Complot o no, pero nos divide

En estos tiempos de aires políticos por doquier, que aunque pareciera que estuviera en segundo plano por la pandemia, se encuentra en su apogeo por escabullirse e inmiscuirse (como siempre) en todo, como si los políticos fueran los héroes o los villanos de todas las condiciones económicas y de salud actuales, y como si lo que importara en realidad para poder definir a una persona es el por quién votamos en las elecciones de 2018 y por quién votaremos en las intermedias, así es un rápido vistazo de lo que realmente sucede detrás de toda esta contingencia.

Distintos gobiernos municipales y estatales e incluso el federal han enfrentado esta pandemia con mucho misticismo, algunos tomando estrategias de “lucro político” que engloban apoyos sociales, créditos, exención de impuestos o multas por retraso de obligaciones, así como sanitización y capacitación constante del cómo actuar en la situación actual, y algunos otros como en las gradas, esperando a que el “hermano mayor”, el “hermano menor”, o “los vecinos” actuaran para poder criticar y en algunos casos hasta desmantelar ciertos actos o conductas haciendo frente a la pandemia, como los que mencioné anteriormente de todas las maneras posibles; y del cómo se desmienten día a día cifras de infectados ni hablar.

Pero me gustaría hablar de cómo ha cambiado la dinámica, pues en el siglo pasado, o incluso inicios de este, sólo era eso justamente, los gobiernos criticándose los unos a los otros para conseguir fama, cual marcas de refresco de cola, pero ahora, ¿Qué está pasando con nosotros?
Independientemente de que nos manifestemos de muchas maneras antes no vistas debido a la fabulosa libertad de expresión y el conveniente y exclusivamente diplomático y protocolario “respeto a los derechos humanos”, lo cual es totalmente aplaudible no solamente válido, nos estamos comportando como lo que siempre hemos odiado, como los políticos nefastos que luchan por el poder, por el tener la razón, por ganar seguidores o incluso por dinero; como los partidos políticos que a costa de todo buscamos tener un lugar en la opinión pública e influenciar a los demás con información no fidedigna, e incluso casi casi obligarlos a creer en algo que va en contra de sus ideales por medio de acoso político; nos comportamos como animales, reclamando nuestro territorio, generando contradicción y conflicto, falta de identidad y hartazgo que muchas veces no llega al fondo de la causa, por que la causa suele ser una información desvirtuada, un teléfono descompuesto o más bien un teléfono que lo descompusieron a voluntad.

Amistades de toda la vida, familiares y hasta relaciones laborales se pierden por esta guerra, este acoso político, esta ansia de querer ser los que tenemos la razón, cuando como bien dice mi padre “el pensamiento es dinámico”, y agregaría decir, “nunca digas nunca, porque nunca sabremos que pensaremos en el futuro”, esta ansia de aplastar indiscriminadamente ideales, con tal de generar un ambiente de confort para los intereses, esta avidez de provocación y contradicción literal y textualmente NOS ESTÁ MATANDO.

El infierno, aquella película mexicana que mostraba un México ahogado en corrupción, violencia y desarraigo, es lamentablemente una foto de lo que somos, pero en todos los contextos; en las escuelas, en reuniones familiares, en chats con amigos, todo es un pretexto más para compartir fake news, memes o notas de dudosa procedencia que nos divierten o nos confortan por echarle la culpa a los demás que votaron o no por nuestros gobernantes. Ahora no solo se trata del narco, ni del desvío de dinero público, se trata de la intolerancia latente en nuestra sociedad, de la reprimenda a la libertad de expresión y de la libertad de asociación, culto e ideología, somos nosotros nuestros propios enemigos y exista un complot político en México, en Estados Unidos, en Brasil, en China o en la Unión Europea, en realidad nuestra incompetencia ante la diversidad es lo que nos divide.

Yo me pregunto a diario, ¿Por qué habiendo la posibilidad de generar un diálogo constante con los que afortunadamente no piensan igual que una o uno mismo, y así encontrar ideas que nutren y complementan las nuestras, o bien otras ideas que se contraponen pero que nos hacen pensar en la polaridad del asunto que en ocasiones es invisible, en lugar de ello nos atacamos, hablamos sarcásticamente o en tono de burla y discriminamos y separamos a alguien que a pesar de lo que pudimos haber vivido y disfrutado en conjunto piensa y actúa distinto a mí?

Es decir, entonces ¿no sería mejor clonarnos o robotizarnos?, que aunque es imaginario, creo que nos evitaríamos muchos problemas, y así todos seguiríamos tal vez las órdenes de un superior sin atacarnos o contradecirnos, cual robots.

Es triste perder el tacto, es triste enfrascarnos tanto en las ideas y no salir de ellas ni por error. Es triste tener que descartar amistades que creías entrañables, o incluso hermanos, padres, madres, primos o primas por defender una idea, como si fuera de vida o muerte. ¿Será que somos ya tan egocéntricos que el hecho de ver nuestros likes o retweets nos hace olvidar lo esencial de la convivencia?

Me gusta pensar que la existencia de la humanidad tiene un propósito más allá de ello, de lo contrario no tendríamos la capacidad de tener un criterio y razonamiento lógico propio, me gustaría pensar que es posible pronto volver a la era en donde defender un ideal era una cosa buena, pues nos identificaba, más no nos hacía superiores.

Roxana Olvera Rosillo / Cara o Cruz/ Miércoles 10 de junio de 2020.

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