La lección del huracán

 

Al vivir toda mi vida en una ciudad sin mar, la idea de un huracán para mí era muy fuerte, complicada y debo confesar que le tenia terror. Sin embargo, mi deseo de vivir en calma y junto al mar me trajo el 22 de febrero a comenzar una nueva aventura en Cancún y desde ese día éste ha sido mi lugar.

Sobra decir que la vida cambió todos mis planes originales y que el viernes negro 13 de marzo con el comienzo de la pandemia, todo se movió. Como todos, tuve que reinventarme y moverme hacia adelante, cuando un día me vi tirada en un sillón, llorando, y al poner un video de YouTube, un cubano decía: “Anda, levántate del sillón, en las crisis los que trabajan fuerte tendrán doble oportunidad de prosperar”. Esas palabras textual cambiaron mi vida en esos momentos.

¿Qué tiene que ver todo esto con el huracán? Pues que hace dos semanas entro Delta, y por primera vez sentí la fuerza del viento y la incertidumbre de estar a merced de las fuerzas de la naturaleza, lo cual es atemorizante y maravilloso a la vez, pues al darme cuenta de mi vulnerabilidad y pequeñez frente a Dios, lo vuelve a dejar a Él en el primer lugar de mi vida y ese día cambio mi visión: “lo sepas o no, estamos en manos de Dios, ahí tú eliges ponerte en sus manos o querer hacer las cosas solo”.

Ahora con Zeta, que lleva desde las 8 de la noche del lunes 26 de octubre, rechinando las ventanas, azotando con su fuerza, moviendo los árboles y rugiendo con fuerza, vuelvo a reafirmar: somos sólo un puntito en la tierra, una micro expresión de vida frente al universo y eso es lo que nos da la jerarquía correcta. ¡Cuántas veces no pensé que mi labor cambiaba el mundo! ¡Cuántas veces no sentí que mi vida era el centro del mundo! Y ¡cuántas veces comprobé lo equivocada que estaba!

Tocar mi vulnerabilidad, sentir que existe una fuerza muchísimo más grande que nosotros, comprobar que estamos de paso y vivenciar lo temporal que es esta vida, me llena una vez más, de un sentido renovado para vivir un día a la vez, por ese día dar gracias, dejar de limitarme en lo que me da felicidad, atreverme a sonreír con frecuencia, amar con todo mi corazón y entregar mi vida en casa instante para servir a Dios.

Así, ¿qué son los huracanes? Son recordatorios. Recordatorios que, además de la lección del Covid19 que todos hemos recibido para valorar la vida porque mañana no sabemos si estaremos aquí, suman tres conceptos:

  1. En la vida y en los huracanes, todo pasa y pasa todo.
  2. Los tiempos dependen de Dios, no del hombre ni de la tecnología, el avión caza-huracanes puede dar un pronóstico, más no una certeza.
  3. Todos juntos estamos viviendo una experiencia colectiva idéntica, por lo que la solidaridad y el amor es lo que debe brillar.

Desde hoy, ¿Me dan miedo los huracanes? Pues en realidad, me daría más miedo no poder abrir mi corazón, me daría más miedo sentirme grandiosa en vez de vivir la grandeza de Dios, y sin duda me daría más miedo dar por hecho todo, porque hoy estamos y mañana no sabemos…

Y tú, ¿Has tenido tu propio huracán?

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TRIXIA VALLE / Escritora / Cancún, Quintana Roo / Octubre 27 de 2020.