«Les Sembraron Miedo, les Crecieron Alas» , Crónica de una Protesta de Gritos por cada Desaparecida

¡Pinches viejas argüenderas! Soltó a rajatabla un hombre que iba acompañado de su pareja al pasar frente a la Plaza de Fundadores, donde colectivos de mujeres conmemoraban el #25N, Día Internacional de Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.

La frase del hombre fue reprobada por la mirada de su pareja, quien de inmediato le soltó la mano y apresuró el paso.

La de ayer fue una manifestación en paz y concientizadora para muchas y muchos, misma que dio inicio según lo acordado y anunciado, a las 16 horas, sin embargo el acto fue la culminación de un día lleno de noticias falsas que corrieron en las redes sociales, como la que anunciaba que un grupo de choque feminista arribaría de Zacatecas para literalmente, quemar el estado.

Otras noticias señalaban que mujeres en bicicleta recorrían las calles lanzando arengas a los negocios para que éstos cerraran ante las inminentes protestas con violencia que se desatarían horas más tarde.

Rumores más rumores menos, los medios informativos y las autoridades se encontraban en una alerta permanente ante cualquier situación que pudiera salirse de control.

Por su parte, el gobierno inició un operativo para salvaguardar a los colectivos y la seguridad en caso de alguna acción violenta. Todo, bajo la mirada escrutadora de la Comisión Estatal de Derechos Humanos que certificó la no portación de armas letales de los elementos policiacos que participaron en el operativo. Al igual, las autoridades centraron en su mayoría, la vigilancia tecnológica y presencial en la Plaza de Fundadores, donde todo podría pasar.

Por la mañana, un colectivo denominado Enriladas, realizó varias pintas en el suelo de cruces vehiculares, sin embargo, no afectaron ni el tráfico ni realizaron actos de protesta.

Para las 13:00 horas, la alerta general de autoridades se encontraba en pleno, sin embargo en la zona Centro no había mayor movimiento que el diario. Aún así, edificios como el de la Fiscalía General del Estado fue vaciado de empleados, quienes fueron enviados a sus casas, dejando el mínimo para la atención a la ciudadanía.

Entradas las 15 horas, de a poco fueron llegando mujeres integrantes de colectivos con materiales para realizar su manifestación. Al mismo tiempo, medios informativos iniciaron su trabajo, registrándose ante los colectivos para evitar incidentes, con la advertencia plena de no fotografiar a ninguna de las asistentes sin permiso previo, sin embargo, eso no impidió que las manifestantes sí fotografiaran a los medios, cosa en la que la justificación radicó en la seguridad. Sin duda, el miedo era el gran protagonista de la tarde.

Mujeres de toda edad, condición y con la magnitud de los colores negro y morado, iniciaron la llegada abrazándose unas a las otras en una entrega de fuerza de una a una.

Medios, autoridades y transeúntes estaban a la expectativa, a fin de cuentas, las mujeres asistentes y su fuerza provocan un miedo nada equiparable al que niñas y mujeres del mundo viven día a día por el sólo hecho de ser mujeres.

De a poco comenzaron a pintar pancartas, papeletas, a emplayar con plásticos de poste a poste para grafitear sus miedos, sus denuncias, su exigencia por una vida libre de violencia.

Esta vez, no hubo edificios rayados, sino la plancha de Fundadores, misma que vibraba con el tráfico de la zona y con las fuertes pisadas de mujeres que trabajaban, hablaban, reían, condenaban y se cuidaban unas a otras en todo momento.

El acto formal inició con el llamado a los medios a cumplir el compromiso de no evidenciar a las participantes, pues muchas de ellas han sido víctimas de amenazas al ser identificadas en medios sin ética, ni forma, ni cualquiera forma de periodismo que no sea el condenar.

La protesta, como tal, continuó con cantos, con tambores, con gritos, con exigencia de un alto total a la violencia contra toda mujer creyente del feminismo o no, pues a decir de una de las participantes “todas nos levantamos y nos dormimos con miedo”.

Y los cantos, los gritos, los saltos, todo para catalizar ese temor colectivo y llevarlo a convertirse en fuerza de una por todas y todas por una.

Madres de desaparecidas denunciaron a su vez el poco trabajo de las autoridades. “Nadie puede desaparecer así y que nadie haga un carajo por encontrarlas”, gritó una de ellas.

Denuncias de mujeres que entre ellas se dieron la fuerza al no estar solas y señalaron ser víctimas de abuso, ellas o sus hijas, o sus sobrinas, sus nietas, sus parejas, sus madres, sus amigas… todas mujeres en un mundo donde aún pareciera ser una condena nacer sin pene.

¡Verga violadora a la licuadora! Y arengas a la unidad, a la fuerza, a la lucha y sobre todo, a demostrar que detrás de las protestas no hay más que un trabajo difícil y no remunerado de mujeres que buscan ser libres en un estado que a diario ejerce violencia contra mujeres y niñas.

Más testimonios y la hermosa-dura Canción sin Miedo, de Vivir Quintana, que se ha vuelto una insignia de la lucha feminista y que denuncia el olvido, el abuso, la muerte, la tortura, la cultura de la violación que sufren las mujeres en el país.

Las voces de todas en una sola, no una, no dos sino varias veces cantando “que resuene fuerte ¡nos queremos vivas”!

El acto de ayer demostró a muchas y a muchos que el miedo a la protesta ha marcado un antes y un después en la protesta feminista. Un trueque justo de temor ante actos “vandálicos” con el miedo diario de las mujeres.

No hubo heridos, no hubo detenidas, no hubo edificios lastimados. Hubo mujeres luchando por mujeres, por cada una que ha sido tocada son las demás las que han sido lastimadas también.

Esa fuerza que luchará hombro a hombro para apoyar y ayudar a cualquier amiga, hija, novia, esposa, nieta o madre de ese hombre que las calificó como “pinches viejas argüenderas”.