La Idiosincrasia Mexicana Respecto de la Muerte es Definitivamente Sui Géneris

mayra diaz-250xPor Mayra Díaz/ de Rosa/ San Luis Potosí, S.L.P.
Pasar a mejor vida, ya se lo cargó la pelona, se lo llevo la huesuda son algunas de las expresiones que a la usanza de nuestro pueblo se refieren al concepto del fallecimiento de un individuo.
Aún cuando “deceso” es una palabra vista con respeto en todas partes del mundo ; en nuestro México lindo y querido la cosmovisión del petateado dista mucho de ser un acto solemne pues  en medio del dolor de una perdida por un ser querido, el hecho en sí, se caracteriza por añadirle jolgorio e irreverencia a la parca.
Ya diría José Alfredo Jiménez:
No vale nada la vida
la vida no vale nada
comienza siempre llorando
y así llorando se acaba
por eso es que en esta vida, la vida no vale nada.
Mofa a diestra y siniestra. No por ello menos dolorosa la perdida pero sí justificación pa tomarnos un tlapehue si la ocasión lo amerita. Ya ven que para esto nos pintamos solitos.
Pintoresca escena de un entierro en el tradicional panteón del Saucito en tierras potosinas. Imagine la muerte de Don Panchito Pérez. Dueño de una tienda de abarrotes, conocido por toda la colonia.
Así que el día de la fatal despedida por este mundo, acuden a su último adiós una multitud.  Ceremonia cual si se celebrara aniversario de la parroquia. Pero no, el motivo: acompañar a Don Panchito en su última misa de cuerpo presente aunque alma ausente.
Al finalizar cuatro camiones urbanos listos para el traslado al Saucito. Y he aquí que empieza el folclore.
Ya medio entonados, los amigos pasan los tequilas a diestra y siniestra pa llorarle cual debe ser. Pà ahogar las penas, que por cierto ya vienen bastante adormiladas pues desde el sepelio no han parado de brindar por el abarrotero que se “jue “.
Bajan del autobús y entre que caen y no caen llegan por fin al lugar donde el padre dará su último adiós. Detrás de la multitud
la tambora se avienta una canción del Charro Avitia y se escuchan los tamborazos al unisonó de “ Se va la muerte cantando por entre las nopaleras, en que quedamos pelona, me llevas o no me llevas “ . Luego una adaptación de Frank Sinatra de” A mi manera” ya ven que ahora el rock se transforma en banda y la banda en salsa, y la salsa en balada y ahí no la llevamos.
Pero regresemos al momento donde los condolientes observan bajar el féretro. En eso un alarido estrepitoso y similar al de la llorona pero “ pior” irrumpe el tan solemne acto:
Panchito, Panchito ¡porque te juites y no me llevates!
La viuda inconsolable entre que grita, se desmaya, revive, se quiere aventar en un supremo y desesperado acto de amor, pone a todos los presentes en aprietos. Sobre todo a la familia que ya de por sí no la libra para pagar un entierro, ahora imagínese dos.
Así que corren los hijos a detenerla, y entre que la agarran y ella que intenta zafarse desesperadamente, arroja al precipicio al hijo que  por cierto ya también venía  ahogado en penas y en alcohol.
Vaya usted a saber si por los  tlapehues administrados con anterioridad o por el susto de verse en el más allá cuando deseaba estar más acá, echa tales brincos y un par de poderosas manos lo rescatan de tan infame final.
En eso el compadre, ya ven que nunca falta el acomedido compadre, abraza cariñosamente a la recién viuda pa consolarla  – No está sola comadrita, no está sola. Y aprovechando la ausencia que venga la permanencia. No vaya usted a pensar que con malas intenciones… absolutamente incuestionable su proceder  y su honorabilidad.

Mientras en un rincón, el grupo de amigos de Don Panchito comparten unos chistecillos  de esos que nunca vienen mal y menos cuando se trata de aligerar la pena. Se escucha una sonora carcajada y unos cuantos pares de ojos del club de la Vela Perpetua, atraviesan con furia desmedida al alegre en cuestión.
Así que in so facto paran sus chistes, claro, claro solo mientras algún otro, ventila algún comentario de esos que saben darle sabor al caldo.
Luego van pasando los peloncitos a depositar su respectiva flor.
Se agudiza el canto de las lloronas que conmueven hasta el mas
Insensible. De uno por uno desfilan los diez herederos quienes
ya de paso se aventaron un re fuego en el velatorio pues estaban bastante aburridos y corrían como si estuvieran en pista de fiesta de quince años, nomas que aquí el acto era un tanto diferente.
Ya el pobre encargado esperaba que se llevaran a Panchito a su correspondiente lugar y de paso a su descendencia porque resulto ser una tropa bastante aguerrida.
Para cerrar con broche de oro,  llega el tradicional mariachi con sus acostumbradas golondrinas y aquello se pone de una melancolía que arranca del ronco pecho gritos espeluznantes que cualquier película hollywoodense envidiaría.
Y así entre lágrimas, chistes, tequilas, caídas y tristeza Don Panchito se despide de este mundo.
Sin duda alguna solo el mexicano para poner sabor a la muerte.

6 Comments

  1. todo esto sucede en el día a día en nuestro México.
    la publicación es fantástica gracias por este escrito que llama e interesa la atención de el lector.

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