Realidades

Me llaman amigos y me dicen que se encuentran muy bien, que salen poco y no se han infectado. De hecho, ellos lo hacen con ciertos cuidados si lo requieren, sobre todo por razones sicológicas o de trabajo.

Lo peor, sin embargo, es que en México la pandemia no va de salida como nos han dicho desde hace meses. Ojalá fuera lo contrario, pero al igual que con la economía aún falta lo peor… y, oigan, vienen tragedias nunca antes vistas. Será mejor reconocerlas y enfrentarlas.

El mal manejo de esta triste experiencia ha surgido por el sometimiento de la ciencia médica a la grilla o política convenenciera, más que nada con el uso continuado de datos dudosos e inconsistentes en un aparente esfuerzo para minimizar el grave problema y no alarmar a la población. Eso sí, esos buenos deseos han sido contraproducentes en este ámbito tan delicado.

Son ya muy conocidas las infortunadas declaraciones de enero a julio al más alto nivel, así como las cifras rebasadas y las predicciones incumplidas del abrumado vocero ante la crisis. Ambas han resultado funestas… más para los mexicanos que para el sistema nacional de salud cuya disponibilidad de camas fue asegurada mediante el rechazo de tests y pacientes que no eran aceptados (muertes adicionales).

Miren, un caso notorio ha sido el del uso del cubrebocas. Desde el 11 de febrero el titular del Ejecutivo Federal se definió en contra de esa protección básica, con una sonrisa burlona y estas palabras: “No vamos a cometer el error que se cometió en el gobierno [de Calderón]. ¿Se acuerdan que nos pusieron a todos…? No podíamos hablar. Bueno, ¡eso no!”, remató.

Afirma que no usa el cubrebocas porque los expertos le dicen que es innecesario y “no hay evidencias científicas” que sugieran utilizarlo, si bien aquella expresión inicial nunca tuvo alguna base técnica o científica y quizá definió el rumbo de la pandemia. Fueron unos cuantos segundos de revanchismo político a partir de resentimientos personales contra un expresidente, y después las crecientes cifras de muertes no han podido vencer a la soberbia que sostiene su error.

En fin, las infecciones se incrementaron y el 18 de marzo sobrevino la primera muerte por Covid-19; al prolongarse el proceso, se sobrepasaban una a una las previsiones hasta alcanzar ahora 47 mil decesos (oficiales) en el penoso tercer lugar mundial. Se daba por “domada” la calamidad, pero casi todo falló y la decepción es tan grande como el desconcierto.

Muchos califican todo esto de criminal, y con el tiempo ha crecido la presión para que se rectifique, de manera que el jefe le sigue pasando la bronca a su subalterno que intenta malabares. Este cuestionado personaje ya acepta que el cubrebocas protege y es recomendable como las demás medidas (sana distancia, quedarse en casa y lavado de manos), aunque se debe evitar que dé una falsa seguridad o se quiera adoptar en sustitución de las otras medidas.

Pero nadie ha planteado que sea la única sugerencia ni que vaya a solucionar todo, sino sólo que no mejorarán las cosas si el presidente no apoya ni da el ejemplo para complementar en forma estricta las recomendaciones originales y bajar así los índices de contagio. Fíjense, la sociedad civil y las entidades federativas ya empiezan a ir más lejos que el gobierno Federal, incluso con medidas obligatorias ante la grave crisis de salud (entre la vida y la muerte, pues).

El de las decisiones sólo bromea y niega que se trate de machismo populista, pero tienen que cambiar estrategias o todo esto se va a alargar demasiado con más muertes y enormes costos sociales y económicos, junto a la prolongación y el recrudecimiento de las evidentes catástrofes de desempleo, pobreza, inseguridad… No hay de otra. Y, ojo, tampoco dejen de cuidarse ustedes.

Es triste que, al igual que sus fantasías o buenas intenciones, tantas cortinas de humo se van estrellando con las realidades que afectan cada día a más mexicanos. Vemos cómplices por conveniencia, pero el primer mandatario debe escuchar a expertos o científicos cuyo futuro no dependa de él.

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CARLOS PÉREZ GARCÍA /Opinión / Ciudad de México / 1 de agosto de 2020.