Ellos

Ellos me siguen, son todos pequeñitos, me tiran de los pantalones para que los mire. Hablan todo el tiempo con sus voces pequeñitas, no puedo entender lo que dicen, aunque ellos se desesperan por ser entendidos. Cuando los miro se callan y me miran intensamente, como buscando una respuesta. No sé por qué creen que tengo esa respuesta. Los miro con incredulidad, con distancia, hasta con desprecio a ver si se retiran, pero no lo hacen, siguen, van detrás de mí hablando todo el tiempo, tirándome de los pantalones.

De vez en cuando se vé que alguno se molesta por mi indiferencia y se me planta adelante y veo su gestos de regaño, su dedo acusador, y me da gracia. En ese momento me siento muy tentada a pisarle, pero no lo hago, lo dejo, total que habría de ganar matando un hombrecito, cuando hay tantos más que me siguen a todas partes.

Cuando me voy a dormir pareciera que rezan al costado de mi cama. Si me despierto de noche, allí están mirándome. Creo que no duermen nunca, tampoco los he visto comer ni evacuar nada de sus cuerpos, ni se higienizan, pero no parecen sucios, ni desnutridos, en fin, aparte de seguirme, hablar, intentar llamar mi atención, vigilar mi sueño y de vez en cuando regañarme, no veo que hagan otra cosa.

Hay días de mucho aburrimiento en que intento distinguir que es lo que dicen, pero es imposible, aunque juraría que hablan mi mismo idioma. En fin, siempre termino por dormirme, y olvidar que tengo un séquito de hombrecitos que me siguen.

Silvia Martínez Coronel / derechos reservados / Montevideo, Ururguay / Julio 5 de 2020.