Del Dedo de Oro al Moro de Cumpas

ADRIANA OCHOA  / La Cábala / Adriana Ochoa / San Luis Potosí, S.L.P.

Cuatro van por la gubernatura y detrás de ellos batallones de aspirantes a diputaciones locales curules federales, alcaldías, regidurías y sindicaturas. Salidos de distintos procesos, accidentados unos y endogámicos otros, las formas como se han definido estas candidaturas tendrán efectos en las urnas.

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Un masivo fast track en instalaciones de la Fenapo le dio a Juan Manuel Carreras López la pátina formal de base democrática establecida en su partido. Pretendían unos 400 camiones “de gente”; alcanzaron 215, en cuentas de entretelones.  Pero se vio tupido, aunque no todos eran “delegados”.

Organizaciones precaristas fueron requeridas unos días antes y llevaron colonos de asentamientos irregulares de la zona norte a quienes atrajeron con la promesa de un tinaco, por lo visto más fácil de cumplir que la de llevarles la red de agua. Los líderes les pidieron la credencial y que se anotaran en unas listas. Para el lunes siguiente al evento, les retiraron la promesa del tinaco. Hubo  quejas: “Pero si ni una botellita de agua nos dieron ahí”.

Al galvanizado democrático veloz en el PRI, le siguió la unción de los aliados, el Verde y el Panal. Juan Manuel Carreras López es el candidato de tres fuerzas; es el Güero tricolor, verde y turquesa.

El staff no ayudaba mucho. Presentes en la convención de la Fenapo vieron al candidato reclamar a su equipo porque retiraban a la gente que se le acercaba a la “selfie” de rigor. Vaya con sus colaboradores: tienen más mentalidad de guarros que de promotores.

Según documentó Reforma con una foto, Carreras y el candidato a gobernador de Colima, Ignacio Peralta, se presentaron en la semana ante la bancada tricolor en el Senado “a pasar la charola”.

En lo político, ahí va, haciendo amarres, en el perfil imperceptible de quien carga una pesada etiqueta de lanzamiento, la del hoy no muy popular torancismo, y sobre la que ni por asomo conviene levantar polvo. Hace campaña con la sombra del saliente encima.

En el PAN, el hombre que se presentó a los panistas como el único precandidato capaz de ganar la gubernatura, no pudo ganar la interna de su partido no obstante haber conseguido a su favor la alineación pública del senador Octavio Pedroza, el ex gobernador Marcelo de los Santos y el candidato a la alcaldía capitalina Xavier Azuara. Perdió Zapata y con él perdieron políticamente sus tres apoyos.

Sin aliados de prosapia blanquiazul, ni simpatías del líder nacional Gustavo Madero, la senadora Sonia Mendoza le ganó a Zapata;  éste impugna el proceso con la esperanza de hacerlo invalidar y que el CEN designe, y que lo designe a él, como le hubiera gustado que ocurriera desde el principio.

Marcelo apoyará a la candidata ganadora; de Octavio no se espera que lo haga. Hasta el final alineó con Zapata y más por conseguirle apoyos a Ángeles Rodríguez, su precandidata para el quinto distrito federal, que por coincidencia de proyectos o simpatías. Demasiado técnica, dedicada por años a la operación electoral y poco dada a granjearse simpatías, Ángeles la vio cerca ante una jovencísima Nayeli Maya que le cerró la batalla a una diferencia de votos impensada.

Xavier Azuara tiene un proyecto a la alcaldía capitalina que no está para echar distancias con quien abandere su partido a la gubernatura. Al interior del PAN incluso creen que ganó perdiendo con Zapata, pues como figura “remolcador” en la batalla electoral por la capital habría tenido que tirar como bestia de las campañas de Zapata para gobernador y de Marianito Niño, candidato al séptimo distrito local, los dos con fama de afección al retozo.

Sin contribuciones legislativas destacadas, Sonia tiene sólo su exitoso historial electoral. No pierde y nadie le ha regalado nada, pero extrañamente se le regatean los méritos. Para los núcleos más conservadores de la sociedad potosina, y también para los más arribistas, “le falta empaque”, pero alguna conexión afortunada debe tener con el votante de a pie que capitaliza en las urnas. Enfoque le sobra, el mismo que aplicó para ganarle a Zapata: a diferencia de los santos varones de su partido, no se perdió en prejuicios, malos modos ni reproches. El miriñaque se los deja a otros, porque  hay que arremangarlo para caminar de subida.

De nuevo Zapata favorito acaba como “El Moro” de Cumpas: salió disparado pero a la mitad del trayecto, el zaino lo alcanzó, lo rebasó y le ganó.

En unos meses se sabrá si los panistas sobrevaloran la democracia interna por encima de los resultados electorales, el mal endogámico de su partido en algunas ocasiones. O el tiempo les da la razón.

¿DE PARTE DE QUIÉN?

Pulsando un desánimo extraño en el día del destape del precandidato único a gobernador, César Camacho Quiroz, presidente del CEN del PRI, saludó con una pregunta al auditorio priista desde el templete: “¿Están tristes o qué?”.

Nos explica un priista de niveles directivos: “Es que ese día sólo dos de los once aspirantes podían haber llenado el auditorio y hacer un jolgorio si resultaban candidatos: Calolo y Mario García”.

Los colaboradores del alcalde capitalino, en caso de resultar elegido, pueden movilizar liderazgos de las colonias populares, comerciantes informales y juntas de mejoras.

Y el ex dirigente estatal del PRI Fernando Pérez Espinosa, no dejó de trabajar con las estructuras hasta unos días antes de que se definiera al designado. Municipio por municipio, conocía las directivas y a los líderes de sectores y movimientos. Los iba a ver; socializaba con ellos. “Calolo” confió en que la elección se definiría con base en el apoyo de la estructura tricolor hasta el tuétano.

La designación de Carreras lo sacó de su error. Un señor que apoyó públicamente a un candidato presidencial panista, trabajó con un gobierno panista y no sufrió la fría banca de muchos priistas, fue demasiado para el empresario del ramo de materiales eléctricos. Fue un shock. El PRD ha ido por él para que encabece la lucha electoral vestido de amarillo y negro.

Fernando Pérez Espinosa irá por la gubernatura bajo las siglas del Partido de la Revolución Democrática. De inmediato vinieron los reproches. Más de uno uso el término “traición”.

Sí, cuando le fue de utilidad el gobernador Toranzo lo hizo presidente del PRI para que sacara las cosas adelante en la elección de 2012, y los buenos  resultados de inmediato sirvieron para adornar al propio gobernador. En nombre de Toranzo, bloqueó candidaturas, se travesó a los indeseados y sacó a los apadrinados del gobernador.

No obstante los resultados de la elección de 2012, Fernando Toranzo no lo quiso como jefe de bancada del PRI en el Congreso y le antepuso a Rosa Huerta, ésta sin esfuerzo alguno.

Como segundón, Pérez Espinosa aprobó cuanta ocurrencia envió el ejecutivo: aumento de tarifa a camiones, aumento en impuesto a la nómina, crédito para BMW, magistrados del Supremo Tribunal, comisionados de CEGAIP y de los tribunales electorales. Se disciplinó hasta donde exigió el gobernador.

Bastó que un amigo suyo, el empresario Félix Bocard, expresara sus deseos de que “El Calolo” alcanzara la candidatura a gobernador por el PRI, sólo una opinión personal, para que un encolerizado gobernador Toranzo lo hiciera salir del PRI de una forma humillante. Con todo y eso, el diputado y empresario siguió en sintonía con los proyectos del Ejecutivo sin chistar.

La designación de candidato de unidad no lo favoreció. Se supone que conocía las reglas de ese juego de designación y aceptó jugarlas. Siempre que se le preguntaba, hacía a un lado las versiones insistentes del veto del gobernador, que lo incluía a él. La designación favoreció a un candidato que no emociona a la gente, aséptico y políticamente correcto como el manual de un triciclo. Le ganó un priista cuyo rasgo más notable es su paso al servicio de un proyecto y de un gobierno panista.

“Calolo” se convierte en el tercer ex priista candidato a gobernador del PRD. Del partido del Sol Azteca no cabía esperar otra cosa en la elección potosina para gubernatura: lo suyo es postular ex priistas.

Pérez Espinosa deserta de su partido. Es obvio que no se disciplinó, no en esta ocasión y después de muchas en que sí lo hizo, penosamente por causas mucho menos presentables. En cuanto al término “traición”, habrá que ver la estatura moral, seguramente muy elevada, de quien lo aplica.

Todavía no empieza campaña y “Calolo” ya le puso sabor a un caldo electoral que pinta gris, insípido y sin sustancia.

COMO SEA, ÉL SERÁ

Disciplinados pero no mudos, priistas dicen que si Eugenio Govea Arcos era candidato del PRD, el principal perjudicado iba a ser el PAN a la hora de diferenciar su oferta, pues “la competencia sería entre una panista, un ex panista y con un panista de clóset”.

Ya sin sorna, una postulación de Govea se preveía como de impacto negativo para el PAN, a donde se esperaba que el ex panista iría a buscar clientela.

A Govea se le atravesó en el camino al PRD Fernando Pérez Espinosa, una ruta  que tenía libre tras la aprehensión del ex alcalde de Soledad Ricardo Gallardo Carmona. Govea no acaba de cuadrar con el gallardismo, mayoritario en el PRD.

De cualquier forma será candidato de izquierda, con el registro de Movimiento Ciudadano. No irá muy lejos. El partido da mucho menos que el PRD y Conciencia juntos. La meta será sacar lo del registro estatal de su partido y votos para llevar a la curul pluri local a su cónyuge, Claudia Corichi.

Metas más cortas, diminutas. No se la esperaba Govea. Y no la va a tener fácil.

Del dedo de oro al Moro de Cumpas

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