Una pandemia, una ruptura, un encuentro

Muchas palabras que tienen que salir y poca claridad para hacerlo. Hoy escribo después de un tiempo, después de varias pérdidas, diversos encuentros conmigo misma, nuevos comienzos y muchas sacudidas estructurales.

Se piensa al feminismo como un fácil cambio de mentalidad, rápido de llegar y radical; sin embargo encontrar el feminismo conlleva a un largo camino por recorrer, lleno de aprendizajes, devenires y desencuentros.

Al igual que Simone de Beauvoir nos acercaba a pensar el ser mujer como una construcción social, el devenir feminista invita a pensar nuestra llegada al feminismo como un llegar a ser, una conversión, es decir una deconstrucción de lo establecido y lo impuesto socialmente. Por lo que, para muchas de nosotras, el ser feministas ha sido un proceso, un largo camino y una continua sacudida estructural.

Anteriormente mencionaba una cantidad de violencias vividas personalmente, las cuales después de un tiempo pude verbalizar, ponerles palabras y compartir para las demás. Sin embargo, aun cuando creí ya estar del otro lado, muchas otras violencias no implícitas, muy maquilladas y poco exploradas, aparecieron en mi vida de muchas formas.

A pesar de sentirme sanada de varias situaciones en mi vida, tales como la violación vivida por una ex pareja, comencé a experimentar la violencia estructural en su expresión más normalizada: el amor romántico. Si bien el amor romántico ya era algo que tenía muy bien identificado, no me percaté de lo mucho que existía en esa relación que pensaba deconstruida, progresista, igualitaria. La idealización del amor y la película heterosexual, binaria e introyectada en cada rincón de nuestra cultura, es difícil de sacar de la cabeza.

El miedo al abandono, al rechazo y a la desaprobación es un mal que muchas mujeres compartimos, no por el hecho de serlo, sino por la manera en como nos hemos construido, no por nuestra cuenta, sino bajo un sistema que señala a las personas, las acciones y las situaciones como buenas o malas. Pronto me vi inmersa en una contrariedad de una relación que a pesar de ser inmensamente sanadora, al paso de la cuenta regresiva por una demarcación territorial, se fue deteriorando.

Pasé los últimos meses tratando de disfrutar todo el tiempo posible, sacarle jugo a aquello que la pandemia no me había quitado, dejando pospuestos los sueños propios, acorralada en un departamento con visitas un cada tanto que cada vez con más límites emocionales, iban evitando una inmensa energía en oposición al ser como individuo, como un ser sin pertenencia y sin dueñidad.

Me vi atrapada en un sí quiero pero ya no puedo, en un no decepcionar a pesar de decepcionarse, en un dar a pesar de ya no recibir, en un compromiso hasta el final acordado desde un inicio, a pesar de que se esfumaba y pretendía a otros cuerpos y otras vivencias. A pesar de que el deseo por estar en otro lado viviendo cosas distintas, siempre fue latente en dos partes, la fantasía por estar en dos, antes que en uno, lo abandono semanas antes, mientras yo me aferraba a no soltar.

La pandemia ha hecho estragos en todas partes, las perdidas físicas, emocionales y propias han sido vivencias diarias, que pegan en la cara, en el cuerpo, la mente y el alma. Sin embargo, la pandemia ha traído la soledad, que es necesaria para el crecimiento y para el autoconocimiento, la soledad que nos llena de herramientas personales para enfrentar al mundo no necesariamente binario, en pares.

“Se trata entonces de hacer de la soledad un espacio de desarrollo del pensamiento propio, de la afectividad, del erotismo y sexualidad propias… La autonomía requiere convertir la soledad en un estado placentero, de goce, de creatividad, con posibilidad de pensamiento, de duda, de meditación, de reflexión” Marcela Lagarde.

El devenir no termina, hay mucho por aprender, hay bastantes creencias por dejar ir. Cada vez con más fuerza, mas desapego y menos equivocaciones vamos relacionándonos en distintos niveles con personas en las que encontramos un eco. Cada vez el eco va siendo mayor, nuestra voz más entendida y poco a poco vamos construyendo amor en diversas formas. Apostemos por relacionarnos con la toma de decisiones libres y dejemos ir aquellos amores en todas sus formas y sombras que no contienen responsabilidad afectiva y que nos provocan inseguridades.

El feminismo me ha mantenido de pie, encontrando maneras, propósitos, nuevas redes y una sororidad nunca antes vivida. Las redes de mujeres son esenciales para nuestra deconstrucción y reconstrucción tras una perdida. Rodeémonos de mujeres que vibran como nosotras, que nos entienden y que nos quieren ver bien.

Tengamos las despedidas necesarias para dejar entrar lo que se merece, antes que permanecer como depósito eterno de emociones ajenas. Alejémonos de personas que coleccionan presencias emocionales o sexuales para llenar vacíos interminables. Desprendámonos de lo que ya no queremos sostener más. Cuestionémoslo todo, aprendamos a decir ya no más. Normalicemos cerrar ciclos. Démonos paz, libertad y tranquilidad en nuestras vidas.

Construyamos relaciones no idealizadas.

Twitter: @danielaolro

DANIELA OLVERA / Sociedad Volátil / San Luis Potosí, S.L.P. / Noviembre 30 de 2020.