¿Para los gobernantes es normal la inconformidad de los ciudadanos?

jaime chalitaJAIME CHALITA ZARUR /Espacio de Reflexión 40 / San Luis Potosí, S.L.P.

El contrato social como teoría política, explica, entre otras cosas, el origen y propósito del Estado y de los derechos humanos. La esencia de la teoría más conocida, escrita por Juan Jacobo Rousseau, nos indica que para vivir en sociedad, los seres humanos acuerdan un contrato social, para reconocer un Ente superior que persiga el buen común con leyes que sirvan a todos y, Ellas, nos indiquen nuestros derechos, obligaciones y libertades, frente al Estado que contratamos.

El fin último de la sociedad es la búsqueda de la felicidad, Ella, se puede buscar de muchas formas y en muchos sentidos según sea el gusto de cada quien pero, cuando se trata del conjunto, es el Estado el que debe, mediante normas, generales, impersonales y coercitivas, quien tiene ese deber, armonizando nuestra realidad con las acciones que den seguridad, servicio, paz y progreso a los gobernados.

Nada de lo anterior es posible en nuestro entorno, nada, absolutamente nada y, una muestra de ello, entre mucho, es la descomposición que vivimos y que empieza a ser el escenario «normal» de nuestro entorno. Los rectores de la vida gregaria se han convertido en detractores de la vida social, disfrazados de gestores de bienestar, haciendo lo posible por encontrar formas de beneficio personal para un «retiro» que les permita vivir en extensión holgada, aún cuando al término del encargo, se les odie y maldiga.

Un día los ciudadanos se quejan de la ola que se vive de inseguridad en cualquier parte del Estado y, al otro, el Gobierno del Estado desmiente o minimiza lo que no le toca vivir y sufrir al lado del cotidiano ir y venir de los mortales comunes, como nosotros pero, lo más grave es cuando al calificar los hechos delictivos, el Gobernador se pronuncia diciendo «por supuesto que hay eventos delictivos pero, eso no impide que la ciudadanía disfrute, transite y haga sus actividades»; que ligero de equipaje resulta, lo que se puede acomodar cuando simplemente se ve pasar sin sufrirlo. Engañar a la ciudadanía que, cada día está más informada y va cerrando el cerco a los infieles al servicio público, va siendo cada día más difícil y con ello se eleva el tono del reclamo. No es posible que al comparar lo que se vivió hace siete años, con lo que se vive ahora, sea un alivio y hacerse de la vista invisible, en el no pasa nada.

Es este un año preelectoral y también es el año de las dádivas y, si no se trata de despensas, se trata de regalar leche, pero también dinero para «ayuda» a la población y de  inaugurar obras que al año siguiente se caen o se deterioran en forma importante. Sólo clientes electorales, que vía mantener la esperanza de paliar el hambre de más de la mitad de la población, se quiere asegurar mantener el poder y el dinero de los cautivos por el fisco y, así mantener ese Estado tan gordo e ineficiente pero que, además, nos quiere tener contra la pared cuando se trata de de hacer valer nuestra opinión. No se trata de seguir viviendo de limosnas, los mexicanos no necesitan eso, lo que se necesita es educación, capacitación, vamos, enseñar a la población a ser productivos y no seguir en un esquema ya totalmente rebasado de populismo.

Finalmente parece que, quienes son electos vía votos en esta «democracia» pueden hacer lo que quieran y sólo tendrán la inconformidad pasajera de quienes reclamamos pues para los gobernantes es normal la inconformidad de los ciudadanos y que cuando se ven apretados inician a repartir dádivas entre sus clientes electorales vía despensas, pipas de agua , pensando que se hace un favor, cuando se ha hecho un enorme daño y no un cumplimiento de su deber, al llevar a mucha parte de esta gran Nación, a la incompetencia en un mundo totalmente global. Ha sido el hurto más despiadado de nuestro porvenir, robando la libertad en el escape de los grilletes de la ignorancia.

jaimechalita@yahoo.com

@jaimechalita

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