Brutalidad y odio

Con enorme brutalidad un afro americano fue muerto por un “policía” de Minneapolis. Desde luego la imagen de George Floyd, con su cuello bajo la rodilla de Derek Chauvin, aún cuando pedía que lo soltaran para poder respirar, no fue escuchado. Con enorme prepotencia, una vez dominado y sujetado el presunto delincuente, jamás recibió la oportunidad de poder vivir y tener clemencia.

Si Usted piensa que esta brutalidad ha aumentado en todo el mundo, podría decir que sí, la población mundial ha aumentado, pero igualmente, podríamos concluir que se está haciendo visible al paso de la tecnología, que nos deja ver cómo, usándola bien, puede ser un aliado de la justicia, pero igualmente de la democracia. Además, la exigencia y presencia cada vez mayor del respeto a los derechos de las personas, cada día conquista espacios más amplios.

El abuso de autoridad, la prepotencia racista, que termina con la muerte de George Floyd, ha consternado al País del Norte, pero también al mundo. México no ha estado, nunca lo ha estado, exento de esta barbarie, y no hablo sólo de la policía, también de la sociedad civil, que en realidad de forma incomprensible, ha aumentado su criminalidad por demás violenta en forma inimaginable, y en muchos casos, en el extremo de lo indecible.

Habiéndolo solicitado muchas personas y, durante mucho tiempo, para que los mexicanos dejemos aparte el odio y la separación entre nosotros y se detengan, no ha sido posible alcanzar paz en nuestras vidas. Muy claramente arrecia cada día. Lo más increíble es que se da entre los que formamos y conformamos la sociedad civil.

Los pleitos por lo que sea, están ahí, siempre presentes. Hoy el tema de la pandemia nos hace acopiar, monopolizando de todo; el paso siguiente, será el pelear por agua y comida y entonces seremos, perfeccionando las acciones, lo que hemos sido en la historia de la humanidad: los depredadores de nosotros mismos.

El escándalo, la indignación, el llamado a la justicia, las vestiduras rasgadas, el clamor por mejorar nuestras vidas queda ahí, solo en el discurso y la población en lo general, atrapada entre en la lucha por el poder y dineros públicos, pero además, en una sociedad que se vence, en un espejismo entre liberales, conservadores y, o, neoliberales. Todo históricamente los mismos que hemos convivido en nuestra República, pues la verdad absoluta no existe y sí, los equilibrios sociales, rotos por la miseria humana.

¿Qué hacemos en lo individual por mejorar? La realidad que nos impone lo cotidiano nos obliga a ser conscientes que todos necesitamos de todos. Nadie tiene sentido sin el núcleo social que le rodea. La cultura de la honestidad, del esfuerzo, del trabajo, son verdaderos valores que tendrían que ser practicados cada día y no sólo querer aplicarlos en discursos engañosos engaña bobos.

@jaimechalita

JAMIE CHALITA / Espacio de reflexión / San Luis Potosí, S.L.P. / Mayo 30 de 2020.