La Marcha Silente por Julio… Por Todos

Como inició terminó. Rápido, sin aspavientos, con dolor, con una firme queja sobre la situación actual de inseguridad en el estado, en el país, en las familias. La marcha silente en memoria de Julio Galindo se convirtió en el réquiem para una vida dedicada al trabajo y la familia.

Para el poco más de un centenar de personas entre amigos, familiares y compañeros de Julio, fue una forma de despedirse de quien calificaron como un hombre ejemplar, dedicado al trabajo, sin pelos en la lengua y sobre todo, dedicado a su familia. Durante la marcha incluso el clima dio un respiro dando un poco de sol y un aire fresco, adecuado para la caminata que personas de todas las edades dieron en reclamo por el asesinato de Julio.

No hubo pancartas, no hubo colores, hubo quien acudió de luto y otros de blanco, pero el común denominador fue el silencio y el llanto apagado de la familia y cercanos al empresario.

El plan era marchar del Jardín de Tequisquiapan a Palacio de Gobierno, de ahí a la Fiscalía, pero al final se decidió llegar sólo hasta el primer cuadro de la ciudad. Fue pasadas las 11 horas cuando inició la marcha silenciosa por la Avenida Carranza, a paso rápido los que asistieron fueron escoltados por Policías Viales y Municipales, periodistas y alguno otro curioso que preguntaba el por qué de la marcha.

A diferencia de otras marchas por la paz, esta se caracterizó por la ausencia de consignas contra alguien, y no fue más que en entrevistas donde líderes empresariales y amigos condenaron el hecho culpando a una ausencia de poder y al aumento de la delincuencia en el país.

¿Dónde está la seguridad? ¿cualquiera puede llegar y asesinar sin problemas? Fueron algunas de las preguntas cuyas respuestas se quedaron en el aire en esos momentos. Mientras tanto, entre asistentes corrían las versiones del por qué del crimen; del enorme vacío que Julio dejaría en muchos lados y sobre todo, de las bondades que el fallecido tenía para con los demás.

Hombre de trabajo, desde joven Julio se dedicó a su familia y de a poco fue dando presencia en los círculos empresariales de San Luis Potosí. Pocos problemas se le conocían y destacaba su semblanza de hombre tranquilo. Así lo describieron algunos de los que a la marcha asistieron.

Al arribar al Primer Cuadro de la ciudad, la marcha silente se vio empañada por la pasmosa cantidad de manifestantes, comerciantes y personas reunidas en la Plaza de Armas, por lo que se decidió parar frente a Catedral donde se realizó una oración por el alma de Julio y por la paz de la entidad.

Tras ello, los asistentes a la marcha se despidieron y continuaron sus respectivos caminos. Para ese momento, la Fiscalía General del Estado ya había emitido un boletín donde aseguraban que una de las líneas de investigación más sólida apunta a problemas personales, como el móvil del asesinato.

Una hora después, el titular de la Coparmex en México, José Medina Mora Icaza, lanzó un enérgico llamado al gobernador Juan Manuel Carreras y demás autoridades a dejar de simular y realizar el trabajo para el que fueron elegidos.

Y mientras muchos pronunciaron palabras condenando y exigiendo respuestas, mientras las autoridades se esforzaron en demostrar que se trabaja en el caso, quizá uno de los réquiems más sinceros fue el de un trabajador de limpia que preguntó por qué se marchaba, al señalarle el hecho, resumió toda la molestia y furia de amigos y familiares de Julio con un “son chingaderas, ya no puede uno ni salir de su casa sin que lo chinguen los del gobierno o los malandros”.