Las Encuestas y los Mitos sobre su Metodología

I- LAS ENCUESTAS Y LOS MITOS SOBRE SU METODOLOGÍA

Por Roy Campos/ Artículo/ El Economista/ Cd. México.

Decidí incluir la palabra mito en el título, dado que no se trata de explicar “cómo se hacen”, sino de aclarar, a quienes objetan permanentemente las encuestas como un método incorrecto, parcial o sesgado, por el hecho de no compartir sus criterios, puede ser el más árido de los nueve artículos que diseñé para este propósito, preferí comenzar con los temas más controversiales, pero para hablar de los puntos metodológicos, lo hago a través del mecanismo que he seguido en los textos anteriores, con frases cortas, que pueden ser hasta sarcásticas, con la única intención que la idea quede clara.

1.- No existe “el mejor” método para hacer una encuesta, nadie tiene “la metodología” lista para aplicarse en cualquier tiempo y lugar, depende de la población y el fenómeno a medir, de las preguntas a aplicar, de la rapidez con la que se requieren los resultados, de la cobertura y precisión, y de muchas otras variables; para ello, los profesionales de las encuestas deben buscar la mejor alternativa en cada estudio, así que quien venda recetas mágicas está vendiendo eso, magia.

2.- Existe la creencia de que las encuestas de opinión se levantan “sólo en áreas rurales” o que “son telefónicas” y eso es totalmente falso, aún no logro identificar la fuente de esos errores, pero debe entenderse que las buenas encuestas, las que quieren medir a todos, deben garantizar que el marco poblacional de donde se toma la muestra incluya a TODOS y eso sólo lo hace una encuesta en viviendas que utilice un marco de muestreo exhaustivo y excluyente (secciones electorales por ejemplo). Para que la opinión de TODOS esté incluida en el estudio no se les debe preguntar a todos, simplemente se les debe dar la oportunidad de estar en la muestra.

3.- ¿Las encuestas telefónicas entonces no sirven? Claro que sí sirven, pero no miden a toda la población, son dos cosas distintas. Si las encuestas telefónicas están bien hechas, se le da continuidad al método y se observa la serie, seguramente podremos ver muy bien la evolución de la forma de pensar y opinar de una parte de la población, pero no olvidemos que son sólo una parte de la población, no es que la encuesta esté sesgada o mal hecha, únicamente se mide a la parte más informada y que en promedio tienen mayor acceso a servicios.

4.- Una encuesta de preferencias electorales sirve para conocer lo que todos los ciudadanos piensan de los candidatos y partidos; una encuesta de salida sirve para determinar quiénes de los candidatos gana la contienda. Como bien se observa los objetivos son distintos, sólo una de ellas hace declaración de ganador, por ellos es que la forma en que se dan a conocer los resultados de cada método es distinto, en una encuesta preelectoral jamás aparece un too close to call, que es común en una encuesta de salida cuando no se tiene certeza de quien gana.

5.- Quien no entiende mucho de estadística comúnmente cuestiona el tamaño de muestra y alega que es una muy pequeña parte de la población; de eso se trata el trabajo de un estadístico, de optimizar los métodos para que con poca muestra se pueda inferir el total, dentro de las variables que importan para determinar a cuantos entrevistar tal vez la de menos importancia es el tamaño de la población, importa más la variable a medir, la dispersión de esa variable en la población, la precisión que se desea y otras, pero pensar que el número total de ciudadanos es el que determina la cantidad a encuestar es como pensar que el tamaño del plato de sopa es el que nos determina el tamaño de la cuchara.

6.- Cuando una encuesta afirma “3% de error y 95% de confianza” nos está diciendo que de cada 20 veces que se aplique ese método en las mismas condiciones, 19 veces su error de medición será menos a tres puntos y una vez su error mayor a tres puntos (nunca nos dice que el error es de 3%), el problema es que la encuesta es sólo una y no se sabe nunca si fue de las 19 “cercanas” o de la única “lejana”, ésa es una de las paradojas del muestreo.

7.- No se debe confundir “preguntar” con “encuestar”, es muy común decir “hice una encuesta en mis conocidos” o “les pido responder esta encuesta”; el hacer preguntas es una ocurrencia, el hacer encuestas implica un método, pero como he afirmado en otros textos, para quien quiere creer en un resultado lo que menos le importa es esa diferencia.

Con este texto termino una serie de nueve artículos semanales, que al leerse en su totalidad dan cuenta de mi forma de ver los ejercicios demoscópicos después de casi 30 años de trabajarlos y de tratar con políticos, periodistas, académicos y críticos de toda índole, desde los que aportan con un debate conceptual y metodológico hasta los que destruyen sólo porque no les gusta que exista lo que no pueden controlar o por otras razones. La serie completa la pueden consultar en el portal de El Economista y seguramente quedan muchos puntos por abordar, el debate enriquece las ideas.

H- LA CREDIBILIDAD DE LAS ENCUESTAS

Artículo de Roy Campos publicado en El Economista

Este tema ni es nuevo ni es exclusivo de un país; no surge después de una elección, sino que es recurrente antes, durante y después del resultado electoral y tiene que ver con la pasión y mucho de lo que aquí he publicado en las pasadas siete semanas al destacar el uso propagandístico, estratégico y hasta de oráculo que le quieren asignar los aplaudidores y críticos; parece un mundo de locos lleno de contradicciones en la forma de juzgarlas pero no es así, son reacciones lógicas a un instrumento que poco se entiende por estar inmerso en un campo que apasiona, la política, y en momentos de alta polarización, las elecciones.

Siguiendo con la idea de plasmar mi posición al respecto a través de pequeñas aseveraciones, me permito esta octava entrega semanal sobre los temas alrededor de las encuestas de opinión pública. Al leerlas seguramente surgirán comentarios sobre el uso que le dan los políticos, su interacción con los medios, el efecto de su repetición y demás, por lo que recomiendo releer los textos donde ya se han tratado esos temas, aquí sólo se expone algo de lo que he aprendido sobre los resortes por los que el ciudadano cree o deja de creer en las encuestas:

1.- Detrás de un “no creo en las encuestas” hay un “no me gusta el resultado de las encuestas”, difícilmente escucharemos decir que no cree quien sale adelante en las preferencias o quien sale bien evaluado como gobernante.

2.- Normalmente, un ciudadano cree más en las encuestas cuando la opinión mayoritaria coincide con la suya, no importa quién ni cómo haga la encuesta, la credibilidad está más ligada a las preconcepciones que a la metodología, y cuando algún estudio muestra algo que le gusta, no importa si es poco serio y sin sustento, le asigna mayor credibilidad que al resto e incluso pasa a ser su defensor.

3.- Una paradoja es que aun quienes se dicen “especiales” y “no influenciable por los medios y las encuestas” se enojan si estas últimas presentan a una mayoría que piensa diferente a ellos, al mismo tiempo se consideran minoría y quieren ser mayoría.

4.- Hay quienes creen más en lo que ven en su colonia, su escuela, su ciudad o con sus amigos que lo que reporta una encuesta nacional; le asignan a su entorno un papel de “centro del universo”; lo que perciben lo consideran más válido a pesar de saber que no hay un fundamento metodológico que lo soporte; creen saber como están las opiniones del total y esperan ver eso en cada encuesta, en caso contrario, le creen poco y a veces nada.

5.- Unos perciben lo que les rodea, otros miden las preferencias; un método es cualitativo y el otro es cuantitativo, son dos procedimientos distintos que no tienen por qué coincidir, y aunque es natural esperar que lo que percibimos en nuestro entorno se parezca a las opiniones generales, no es tan natural terminar enojados cuando esto no ocurre; no se quiere creer lo que no se quiere aceptar.

6.- Es más fácil que esté equivocado quien critica a una encuesta que la encuesta misma. Normalmente, quien le dice “sesgada” a una encuesta lo hace precisamente desde una posición totalmente sesgada, y por alguna razón considera que su credibilidad es mayor o, aun sabiendo que no es así, se dirige sólo al segmento que piensa como él.

7.- Creer en las encuestas, creer en los encuestadores y creer en quien analiza las encuestas son cosas distintas; en el primer caso son sólo números, en el segundo es la descripción fría que se hace con ellos y en la tercera es la interpretación política y social, en esta etapa es donde se presentan adivinadores que son los que después culpan a las encuestas, son ellos quienes deberían asumir su falta de rigor al querer seguir pronosticando.

8.- Pelearse con las encuestas es como pelearse con el espejo o con la báscula, no siempre nos gusta lo que vemos pero no por ello desaparece al negarlo; llamar falsas a las encuestas es sólo mandar el mensaje de que no nos aceptamos como nos ve el resto.

9.- En una campaña electoral podemos escuchar al mismo tiempo frases como “vamos a remontar y alcanzaremos a X” y “somos mayoría” y aunque sean declaraciones totalmente contradictorias, los seguidores de quien las dice toman ambas como correctas.

10.- ¿Creer en las encuestas? No son una religión, sólo miden lo que los ciudadanos responden, opinan, perciben, sienten, prefieren, pero si no se quiere creer en el resultado que arrojan, nada cambia, las encuestas no hacen “milagros”.

11.- Si una encuesta mostrara que “los ciudadanos no le creen a las encuestas”, se encontraría que esos mismos ciudadanos sí le creen a esa encuesta, esta contradicción le encantaría a un estudioso de la lógica, pero sólo es una muestra de que la credibilidad no está sujeta a los principios de esa disciplina.

Reitero que al hablar sólo de la credibilidad sin hablar de las causas que la generan se pierde algo de la necesaria explicación, pero esto ya fue abordado en las partes “¿El que paga gana?”, “Su relación con los políticos”, “Su relación con los medios” y “La estrategia”, por ejemplo. En el siguiente texto y cerrando la serie, hablaré de las objeciones metodológicas y la forma de entender el mecanismo para realizar un buen estudio.

G- LAS ENCUESTAS, ¿PRONOSTICAN O DIAGNOSTICAN?

Artículo de Roy Campos publicado en El Economista

Este texto es el séptimo de una serie de reflexiones semanales sobre el papel de las encuestas en gobiernos y procesos electorales; ya pasamos, entre otros temas, por su influencia, su relación con políticos, con medios y con la estrategia; la semana pasada, la publicación “F- Las encuestas y los legisladores” coincidió con una propuesta para incrementar la regulación a las encuestas en México (regulación que existe hace muchos años y se actualiza constantemente), que llega al extremo de plantear una velada limitación a las libertades de prensa y de expresión. En esta ocasión presento algunas reflexiones sobre la capacidad predictiva de los estudios demoscópicos.

Este texto es el séptimo de una serie de reflexiones semanales sobre el papel de las encuestas en gobiernos y procesos electorales; ya pasamos, entre otros temas, por su influencia, su relación con políticos, con medios y con la estrategia; la semana pasada, la publicación “F- Las encuestas y los legisladores” coincidió con una propuesta para incrementar la regulación a las encuestas en México (regulación que existe hace muchos años y se actualiza constantemente), que llega al extremo de plantear una velada limitación a las libertades de prensa y de expresión. Esta propuesta no afecta el trabajo de las encuestas y si bien tiene pocas posibilidades de prosperar, se recordará casi anecdóticamente por sus implicaciones, seguramente no deseadas (ni esperadas) por quienes la proponen, legisladores a quienes recomendamos leer el texto de la semana pasada.

En esta ocasión presento algunas reflexiones sobre la capacidad predictiva de los estudios demoscópicos.

1.- Decir que se pronostica con una encuesta es mentir, quien lo hace es un charlatán y no un encuestador, no importa si en el pasado ha tenido éxito haciendo pronósticos; aún no hay forma de adivinar el futuro y menos con un método que por definición se basa en probabilidades y que en la operación incluye opiniones que pueden cambiar entre la población.

2.- Si se levantan dos encuestas en el mismo momento, con el mismo personal, el mismo cuestionario y el mismo instrumento, la probabilidad de obtener los mismos resultados es cero; si una encuesta no puede replicar exactamente a otra idéntica, ¿cómo es que algunos esperan que pueda replicar la votación de otro momento por solamente un grupo de la población, con otro nivel de conocimiento y en condiciones distintas a las de una encuesta?

3.- Las buenas encuestas no están cerca del resultado final, eso tiene un componente azaroso (y en ocasiones requiere utilizar información exógena); las buenas encuestas son las que se hacen con un buen método y reportan el resultado como lo generan, así de simple.

4.- Cuando una encuesta se procesa ya está en el pasado, el resultado siempre es “lo que opinaron” y nunca “lo que opinarán” los ciudadanos. Ni faltando un año, ni una semana, ni así fuera un día, una encuesta adivina, su objetivo siempre será conocer la situación actual del total de los ciudadanos.

5.- Hay muchas razones para que una encuesta no pueda equipararse al resultado de una elección:

a) quienes votan no son todos los que mide una encuesta; b) tener una preferencia no es lo mismo que votar; la preferencia es una intención que requiere esfuerzos para convertirse en voto, el estímulo para convertir preferencia en voto no es el mismo para cada individuo; c) lo que los ciudadanos saben y lo que sienten hoy, seguramente no es lo mismo que sabrán y sentirán el día de la jornada; de eso se trata una campaña: de dar información y generar sentimientos, y d) las condiciones en las que se aplica una encuesta no son las mismas en la que se vota; en el primer caso la boleta se lleva a casa de los ciudadanos y se les aplica un cuestionario confidencial; en la segunda el ciudadano necesita trasladarse a una casilla, formarse y tomar su decisión.

6.- Saber con certeza quién ganará una elección y, más aun, con qué porcentajes lo hará no es materia de encuestas; quien quiera saber eso que consulte los horóscopos o a los astrólogos, porque los encuestadores miden otra cosa.

7.- En general, si una encuesta preelectoral coincide en forma precisa con el resultado de la elección, puede haber sido una buena o una mala encuesta pero tuvo un momento de “buena suerte”; las encuestas son útiles (e interesantes) para hacer diagnósticos, no pronósticos.

8.- Cuando las encuestas tienen tantos atributos, cuando nos pueden servir para hacer diagnósticos y tomar decisiones estratégicas, cuando podemos hacer la crónica de los cambios en la forma de pensar del ciudadano, cuando podemos conocernos como sociedad, cuando son tan valiosas, ¿por qué querer evaluarlas con el único atributo que no tienen? ¿Por qué pedirles que hagan pronósticos, cuando es esa la advertencia que se debe hacer cuando se presentan resultados?

9.- Analizar una serie de encuestas nos permite conocer el camino que siguen las preferencias electorales pero no nos permite ver el final, al que llegará una parte de la población encuestada. Es como ver una película de misterio: nos puede entretener la trama y no por ello tenemos la certeza de cuál será el final.

10.- Extrañamente, muchos adivinadores pretenden hacer pronósticos utilizando encuestas; cuando los pronósticos no se cumplen no asumen su culpa y desvían la atención a las encuestas, acusándolas de fallar, raramente asumen su error. ¿Cómo hacerles entender qué son las encuestas? ¿No basta leer las advertencias en cada publicación?

11.- Es imposible clasificar con una encuesta quién irá o no a votar; entre más baja sea la participación, más ciudadanos medidos en la encuesta no participan en la elección, así que entre menos voten, más suerte requiere una encuesta para “atinarle”.

A pesar de todos los argumentos, muchos quieren ver a las encuestas como oráculos, eso se entiende incluso de analistas y periodistas que buscan ese enfoque, lo que no se entiende es que los políticos asuman esa posición, porque saben el valor de la estrategia, las movilizaciones y la estructura partidista, y algunos académicos que deberían estar más casados con la ciencia y menos con la especulación.

Los siguientes dos textos tratarán sobre la credibilidad de las encuestas y sobre las metodologías. Mientras tanto, seguiremos el desarrollo de la propuesta legislativa que pretende prohibir la difusión de encuestas (que se seguirán haciendo, por lo que no se les afecta) y de otras propuestas que seguramente se presentarán, incluso en el gremio de investigadores, que son quienes mejor conocen el uso y el abuso que se hace con estas investigaciones.

F-LAS ENCUESTAS Y LOS LEGISLADORES

Artículo de Roy Campos publicado en El Economista

Hace unos días, en México se instaló un nuevo Congreso y hay voces pidiendo una nueva legislación para las encuestas, por eso decidí adelantar este tema y platicar al respecto. Lo primero, hay que especificar que ante la pregunta “¿se debe legislar sobre las encuestas?”, la única respuesta que acepto es “sí” y no es una postura de hoy, así lo creo desde hace años y quien ahora exige una ley parece no saber que las encuestas se rigen en una muy estricta y que ha venido evolucionando.

Hace unos días, en México se instaló un nuevo Congreso y hay voces pidiendo una nueva legislación para las encuestas, por eso decidí adelantar este tema y platicar al respecto. Lo primero, hay que especificar que ante la pregunta “¿se debe legislar sobre las encuestas?”, la única respuesta que acepto es “sí” y no es una postura de hoy, así lo creo desde hace años y quien ahora exige una ley parece no saber que las encuestas se rigen en una muy estricta y que ha venido evolucionando. Las encuestas están sujetas a una ley federal que les obliga a cumplir con requisitos de transparencia, de solidez y de profesionalismo, pero además, el gremio tiene una autoregulación que obliga a la certificación en calidad y al cumplimiento de códigos de ética con estándares internacionales. No obstante todo lo anterior, hay quien pide prácticamente su prohibición o restricciones extremas. Esa actitud en general es equivocada y tiene más componentes emotivos que racionales, en general porque no les han gustado los resultados que generan, porque creen haber sido afectados o porque quisieran regresar a una etapa de control del Estado sobre todas las actividades, trataré de exponer ideas siguiendo la línea de frases cortas para plantear las ideas.

1.- Si “la información es poder”, el principio básico de la democracia debe ser la socialización de la información y no su restricción.

2.- Los legisladores hacen leyes con la convicción de que saben de encuestas y por ello se atreven hasta a prohibirlas o restringirlas; verlas no es entenderlas y, por el contrario, obstaculizarlas sí es evidencia de que no las comprenden.

3.- Las leyes que limitan a las encuestas sólo promueven la aparición de empresas encuestadoras fantasma, ya que son ellas las que no tienen nada que perder, no existen, no tienen domicilio, no hay registro de ellas pero sí circulan sus datos.

Las empresas profesionales se ven obstaculizadas y limitadas por absurdas leyes y dejan lugar a información de origen dudoso.

4.- Nunca será ilegal hacerle preguntas a la población, tampoco sumar esas respuestas o darle tratamiento estadístico, pero si hago suficientes, sigo un método científico y le llamo a ese proceso “encuesta”, entonces aparecen quienes se enojan y prohíben que diga lo que obtuve de ese método, son los modernos inquisidores. Restringir la difusión de encuestas va directamente sobre las libertades: la de expresión y la de prensa. Más aún, restringir la realización de encuestas afecta la libertad de trabajo.

5.- Si se prohíbe publicar encuestas, hay varios afectados: los políticos que seguramente quieren utilizarlas como mensaje en su estrategia; las empresas que las hacen, que pierden un canal de promoción; los medios de comunicación, a los que se les restringe su libertad de prensa (extraño incluso que algunos medios aprueben la restricción sin darse cuenta de que va contra ellos), pero sobre todo afecta a los ciudadanos a quienes se les limita su derecho a informarse.

6.- Pensar que no se deben publicar encuestas porque los políticos las aprovechan para decir mentiras es olvidar que en campaña los políticos dicen muchas mentiras; ¿por qué entonces se prohibirían? Lo que pasa es que las encuestas son mentiras “creíbles” y parece que sólo quieren permitir las mentiras “increíbles”.

Un candidato, por ejemplo, hace promesas que evidentemente será imposible cumplir, en cambio, podrían prohibir dar a conocer una encuesta aunque haya un método atrás de ella.

7.- En todo periodo de prohibición para las encuestas, los grupos de poder sí tienen información, la ley solamente hace que esa información se quede en ese grupo y no se socialice, que no sea pública, que le otorgue ventajas y poder a los mismos grupos que lo detentan.

8.- El principal motivo para desear prohibir encuestas es el posible efecto en el ciudadano; más allá de que hay estudios encontrados sobre ese efecto, el legislador comete el error que quiere corregir; si suponemos que las encuestas generan cambio en las preferencias, sólo bajo esa premisa su prohibición tiene el efecto de evitar los cambios, es decir, el legislador, al prohibirlas, nos está diciendo “que las preferencias ya no se muevan”; en ese caso, entre el efecto “por información” y el efecto “por ignorancia”, prefiero el primero.

9.- Un político puede mentir al hablar de encuestas como puede mentir con muchas cosas, pero prohibir las encuestas por eso sería equivalente a prohibirles casi cualquier discurso, promesa o entrevista de prensa.

Normalmente, quien promueve la prohibición de encuestas forma parte de alguna fuerza política, ese grupo contrata encuestas y toma decisiones con ellas, pero parece querer que nadie más tenga esa posibilidad.

Es una expresión autoritaria resistirse a que la población tenga información que existe, vemos intentos por hacer leyes donde los políticos monopolizan el conocimiento de las preferencias y el sentir ciudadano.

Como es claro, rechazo los intentos de prohibir la difusión de encuestas aunque entiendo el espíritu que hoy nos pide transparencia en la realización y nos impone un periodo de silencio equiparable al de las campañas, pero algunas legislaciones llegan al extremo de extorsionar a las empresas a cambio de “registrarlas” (extorsión que disfrazan de “fianza”) o piden cumplir requisitos que van contra el método mismo o contra la ética (como no usar logos de partidos o dar a conocer a quién se le aplicó la encuesta), con todas las diferencias que tenemos en la forma de trabajar las empresas encuestadoras en México, los muchos años de trabajo en varios países me permiten afirmar que existe un mercado de profesionales altamente calificados y con gran ética.

En los últimos textos de esta serie, platicaré mi visión de la metodología, la credibilidad y su capacidad predictiva.

E- LAS ENCUESTAS, ¿EL QUE PAGA GANA?

Artículo de Roy Campos publicado en El Economist

En esta serie de textos semanales he platicado de las encuestas en su relación con los políticos, con los medios, con los estrategas y su influencia en el ciudadano, tratando de destruir mitos y a veces de explicar cómo funciona en la práctica el entorno de las encuestas de opinión pública y principalmente las que se hacen en periodos electorales; uno de esos “mitos” que se manejan durante las campañas electorales es que “el que paga gana”, el cual tiene su razón de ser, pero es totalmente falso, según trataré de explicarlo más adelante a través de frases cortas y conclusiones de ellas.

D- LAS ENCUESTAS Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Artículo de Roy Campos, publicado en El Economista

Tal vez éste sea el tema más delicado de los que hasta ahora he tratado. Pero hablar de la relación de las encuestas de opinión pública con los medios es iniciar reconociendo que para el ciudadano normal, las encuestas no existen sin ellos, el verdadero nacimiento con el actual nivel de fuerza y con la posible influencia se da cuando los medios las adoptan como un mecanismo de atraer la atención; no puede entonces entenderse ni siquiera este texto sin la sinergia que se ha logrado establecer entre los medios de comunicación y las encuestas.

Tal vez éste sea el tema más delicado de los que hasta ahora he tratado. Ya hablé de la influencia en el elector, de la relación con los políticos y del uso en la estrategia, pero hablar de la relación de las encuestas de opinión pública con los medios es iniciar reconociendo que para el ciudadano normal, las encuestas no existen sin ellos, el verdadero nacimiento con el actual nivel de fuerza y con la posible influencia se da cuando los medios las adoptan como un mecanismo de atraer la atención; no puede entonces entenderse ni siquiera este texto sin la sinergia que se ha logrado establecer entre los medios de comunicación y las encuestas.

La situación de impugnación a las encuestas electorales en México tiene que ver con la difusión que lograron en los medios, más allá de los resultados que reportaban. Por eso debemos hacer algunas reflexiones importantes de cómo se ha establecido esta relación.

En algunos países desarrollados, el tamaño del mercado que representan los medios al contratar encuestas permiten a las encuestadoras trabajar exclusivamente para esos medios, lo cual evita que a esas encuestas se les apliquen descalificaciones como “trabaja para X partido” (que es la primera y más común forma de desconocer un resultado para quien no le gusta) y, por el contrario, los encuestadores de partido NUNCA publican encuestas porque se hacen para la estrategia y no para difundir y dar elementos de análisis a los adversarios. Ahí reside la solución al conflicto que en México aún no resolvemos: a los encuestadores de partido les exigen “diagnóstico”, no que adivinen el final, sino que digan cómo hacer la campaña para mover las preferencias; a los encuestadores de medios les piden generar “pronósticos”, porque al medio le importa poco lo que quiere hacer cada partido, sino que desea dar una idea a los ciudadanos de cómo puede quedar la elección. Pero resulta que en la gran mayoría, no estoy hablando de algunos, sino de casi todos los países, los mercados están mezclados; los partidos y los medios contratan a quienes consideran los mejores encuestadores y estos encuestadores han optado por tener como principal objetivo generar diagnósticos y no pronósticos; al final, entonces, resulta que “al diagnosticador se le califica como pronosticador” en el momento en el que la encuesta pasa a formar parte de la información de los medios. Se entiende perfectamente lo anterior aunque sea una forma equivocada de calificar encuestas, de hecho, evaluar a una encuesta por la frase “le atinó” es mucha pobreza de análisis que deja fuera conceptos como qué cambios se generaron, quiénes se presentaron a votar, cuáles fueron los índices de participación, cuáles fueron los motivos finales del voto, etcétera.

Pero para seguir con el estilo de reflexiones de los anteriores textos van algunas:

1.- El bajo interés en la política es la principal explicación a la diferencia, a veces gigante, entre la opinión “pública” y la “publicada”; la primera se mide con encuestas y pocas veces coincide con lo que los “opinadores” escriben y comentan, y no porque ellos estén mal, sino porque están más interesados o motivados a estar atentos.

2.- Cuando acusan a los medios de difundir encuestas buscando “moldear la opinión”, además de no tener pruebas de que lo logren, no están acusando de falsedad a la encuesta, en el fondo les molesta que no se moldee la opinión de quien acusa, es decir, lo que molesta es la discordancia entre el resultado de la encuesta y la postura del que se enoja.

3.- La publicación de encuestas en los medios normalmente está limitada en espacio y temas de interés, lo que hace que en ocasiones no se pueda difundir todo el contexto, por ello es conveniente aprovechar medios como Internet para poner los informes completos para quien desee consultarlos; mientras que la difusión en el medio tradicional puede no ser responsabilidad completa del encuestador, lo que pone en su página de Internet sí lo es.

4.- Cuando los medios contratan encuestas debemos entender que buscan difundir para generar noticia, para atraer lectores, para incrementar audiencia, no para hacer campaña ni para convencer a nadie, como ocurre cuando el contrato y la responsabilidad de publicar viene de un actor político.

Por ello en periodos electorales se recomienda seguir las encuestas de medios, no porque los demás estén mal, sino porque la razón de la difusión es distinta.

5.- Cuando un partido político, un candidato o un funcionario envía una encuesta a los medios pidiendo o buscando su difusión, lo que hace es enviar un boletín de prensa.

6.- El nacimiento de las encuestas políticas como participantes de las campañas electorales y de las evaluaciones a programas de gobierno tiene su origen en la atención que los medios de comunicación pusieron en ellas, como método existen desde hace mucho, pero como generadoras de notas, aún tenemos que aprender.

7.- Aunque es un tema que después se tratará, la regulación a la difusión de encuestas se inscribe en el acotamiento a la libertad de prensa que en las limitaciones a la realización de encuestas.

En los siguientes textos entraré a temas álgidos como la regulación, la metodología, la credibilidad y su capacidad predictiva, todos ya tocados de pasada; mientras tanto sigo recibiendo comentarios en Twitter­ @RoyCampos. Aun siendo desacuerdos los leo y los disfruto.

C- LAS ENCUESTAS Y SU PAPEL EN LA ESTRATEGIA

Artículo de Roy Campos publicado en El Economista

En esta tercera entrega centraré la atención en la forma como la clase política utiliza o debe utilizar los resultados de las encuestas para el diseño de sus estrategias, ya sea en gobierno o en campañas electorales; los dos textos anteriores… No puedo dejar de notar que ninguno de los temas será excluyente, así el uso de la estrategia y la relación encuestas-políticos están, de alguna manera, en este apartado y en cada entrega se podrán encontrar reiteraciones, por ejemplo, el sentido estratégico de difundir encuestas buscando influir en el ciudadano cabría en los tres temas hasta ahora expuestos.

En esta tercera entrega centraré la atención en la forma como la clase política utiliza o debe utilizar los resultados de las encuestas para el diseño de sus estrategias, ya sea en gobierno o en campañas electorales; los dos textos anteriores (la influencia en el ciudadano y la relación encuestas-políticos) fueron, de alguna manera, la introducción para ir acercándonos a la función que deben tener las investigaciones de la opinión pública y sé que hay quien insiste en quererlas ver como oráculos, como menciono en el primer texto, o como espejos de vanidad, como lo platico en el segundo. No puedo dejar de notar que ninguno de los temas será excluyente, así el uso de la estrategia y la relación encuestas-políticos están, de alguna manera, en este apartado y en cada entrega se podrán encontrar reiteraciones, por ejemplo, el sentido estratégico de difundir encuestas buscando influir en el ciudadano cabría en los tres temas hasta ahora expuestos. Por lo pronto, van algunas reflexiones.

1.- En una campaña electoral a veces un candidato pierde más tiempo peleándose con los resultados de las encuestas que haciendo lo posible para cambiar esos resultados; es más riesgoso basar su campaña en lo que percibe que en lo que le muestran las encuestas, si se desgasta en desconocer los resultados es muy probable que sigan las cosas igual, si los interpreta bien es muy probable que las pueda cambiar.

2.- Si un candidato consigue votos interpretando correctamente las encuestas y construyendo su discurso de acuerdo con el sentir ciudadano, entonces hizo lo correcto; ¿por qué después afirma que las encuestas fallaron?

3.- Un gobernante o un político no deben basar sus decisiones en lo que dicen las encuestas, éstas no son para obedecerse, pero sí deben dar una idea sobre el apoyo o el rechazo de lo que dicen o lo que hacen; ese conocimiento les indica, por ejemplo: el tono, el tiempo, la profundidad o la pertinencia de cada discurso y cada propuesta.

4.- Cuando un partido decide “elegir candidato” utilizando las encuestas busca al candidato que en ese momento “maximice” las preferencias y genere mayores simpatías, pero NO considera su capacidad de gobierno ni los méritos acumulados por los aspirantes, ni su fidelidad a la ideología ni muchas otras variables; por tanto, usar encuestas no garantiza la unidad, el triunfo y mucho menos el buen gobierno.

5.- En campaña, los candidatos no inventan nada, lo que nos dicen y lo que nos proponen está en la mente del ciudadano, por eso vemos campañas llenas de diagnósticos y algunas soluciones generales, muy pocas propuestas concretas y, por si fuera poco, esas propuestas y esos diagnósticos son muy similares entre los competidores, porque todos se preocuparon por investigar al ciudadano y ninguno se va a atrever a contradecirlo cuando lo que busca es identificarse con él.

6.- Está bien que un político se acerque a las encuestas, que las lea, que las analice, que las entienda, que a través de ellas escuche al ciudadano, pero lo que debe saber es que no son para obedecerse. Sumar los intereses personales de cada gobernado no es siempre la mejor forma de lograr el interés colectivo (el pago de impuestos es un buen ejemplo).

7.- Si se hace una encuesta y deliberadamente se trata de obtener respuestas sesgadas, se tira el dinero; es tonto gastar para oír falsedades y por ello se equivocan quienes descalifican a una encuesta con el argumento de que “escogen dónde ir o preguntan mal para obtener el resultado que les gusta, aunque saben que es falso”; esa descalificación normalmente es de quien no entiende de encuestas.

8.- Hay quien cree que las encuestas sirven para pronosticar un resultado, pero los estrategas se ríen de eso; saben que precisamente son para evitar que se dé ese resultado; los profesionales de la estrategia utilizan lo que los ciudadanos opinan para saber cómo comunicarse con ellos, cómo persuadirlos, cómo lograr que volteen a verlos y les den la confianza; es decir, buscan modificar lo que la encuesta dice, no preservarlo.

9.- (Como hemos dicho antes) ¿Que un político difunde “encuestas” como parte de su estrategia?, ¿que la encuesta será parte de su propaganda? Seguramente; no nos debe asustar. Los políticos usarán todo lo que puedan y si creen que una encuesta les sirve, la hayan o no contratado ellos, la usarán; lo hacen todos, no es característica de un partido.

Como mencioné, algunas de las reflexiones tocan puntos coincidentes con los textos previos. La mayoría de las encuestas que se hacen en campaña o en gobierno no es pública y se hacen para tomar decisiones estratégicas, y esas estrategias que se generan con las encuestas no-públicas son las que realmente mueven la opinión ciudadana y por ende las preferencias y no la publicación del resultado como afirman algunos; por ello, la influencia que las encuestas tienen en los electores, tema del primero de los artículos, debe inscribirse en el uso y no en la difusión de los estudios. En las siguientes entregas mantendré una línea similar para ejemplificar la relación de las encuestas con los medios, con la legislación, la credibilidad y algunos otros aspectos, todo comentario lo recibo en mi cuenta de Twitter @RoyCampos.

B-LAS ENCUESTAS: SU RELACIÓN CON LOS POLÍTICOS

Artículo de Roy Campos publicado en El Economista

En esta ocasión trato sobre la relación que tienen las encuestas con su principal público, los políticos, que son quienes más las buscan, las usan, las contratan, las critican, las desconocen pero siempre están pendientes de ellas sin importar quien las haga ni donde las publica, las consideran espejos donde les gusta verse bien. Sobre esta relación encuestas-políticos van algunas reflexiones.

La semana pasada inició esta serie de textos para desglosar los puntos polémicos alrededor de las encuestas políticas; el tema anterior, la influencia en el ciudadano, tuvo más impacto que el que yo esperaba, seguramente por el ambiente actual en México, donde las encuestas son parte importante de la impugnación del resultado del 1 de julio; eso lo juzgará el Tribunal en la primera semana de septiembre, pero yo recibí por correo electrónico y en mi cuenta de Twitter (@RoyCampos) cientos de comentarios. Hubo quien aplaudía mi postura y quien la descalificaba sin desmentirla totalmente, con un gran componente ideológico muy entendible y hasta rescatable para establecer un buen debate.

En esta ocasión trato sobre la relación de las encuestas con su principal público: los políticos, quienes más las buscan, las usan, las contratan, las critican, las desconocen, pero están pendientes de ellas sin importar quién las haga ni dónde las publica; las consideran espejos donde les gusta verse bien. Sobre esta relación encuestas-políticos van algunas reflexiones:

1.- Pedir a los encuestadores que evitemos el mal uso que los políticos hacen de las encuestas es como pedirle a los periodistas que eviten el mal uso que hacen de cada noticia esos mismos políticos; quien hace mal uso de una encuesta va a hacer mal uso de todo lo que le convenga: el problema es el político y no la encuesta.

2.- A los políticos no les molestan las encuestas, de hecho las usan, las analizan y, si pueden, las contratan, lo que generalmente les molesta es que sean públicas, porque destruyen su discurso y muestran condiciones que no les conviene que se conozcan; sin encuestas públicas el político podrá mentir con mayor facilidad.

3.- No existe el mejor encuestador para un político. Igual que con un doctor, debe trabajar con el encuestador al que le tenga confianza y con sus datos tomar las decisiones pertinentes; también, como en el caso de los doctores, si la decisión es muy importante, a veces sirve escuchar segundas o terceras opiniones.

4.- El trabajo de un político, en funciones de gobierno o en campaña electoral, es mantener motivados a su equipo de trabajo y a sus simpatizantes; se entiende entonces que llamen falsas o incorrectas a las encuestas que no les favorecen, esos ataques no deben afectar el trabajo de los encuestadores: es parte de las presiones a las que están expuestos.

5.- El encuestador debe trabajar sin dejarse presionar por la prensa o los políticos, que a veces vienen en el mismo sentido, cada quien debe hacer su trabajo. El político quisiera siempre escuchar cosas favorables, los medios cosas interesantes y el encuestador sólo quiere escuchar las respuestas de los ciudadanos, sin importar si gustan o no a quien paga la encuesta.

6.- A veces los partidos deciden usar encuestas para elegir candidatos, ese concepto es equivocado. Las encuestas son sólo un mecanismo que los políticos han encontrado para resolver un conflicto y encontrar un candidato de unidad, pero la encuesta NO elige candidato ni gobernante, y NO sustituye a los votos, que son la esencia de la democracia y no las encuestas.

7.- Quien contrata una encuesta no tiene derecho a modificar un solo dato de los resultados, pero sí tiene la alternativa de no difundirlos; eso da como resultado una idea de que las encuestas siempre favorecen a quien las contrata, cuando el razonamiento es otro: quien las contrata decide lo que se difunde y puede elegir lo que le favorece y guardar el resto; ese hecho es lo que hace tan importante la existencia de encuestas de medios en periodos electorales.

8.- Se escucha a políticos y militantes usar expresiones fáciles, como “el pueblo quiere” o “todos sabemos”, y hablan en general de lo que piensa el grupo al que ven, con el que viven o con el que conviven; esos mismos políticos se sorprenden si su dicho se contrapone con una encuesta, consideran que ellos miden mejor con su percepción que una encuesta con un método, que si bien no es exacto, al menos es replicable.

En general la relación de un encuestador con un político tiene altibajos, nos aplauden cuando les va bien y hasta nos consideran amigos, pero cuando se les muestra en declive o con un resultado negativo, nos consideran adversarios y buscan intenciones ocultas. Para eso hay una máxima sencilla: obedecer a los números que son siempre fríos y son el mejor escudo contra la critica. Lo que genera la encuesta no es la opinión del encuestador, sino de los encuestados. Si el tiempo y el espacio me lo permiten, continuaré con esta serie en la que pretendo hablar de la relación de las encuestas con los medios, su papel en la estrategia de una campaña, la credibilidad que ganan y pierden, su papel en los pronósticos electorales, la metodología y la regulación; por lo pronto, sigo en este debate.

A- LAS ENCUESTAS; SU INFLUENCIA EN EL CIUDADANO

Artículo de Roy Campos publicado en El Economista

A raíz de la elección del 2012 en México, de las encuestas preelectorales, de la impugnación en la que por primera vez se les acusa de haber participado como una especie de “complot” para influir en el votante y de ser cuestionadas por haber publicado resultados lejanos a los que se generaron por quienes decidieron emitir su voto,me propongo escribir una serie de textos genéricos no relacionados con el proceso mexicano y muchos de ellos ya antes escritos en éste y otros medios.

A raíz de la elección del 2012 en México, de las encuestas preelectorales, de la impugnación en la que por primera vez se les acusa de haber participado como una especie de “complot” para influir en el votante y de ser cuestionadas por haber publicado resultados lejanos a los que se generaron por quienes decidieron emitir su voto, me propongo escribir una serie de textos genéricos no relacionados con el proceso mexicano y muchos de ellos ya antes escritos en éste y otros medios, pero que todos pueden fácilmente relacionarse; voy a dividir los textos en secciones:

la influencia, los medios, la relación con los políticos, la relación con quien paga, su influencia en el elector (con la que hoy inicio), su credibilidad, su capacidad para pronosticar, su papel en la estrategia, su metodología y algunas otras cuestiones.

Todos estos textos, basados en frases y oraciones simples que no requieren explicaciones formarán parte de un texto completo que en el futuro publicaré. Por lo pronto, van algunas reflexiones sobre la afirmación difundida y aceptada por muchos de que la difusión de encuestas tiene como efecto un cambio de preferencia en el ciudadano.

Al respecto hay dos corrientes muy difundidas, incluso en la academia, una afirma que no tienen mayor efecto y que no hay prueba contundente de ello; la otra pretende demostrar con ejercicios de simulación (a veces no electorales) que el efecto existe y que tiene dos vertientes: (a) bandwagon, que consiste en incentivar al ciudadano a votar como lo hace la mayoría, y (b) underdog, que argumenta que se genera un movimiento para apoyar a quien parece ser el competidor débil para igualar la contienda o evitar que gane el poderoso, cada quien que decida cuál es su postura, pero van algunas reflexiones:

1.- Si se acepta que la difusión de encuestas tiene influencia en el resultado de una elección, se debe aceptar que la no difusión también lo hace: una, porque provocaría cambios, y otra porque los evitaría; una con información y otra con ignorancia; es preferible la influencia con conocimiento, esto llevaría aunque sea en parte y si ese fuera el caso, a un voto razonado.

2.- Difundir una encuesta falsa es absurdo, si lo que reporta no está presente en la población tampoco va a aparecer sólo porque lo diga la encuesta, éstas aproximan lo que ya existe en la población y eso no cambia ni con mediciones buenas ni con malas.

3.- No hay evidencia de que la publicación de encuestas influya en el votante, pero si así fuera debemos respetar la decisión de cada ciudadano al querer dar utilidad a su voto, sea para que gane su candidato, para que no gane otro, para mantener el registro de un partido o incluso debemos respetar su decisión de no votar, todas son decisiones racionales, por lo que debe pelearse por más y mejores encuestas, pero no caer en la equivocación de querer prohibirlas.

4.- Dentro de las muchas cosas que podrían influir en un ciudadano para decidir su voto, las encuestas son por mucho las menos importantes, no pueden competir con candidatos, campañas, spots, regalos, costumbres, familia, amigos, etcétera.

5.- Hay analistas que al mismo tiempo argumentan que las encuestas “influyen” en el elector y que también “deben pronosticar”, y no se dan cuenta de la gran contradicción en su razonamiento.

6.- La inducción del voto a través de la publicación de encuestas es más un mito que está presente en la mente de los políticos, poco hay de realidad, olvídenlo, una imagen sucia no se lava con encuestas y una buena imagen no se ensucia sólo porque se publiquen resultados falsos.

7- Dicen que las encuestas son como los bikinis, “enseñan todo menos lo importante”, tal vez sea cierto, pero al igual que los bikinis las encuestas tampoco modifican la realidad, aunque no pueda verse en su totalidad.

En otras entregas trataré de bordar algunas reflexiones sobre otros temas, sé que cada uno de ellos tendrá sus detractores y aun hay quien quiera ver en ellos una justificación que no es, a final de cuentas terminaré defendiendo el trabajo de TODOS mis colegas a lo largo del 2012 y mi posición personal la pueden leer en la página www.consulta,mx, por lo pronto, seguimos trabajando en perfeccionar la metodología y ahora la difusión de los resultados de los estudios estadísticos que se hacen, electorales y no electorales.

@RoyCampos

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