Laura (a dos meses de tu partida)

Mi hermana hacía magia con la palabra. La llevaba a otro orden. Le hacía que dijera cosas que la palabra nunca supo que podía decir. Alguien cuando se fue mi hermana, dijo parafraseando que las palabras andaban perdidas, pero no es cierto, las palabras cuando Laura se fue volvieron a su casillero. Laura las hacía perderse, salir disparadas de su armario y de repente encontrarse en el choque del vuelo con otra palabra con la que jamás había soñado siquiera, que existía, quizá hasta era una palabra recién nacida, un neologismo, una palabra neonata. Entonces surgía el amor entre las palabras desconocidas, recién conocidas, amor a muerte, siempre a muerte, y entraban a hacerse el amor como sólo lo hacen los amantes en las cárceles incendiándose, hasta que el poema asombrado de sí mismo estallaba en existencia impredecible: Boom!!!

Entonces y sólo entonces, se asomaba el silencio.

 

Laura

Laura recolectaba palabras de olivo sobre su lengua montaraz tejida por ángeles.

Laura era laureles en las sienes puestas por Apolo, antes de que fuera un hecho isoslayable sobre este mundo perdido, que regaba con su frente de mares embravecidos.

Laura llegaba a la tarde y prendía el crepúsculo con el lápiz de ensueño que nacía de su boca.

Nadie como ella supo de qué se trataba estar vivo, por eso no temo a cada segundo, que su nombre me toca.

 

Silvia Martínez Coronel-derechos reservados. De mi libro «Ángeles inciertos» que es papel en Octubre.

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