Hasta pronto

Por Leonel Serrato / Pulso / San Luis Potosí, S.L.P.
Ha sido una década estimulante para mi vida, porque aprendí a escribir, a leer y a pensar. Ahora debo ponerle puntos suspensivos, rogando que no uno final, porque abrigo la esperanza de retornar a estas páginas en mejor momento.
Cuando llegué a vivir a San Luis Potosí desde Peotillos, era Alcalde don Miguel Valladares García, lo conocí en una peculiar ceremonia en la escuela secundaria federal doctor Jaime Torres Bodet en la que recién ingresaba, y digo peculiar porque el Presidente Valladares hacía entrega a los alumnos de un semáforo en la esquina de las calles Pedro Moreno y Nicolás Zapata, como una manera de contribuir a la seguridad de las niñas y niños escolares.
De sus palabras oficiales sólo recuerdo que nos pedía que nos portáramos bien, que estudiáramos mucho y que hiciéramos que nuestra familia se sintiera orgullosa de nosotros.
No sé si las personas que se dedican a la política saben el efecto que provocan en quienes los vemos, saludamos o conocemos, muchas veces queda uno marcado para siempre.
No llevaba siquiera unos meses en la gigantesca ciudad capital del Estado cuando ya había estrechado la mano de su gobernante; y si bien yo ya conocía a los políticos de la época dado que le leía los periódicos a mi abuela, una ruda anciana, tremenda y entusiasta, sin militancia partidista, pero simpatizante del navismo que se reestrenaba en ese proceso electoral tras muchos años de receso forzado.
Sentí que había que recordar esos momentos, las personas que estaban en la vida pública en esos días pasarían a la historia y no muy difícilmente se podría entender la vida futura sin esa memoria.
Y así fue.
Inició una vorágine que transformó a San Luis y a México, pues las elecciones dieron por triunfador al líder opositor, el doctor don Salvador Nava Martínez.
Antes de los comicios acompañé a mi abuela a los mítines navistas, íbamos a pie desde Morales, era como ir a una verbena.
Yo no conocía la ciudad habiendo nacido aquí, de modo que siendo un inexperto lazarillo decenas de lugares se revelaron para mi y se fundieron conmigo; tuve el privilegio de conocer a San Luis Potosí –la siempre aurífera, la muy noble y muy leal capital virreinal, jardín predilecto de un imperio, luego despacho principal de la República Itinerante de Benito Juárez y cárcel involuntaria del Apóstol de la Democracia– de la mano de mi abuela, y arropado por miles y miles de personas que coreaban esperanzadas el apellido del máximo líder civilista de la historia de México.
Quise ser orador cuando oí los discursos, no los del doctor Nava, porque él era todo, menos buen orador, sino de los dirigentes de las colonias y de los ciudadanos comunes que impregnaron las canteras de las plazas con un implacable e irredento espíritu de lucha; la gente echaba sus escasos pesos en las ánforas y alcancías para cooperar en los mítines como en una comuna libertaria de la Ilustración.
Ese era el San Luis Potosí que viví cuando recién llegué, lleno de personas que sin proponérselo se encontraron en bandos opuestos, pero todos apasionados de lo correcto, lo patriota, lo justo, lo decente, y lo potosino; una generación de personas que tuvo el coraje y la determinación de cambiar su vida intentando mejorar.
Ahora creo que el ser humano que soy es resultado del asombro al vivir todo eso sin apenas saberlo, y luego vivirlo conociéndolo a detalle; habiendo podido abrevar de los grandes justo en su tiempo, quise expresarlo y Pulso lo hizo posible.
Mi discurrir escrito en Pulso ha sido maravilloso, no exento de cuestiones observables y que merecerían explicaciones.
En 418 artículos de opinión semanales muchas veces lastimé a personas, del mismo modo en que probablemente reivindiqué a otras, pero nunca con interés malsano.
Revisé el primer artículo que escribí y que fue publicado en Pulso el 13 de diciembre de 2003 (por alguna razón que no atino a recordar inicié con las palabras de un poema del caudillo independentista cubano José Martí) para retomar las exactas palabras con las que hice un compromiso:
“Agradezco a Pulso de San Luis la oportunidad de expresar mi pensamiento sobre lo que le ocurre a nuestra comunidad; se de cierto que el valor que tenga esta expresión, parte justamente del hecho de que sea sincera, que sea honesta y que sea propositiva; lo intentaré con todas mis fuerzas.”
Y si, lo he hecho, o sea intentarlo.
¿Pero sabe? Al final una sociedad vive ciclos, y existe el tiempo en el que los gobernantes y los poderosos hacen exactamente lo que les da la gana, sin que nada se les diga válidamente; y pasarán muchos años para que venga otro tiempo, el de una sociedad nueva que vuelva a lanzarlos del poder y reclame sus excesos, pero verlo Usted y yo, es absolutamente remoto.
Lo verdaderamente importante en este momento para miles, millones de personas no es la prostitución infantil, la trata de personas, la esclavitud moderna, la discriminación, la violencia de género, la miseria, el narcotráfico, la injusticia, la corrupción, el desempleo, la migración criminalizada, la rampante corrupción gubernamental, la persecución fiscal, y la impunidad sin límites en la que parecemos condenados a vivir, sino las decenas, casi cientos de causas cosméticas que se han puesto de moda.
Una sociedad estimulada por la televisión basura y las redes sociales cada vez más huecas, plagadas de hedonismo, descreídas, plásticas e inútiles.
La “civilización del espectáculo” en su máximo esplendor, plena, vibrante, cada día más intensa y fuerte; en el retrete, el humanitarismo, la cultura trascedente y más en el fondo, ya en el drenaje, el civismo y la democracia.
Más de diez años desde que don Miguel Valladares y don Pablo Valladares me aceptaran a colaborar en Pulso con mi opinión, por invitación de mi admirado amigo, y periodista gigantesco, don Juan José Rodríguez; en todo este tiempo he recibido incondicional respeto a mis letras y tolerancia en demasía a mis desfiguros, incluso cuando yo mismo me he puesto en peligro.
Ha sido una década estimulante para mi vida, porque aprendí a escribir, a leer y a pensar.
Ahora debo ponerle puntos suspensivos, rogando que no uno final, porque abrigo la esperanza de retornar a estas páginas en mejor momento.
Muchas gracias por leerme, por permitirme sacudir sus fibras sensibles y en ocasiones alterar su vida con mi pensamiento, ha sido un honor inconmensurable y totalmente inmerecido. Hasta pronto.
Leonel Serrato Sánchez
leonelserrato@gmail.com

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