Las codicia y mezquindades

Las capacidades del ser humano, las mejores, estoy seguro que ahí están pero, por alguna razón obscura, la intención permanente es desdeñarla en aras del interés ajeno para perjuicio de la humanidad y conveniencia de los poderosos, son negadas y obstaculizadas continuamente.

Mi convicción personal, y así lo he manifestado durante mucho tiempo, siendo fiel al pensamiento progresista y dentro de los equilibrios, respetando a los demás y, fundamentalmente a la vida, había querido, como ahora, el progreso de las personas y con ellas, mujeres y hombres, igualmente la sociedad civilizada de nuestro país.

Ni uno ni otro. Muchas personas no progresan por los motivos y razones que se quiera, posiblemente apatía o, las cosas no les salen como se había planeado, pero igualmente, en la sociedad, nuestro comportamiento, e que incurrimos en una decadencia indeseable. En cualquiera de los casos estoy convencido que todos hemos dejado que así suceda. La mezquindad de lo público y lo privado es una enfermedad que ha crecido, aún en la indolencia comunal, y la hemos dejado avanzar.

El Estado Mexicano, claro que necesita transformase y progresar, la vida pública debería estar a la par delos avances del Mundo, tomando ventaja de lo que nos es útil, viendo y adelantando al lo que viene para poder ser competitivos; un progreso de armonía, incluyente y plural, con el respeto que se merecen las personas en su forma de ser y pensar. Nunca las formas son las mismas, continuamente son dinámicas y muchas veces desconcertantes. Ahora, en estos tiempos aún más.

Hoy los jóvenes son, a través de la tecnología, quienes toman control de muchas cosas de sus vidas privadas si, pero igualmente, de la vida pública. Aquí es en donde no hay una respuesta de el ritmo globalizado, que el Mundo en su inmensa mayoría lleva. Hoy la modernidad se niega a los que habitamos en nuestro País, Mexico. La ciencia y la tecnología no está visiblemente en la agenda nacional. ¿Conveniencia?

La conducción del país obedece por un lado a la ideología evangelizadora y por otro, a un retroceso increíblemente desfasado del tiempo que se vive. La lucha en contra de la corrupción y la impunidad, fue, como es ahora, bandera de promesas en la que casi todos estamos de acuerdo pero, parece que no se avanza y la culpa no es de conservadores, ni de los liberales; la culpa es compartida, transversal y vertical.

La digitalización de la vida privada y pública es un hecho en muchos países de la tierra pero, o aquí en el nuestro. Parece que nos detuvimos en el andar y, no solo eso, retrocedimos. Las brechas entre unos y otros se abrieron más, especialmente con el crecimiento de la franja media de nuestra sociedad, la cual ha quedado rezagada en este remolino económico que vivimos desde finales de 2018 y agudizada durante esta pandemia.

Las desiciones que se toman cada día son más alejadas de lo prometido en campaña extendida hasta estos días. La apertura plural, incluyente y la rendición de cuentas ha quedado en el anecdotario mexicano, igualmente la transparencia. El acceso a la información es, como ha sido, un anhelo, una aspiración. No acaba de llegar.

La tecnología es despreciada y la ciencia usada a conveniencia y en el momento que se quiera. La transparencia tendría que estar llegada, si se quisiera desde ya, y sería desde la tecnología. Hoy se adjudican compras y obras a quienes directamente se quiere. ¿Información? Solo la que es conveniente. Los adversarios, se dice, no permiten que la población entienda que se hace con nuestro destino.

Parece que los mexicanos estamos a prueba, parece que también estamos obligados en el silencio, a recuperar nuestra sociedad usando lo que esté a nuestro alcance para mejorar. Así, posiblemente encontremos esa voluntad férrea desde la conciencia individual, y se trasmitida a la sociedad para que trascienda en el verdadero cambio que necesitamos para no ahogarnos en las míseras de las codicia y mezquindades.

@jaimechalita

JAIME CHALITA / Espacio de reflexión / San Luis Potosí, S.L.P. / Agosto 2 de 2020.