ni discreción, son capaces de pisar insultar y escupir a cualquiera que se interponga en su vacío camino para acceder a un poco, a un limosna de poder, su necesidad no solo es deprimente, su enajenación es asquerosa y su desnudez deja ver su pobreza intelectual y ética, que no es otra cosa que la arquitectura a escala de la sociedad en general, sumida en la humillación y la pobreza del sistema caduco que aun sostenemos en nuestros hombros la gran mayoría.
Por ello, hoy más que nunca necesitamos una izquierda en el gobierno, pero no cualquier izquierda, sino una izquierda intelectual, de principios y con ética; una izquierda Nietzscheana al puro estilo de Michel Onfray.
Foucault ha hablado ya de las estructuras de las instituciones que reprimen la genealogía de las personas, a través de mecanismos subversivos basados en “la fuerza y el castigo”, para tener sujetos dóciles y funcionales que no estorben al “progresos de la sociedad”. Prisiones metafísicas bajo la tutela de un platonismo al servicio de los poderes del dinero y del sistema capitalista: el mayor de los males de nuestra actualidad para la mayoría de los individuos y que, a pesar de ello, dichos individuos defienden, consumen, replican y no critican, este sistema que los exprime día a día, mínimo 8 horas, 5 ó 6 días a las semana 4 semanas al mes, y por lo menos 11 meses del año, horas de extenuantes trabajo, que no dan tiempo para otra cosa más que para pensar en trabajo, desayunar apresurados para no llegar tarde, trabajar y llegar a casa agotado sin ganas, sin vida, sin la mínima oportunidad de disfrutar lo poco disfrutable en estas paupérrimas condiciones, un sistema que los jode, los explota, los condena como esclavos a su servicio y al final los olvida y los defeca, con miserables pensiones, en el mejor de los casos, ya que la gran mayoría no puede acceder a esta ayuda, ya sin fuerzas, desvalido el trabajador promedio sin empleo, exprimido se enfrenta a enfermedades y a una sociedad que lo rechaza por su debilidad, por su condición. El sistema capitalista también tiene a sus hijos predilectos, unos pocos que son los que se benefician del trabajo y la explotación de los primeros, sin mayor distinción que haber nacido en el lugar correcto en el momento correcto. Lejos han quedado los tiempos medievales en donde no había otra cosa que repetir la vida del padre y no poder aspirar a más que eso y del otro lado a no gozar menos que eso por linaje, pero ¿Cuán lejos han quedado en nuestro supuesto sistema democrático y de igualdad?
La crítica a la izquierda tradicional con esquemas sosos, sin profundidad ni sustento que aspiran a “dar algo a los pobres” solo recuerda a las señoras, de buenas intensiones, de las beneficencias que recaudan fondos para alguna buena causa, pero que están muy lejos de poder solucionar algún problema real. Dichos actores de la izquierda festejan haber, como dicen ellos, bajado algún presupuesto para los más necesitados y esto los hace merecedores de todo reconocimiento, “el gran líder que ha apoyado a los pobres”, el gran político que hace posible que no mueran de hambre hasta el día siguiente, un puñado de suertudos y que, claro, dicho político tiene que hurtar una parte, su “comisión bien merecida”, por su arduo trabajo. De este modo se va haciendo de renombre, de recursos y de aduladores que hacen que su ego se infle, diría Nietzsche, “como un odre con el mínimo soplo de conocimiento”; una rana que se infla y se infla por su mero orgullo y que al mismo tiempo que sube su ego baja su lucidez, siendo blanco fácil para la estulticia de la que se vuelve fiel siervo con su bandera de estupidez y cerrazón.
De esta manera los políticos de izquierda, derecha y en especial los de centro, por su falta de convicción ideológica, se funden en las mismas prácticas despreciables y sin ninguna ética de la cual solo conocen el nombre, de igual manera los colores se mezclan, se apestan unos a otros y mientras más fétido es el olor más contentos se embarran unos a otros en un circulo de aguas negras en el que la ideología es solo un discurso emotivo y sin mayor contenido. Claro que hay sus excepciones, pero solo unas pocas que lo único que hacen es “confirmar la regla”. Los flamantes legisladores, líderes y presidentes están cortados de la misma tijera y los que llegan de otro modo pasan por ella. Así las cámaras, lo partidos y, no se diga, los sindicatos, son lugares lúgubres, vacíos de intelecto y llenos de avaricia, llenos de altares al poder al cual todos rinden homenaje y en donde la convicción ideológica no es más que un requisito que hay que llenar para acceder a ese poder y al dinero que otorga el sistema partidista que los enriquece insultantemente de la noche a la mañana, y deja ver su servilismo al “Leviatán” del que ya hablado Michel Onfray.
No se puede poner mejor termino que “El hueso” para nombrar los puestos que se distribuyen los buitres de la política, en donde la mayoría como perros hambrientos,  encerrados e irracionales no les importa morder, atacar o despedazar con tal de ruñir aunque sea un poco de ese hueso, de esas sobras del banquete real que disfrutan unos cuantos y que de vez en vez alguno escupe de su asquerosa boca para alimentar a la mayoría hambrienta que no despierta, que no exige, ni critica, que no se levanta y toma lo que es suyo.

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6 Comments

  1. La izquierda tiene que cambiar y ser congruente su ideología con sus actos, y creo que en esta nota tiene razón debemos participar más los ciudadanos de a pié.

  2. Sólo una observación, «intensiones» en las primeras palabras me parece es sobre la voluntad de hacer algo, entonces es «intenciones»; a menos que fuera de «tensión» , que no creo sea el caso.

  3. El interés por la política se debe entender como un deber ciudadano; ¿cómo puede alguien jugar algo sin conocer las reglas cambiantes de dicho juego? es hora de que los ciudadanos tomemos nuestro deber, pero más allá de un deber, nuestro Derecho de participación en la construcción de exigir reglas más justas, que vean por los ciudadanos y no por la supuesta elite empresarial y política.

  4. Excelente columna, lamentablemente la política en nuestro país cada día empobrece en concepto ante los ojos y sentir de los ciudadanos, necesitamos volver al verdadero significado.

  5. felicidades por tu atinada reflexión; es fuerte pero es una realidad en la política no sólo nacional sino en todo el mundo. Espero pronto poder leer otro artículo.

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