Ya vistas

Hay cosas que acaban de ocurrir y parece que fueron hace tanto tiempo que hasta podían haber sido en otra vida, o también aquéllas que resultan tan actuales que todavía no suceden pero pensamos que ya las hemos vivido. Se trata hoy de lo que contribuye a un desenlace a partir de la incapacidad para gobernar un país.

Miren, aunque sus más fieles seguidores intenten apoyarlo siempre y no quieran ver nada más, diversas andanadas de AMLO ya se vuelven contra él en varios segmentos de la población. Merecidas o no, las diatribas han sido enderezadas hacia opositores, expresidentes, empresarios, analistas que lo cuestionan, ricos arrogantes, posgraduadados, inversionistas extranjeros, gobernadores, feministas, periodistas, integrantes de los poderes legislativo y judicial… por mencionar algunas de las principales. Muchos podrán recordarlas.

Aquí destaco dos casos recientes: jueces y periodistas. En el primero acusó públicamente de corrupción al Juez de Distrito, Juan Pablo Gómez Fierro, quien frenó la contrarreforma a la Ley de la Industria Eléctrica. Así, frente a un rechazo muy amplio y diverso de la opinión pública, los promotores de la extraña legislación aún agredieron y mintieron de más al grado de que su desesperación, creo yo, acabó de hundirlos.

Prevalecieron los conceptos económicos de competencia, eficiencia, nuevas tecnologías, modernización o globalización. México tendría que ubicarse en esta década del siglo XXI, no en el siglo anterior entre 1950 y 1980 con economías cerradas, sustitución de importaciones, estatización de sectores, nacionalismo, soberanía mal entendida, empresas públicas que luego confirmarían su ineficacia… El poder Judicial actuó ahora como contrapeso y esperemos que la Suprema Corte de Justicia no intente retrogradar estos logros de la racionalidad.

En el segundo caso —de periodistas— me refiero básicamente a los escándalos presidenciales al arremeter en contra de la exitosa plataforma Latinus de los sobresalientes reporteros Carlos Loret de Mola y Víctor Trujillo, cuyas revelaciones de actos de funcionarios y familiares del presidente no han podido ser desmentidas, lo cual trae persecuciones contra las cabezas visibles, al igual que búsquedas de dueños o financiadores de estas iniciativas digitales.

Es tal la desesperación vengativa del presidente que recurrió a un montaje de hace 16 años para tratar de descalificar al principal participante en el “complot”, aunque le resultó peor al desarrollarse una extendida solidaridad con su víctima.

Es así como la reacción de muchos fue la de detallar numerosos ejemplos en que el presidente ha utilizado montajes (simulaciones o representaciones), que pueden ser incluso más graves y comprometedores al grado que esta vía de ataque le ha resultado contraproducente al titular del Ejecutivo Federal. Podemos recoger aquí algunos de sus mejores escenificaciones.

1) En 2006 se proclamó presidente legítimo en un acto protocolario y sin prueba alguna; 2) La consulta (mandato) popular para cancelar sin precisiones la avanzada construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México; 3) La insistencia en que ya se acabó la corrupción y la impunidad en nuestro país, las cuales no han dejado de dominar el escenario; 4) La rifa del avión presidencial que no se ha usado ni vendido, aunque sin incluirlo como premio; 5) El festejo en vivo del Día de la Mujer con un homenaje al cuestionado mandatario por parte de las mujeres cercanas que trabajan en su gobierno; 6) El anuncio de que “se domó la pandemia” desde hace un año; 7) La misma Cuarta Transformación (con mayúsculas) que conjunta ocurrencias, absurdos e incongruencias, además de numerosos huecos.

Abruma cómo falla y se complica la vida el personaje principal en todas estas representaciones teatrales, aparte de que igual que en otras ocasiones cae en lo que critica. Debe haber límites y, más allá de los sainetes anecdóticos, están los graves problemas de fondo que se han generado y acrecentado estos 28 meses… hacia el desenlace.

* CON SU SOBRIO PERIODISMO mi amigo Juan José Rodríguez da una clase no presencial en su artículo esta semana, a partir de elementos de interés que ya me inquietaban aquí hace 5 años. Bueno, que sea para bien de la política y la sociedad.

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