¿Eso queríamos? ¡Eso tendremos!

Quienes el pasado domingo 6 despertaron siendo delincuentes, corruptos o mafiosillos, lo siguen siendo hoy y probablemente no dejen de serlo nunca. Quienes en esa fecha se levantaron con ansias caciquiles y ganas de venganza, las siguen teniendo y parecen insaciables. Los que ese día abrieron los ojos como Reyes del Moche, extorsionadores, ludópatas, operadores siniestros y malandros, siguen igual, o peor. Los que se levantaron para ir a votar sin dormir por haber pasado la noche soñando despiertos cuán rápido se harán ricos a costas de los buenos potosinos, siguen en el desvelo interminable.

Ninguna constancia electoral hace las veces de aguas de pilas bautismales; cambiar el discurso no equivale a sumergirse en las aguas del Jordán. Un papelito del Ceepac no quita lo ladrón. Siguen siendo exactamente los mismos, solo que han comenzado a estrenar disfraces.

El Poder, a esa clase de individuos, no los redime ni los exonera ni los absuelve; no los hace buenos ni los ennoblece. El Poder, a ese tipo de gente, no le quita vicios, no le cambia la conducta ni le atempera la voracidad. Tampoco les apaga la sed de más poder. Al contrario.

El único efecto comprobado que el Poder ejerce sobre este tipo de sujetos es terrible y temible: los vuelve más peligrosos.

A esos de entre nosotros que les gusta jugar el juego del autoengaño, ojalá y no les dé por hacer proselitismo.

Por hoy, me parece suficiente. Agradezco su comprensión y nos reencontramos en una semana.

Hasta el próximo jueves.