De Loquitos, Payasos y Lactantes

Por Juan José Rodríguez/ Las Nueve Esquinas/ San Luis Potosí, S.L.P.
Conductas que no debemos tolerar si no queremos que se repitan, multipliquen y generalicen.
Hoy, con la comprensión de ustedes, quiero abordar in extenso un asunto que en una primera aproximación puede parecer menor, nimio, baladí, pero que, créanmelo, no lo es. No lo es ni en su propia naturaleza ni en su carácter aparente de hecho aislado, sino que, por el contrario, me parece el prototipo de conductas que una comunidad civilizada y madura no debe tolerar y ni siquiera callar ante su aparición.
Les platico: el jueves pasado, aproximadamente entre las cuatro y las cuatro y media de la tarde, los clientes del establecimiento de renta de videos Blockbuster que se localiza en la avenida Venustiano Carranza no pudieron entrar al estacionamiento del local. La entrada estuvo obstruida por una camioneta pickup GMC Sierra doble cabina, color café claro, placas TC-3327-V de esta entidad. El vehículo estaba custodiado por dos guaruras de a pie y un automóvil blanco con tumbaburros, con otros guardaespaldas a bordo.
A mí me llamó la atención el despliegue de seguridad, pero más que nada el desplante de bloquear la entrada a un estacionamiento privado que mantiene un buen flujo de clientes a lo largo del día. Debo decir que 40 o 50 metros adelante, sobre la avenida, había lugar para estacionar ambos vehículos.
Yo, la verdad, no tenía asunto que tratar en la tienda pero metiche que soy quise ver quién era el abusivo dueño de la camioneta aquella, y a’i voy para adentro. Había una media docena de personas pero de inmediato detecté quien podía ser el lactante de marras. Para no correr el riesgo de equivocarme, me acerqué con el encargado del mostrador y le pregunté que si su estacionamiento estaba fuera de servicio, entre apenado y molesto me dijo en voz baja que no y con la mirada me señaló al causante del estropicio, que se pavoneaba entre los estantes acompañado de otro individuo, al parecer también guarura.
Se trataba de José Luis Romero Calzada, ese empresario aceitero de medio pelo que a lo largo de los años ha declarado sus intenciones de ser candidato a gobernador, a presidente municipal de la capital y a presidente del Comité Directivo Estatal del PRI y que acabó conformándose con ser regidor en Salinas. ¡Ay Calolo!
Su biografía, bastante patética por cierto, poco importa. Lo que aquí interesa, me parece, es denunciar sus excesos públicos y tratar de que le quede claro -aunque no se puede ser muy optimistas al respecto, pues es obvio que tiene la cabeza desamueblada- que ni su dinero ni sus frustradas ambiciones políticas lo facultan para agredir a negocios privados ni mucho menos a otros ciudadanos, así sea impidiéndoles el uso de un estacionamiento.
Decía un viejo libro de periodismo que lo importante es el significado del hecho más que el hecho mismo. Creo que estamos ante un caso típico. ¿A dónde vamos a parar si cualquier hijo de vecino porque tiene con qué pagar guaruras puede, impunemente, cometer tropelías como la aquí narrada? Si nadie dice nada ¿qué sigue?
Comentando el suceso en una sobremesa, alguien dijo “¿te imaginas si fuera presidente municipal? Capaz que cierra Carranza para orinarse en los camellones”. No lo dudo ni tantito.
A lo largo de los años, he tenido la oportunidad de conocer y observar a los ricos más ricos de San Luis Potosí, y puedo afirmar sin temor a equivocarme que entre mayor es su fortuna más marcada es su mesura, su moderación. Muchos de ellos, que ante los altos niveles de inseguridad se ven obligados ahora a utilizar escoltas, lo hacen con incomodidad, padeciéndolo no disfrutándolo. Lo mismo puedo decir de los hombres del poder, que salvo alguna excepción, siempre han guardado la compostura.
Esta larga reflexión está presidida por una convicción personal: actitudes antisociales, chocantes y sangronas como la de Romero Calzada deben ser sancionadas. Si la ley no alcanza para imponer ninguna penalidad porque la falta no está contemplada, por lo menos que haya la sanción social de reprobación y desprecio, para lograr lo cual, obvio, deben conocerse los hechos.
Es cierto que toda ciudad que se respete tiene su loquito, su payaso y su lactante. Con ese aliento innovador que a los potosinos nos viene de siglos atrás, ahora podemos presumir de ser la única comunidad que tiene los tres en uno. Digo.
EL PRI POTOSINO EN LA RUTA DEL TITANIC
El proceso para elegir presidente sustituto en el Comité Directivo Estatal del PRI está a nada de desbarrancarse y terminar en un desastre total. Tiene, hasta el momento, tres fuentes de problemas y complicaciones que si por separado son de alto riesgo, al conjuntarse desembocarán en catástrofe. Como dice Armando Acosta que decía el Jack el Destripador, vámonos por partes.
Primero, está la cuestión legal. La convocatoria, que se suponia cuidada al más mínimo detalle, ya fue objeto de una primera impugnación, porque el listado de los consejeros políticos (que son quienes elegirán al nuevo dirigente en diciembre próximo) no incluía datos que faciliten su localización: ni domicilios, ni teléfonos y ni siquiera el municipio donde residen. Del CEN mandaron decir que existe un acuerdo del Consejo General del IFE del año pasado que prohíbe difundir esos datos porque son personales y están protegidos. Sin embargo, los impugnadores aseguran (no tuvimos tiempo de verificarlo) que hay un fallo de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, de marzo o abril de este año, que anuló aquel acuerdo del IFE y sentó jurisprudencia.
Luego, en el mismo apartado de lo jurídico, los inconformes anunciaron que impugnaran la disposición contenida en la convocatoria según la cual los sectores y organizaciones partidistas solo pueden dar su apoyo a uno de los candidatos. Esto es absurdo porque en el pasado, aquí mismo, se han expedido convocatorias donde se establecía que el apoyo se podía dar a cuantos candidatos lo solicitaran. Ya el propio Ángel Castillo envió un escrito solicitando se suprima esa restricción y parece que los responsables entraron en razón y está por eliminarse esa norma. Lo más fácil es hacerlo mediante una fe de erratas.
Segundo, el proceso empieza a padecer fuego amigo, producto de las ambiciones desatadas de uno y otro signo. Por lo pronto, hay indicios de que la propia Rosa María Huerta quiere dinamitar la elección para quedarse en la presidencia del CDE hasta mayo. Para conseguirlo, le anda dando cuerda a la dirigente femenil priísta de Ciudad Valles, Rosario Alviso Vázquez. El dato más interesante es que Rosamá habría entrado en esa ruta de boicot por instrucciones de Cándido Ochoa, quien se la trae jurada a Ángel Castillo porque nunca fue a bolearle los zapatos mientras estuvo de presidente.
Además, el ínclito Juan Manuel Rito Segovia siente que con el apoyo que dice contar en Montañas Rocallosas puede aspirar a la dirigencia tricolor, y en razón de ello ha comenzado a buscar apoyos entre consejeros, sobre todo de sus rumbos del Altiplano. De lo que no parece darse cuenta el famoso Rito es de que a la clase política priísta de aquella región la tiene hasta la madre por sus abusos “a nombre del jefe”. En particular a los alcaldes a quienes impone contratistas y proveedores dizque por ser él quien les consigue los recursos.
Tercero y último: Está interrumpida la comunicación, y quizá hasta rotas las relaciones, entre los mando políticos locales (o séase el Gobernador) y el Comité Ejecutivo Nacional del PRI. Dos datos de respaldo: hace cosa de mes y medio, el mandatario potosino solicitó al CEN, al parecer directamente al presidente César Camacho, que removiera a José Antonio García García como Delegado General en nuestro Estado. Le respondieron que sí, que con todo gusto y que era cosa de días para encontrar a quien mandar en su lugar. Algo pasó que molestó a la alta jerarquía partidista, pues de pronto decidieron sostener a su enviado, y nada que se va. El asunto se vuelve melodramático porque a García García no lo reciben en Casa de Gobierno desde hace más de un mes, y el enamoradizo Delegado General anda como perro sin dueño viendo con quién se entiende. La única que le presta atención es Rosamá, pero para todo le dice que hay que ir a ver al Secretario General de Gobierno. Recuerdo que cuando se la sacaron de la manga hace casi cuatro años para que fuera la secretaria general del CDE su carta de presentación fue que “es torancista a morir”. Pues ya no.
Un proceso como el que está en marcha en el PRI estatal en el que no vayan de la mano las instancias políticas local y nacional, está condenado al fracaso.
El panorama se ve horrible y en vías de empeorar. Si no hay pronto medidas correctivas y las cosas siguen sujetas a la Doctrina Frank Sinatra (Cada quien a su manera), esto va a acabar muy mal para el priísmo, pero muy bien para el PAN y todos los demás partidos.
COMPRIMIDOS
A principios del mes se dio a conocer el Latinobarómetro 2013, la encuesta anual que desde 1995 lleva a cabo una ONG con sede en Santiago de Chile para medir los humores políticos de 18 países del subcontinente. Uno de los resultados más impactantes de este año es que México es el país que menos valora la democracia y que una amplia mayoría de los mexicanos consideran que en ciertas circunstancias es preferible un régimen autoritario. Hay muchos ángulos para el análisis, pero de inmediato nos trajo a la memoria una frase de Luis Donaldo Colosio: “La democracia ha de servir para que la gente viva mejor, o no servirá de mucho”.
Ya se supo por qué tanto interés del regidor Gerardo Aldaco en que se pase por el detector de mentiras a los inspectores de Comercio Municipal. Es porque él diseñó el cuestionario cuya primera pregunta es “Está usted dispuesto a mocharse con Aldaco”. No, pos sí.
Aunque no tengo el gusto de conocerlos, salvo una breve conversación telefónica hace cuatro años con el mayor, a mí los Gallardo soledenses se me hacen simpáticos, aunque a veces le exageran y se vuelven una caricatura de sí mismos. Espero que con eso de las encuestas sobre medida que les vende Jaime Narváez Piña no les vaya a pasar lo que al fallecido Antonio Sandoval González. Sucede que siendo candidato a diputado federal por el distrito con cabecera en Matehuala, a principios de los 80s, cuando iba a comunidades pequeñas y aisladas mandaba hacer unas charolas de plata donde se grababa que los habitantes del lugar le agradecían mucho su visita por ser el primer aspirante a un cargo de elección popular que los visitaba. Su avanzada llegaba antes al poblado y entregaba la charola a quienes momentos después debían ponerla en manos del candidato. Hasta ahí todo más o menos pintoresco y picaresco, el asunto se volvía conmovedor cuando luego de recibir el platón y leer la inscripción ¡Sandoval lloraba! La historia es rigurosamente cierta.
Hasta el próximo jueves.

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