Covid-19 y la aceleración de eventos

Resulta fácil pensar que la pandemia del coronavirus es la responsable de los catastróficos eventos que están tomando lugar: la crisis económica, la tensión de relaciones entre países, crisis institucionales y muchos eventos más. Sin embargo, no es tan sencillo como parece. Si bien, los brotes de salud constituyen una amenaza global, no son los responsables de los efectos que se están manifestando, estos ya estaban presentes antes del Covid-19 y es más oportuno pensar, que en relación con el coronavirus estos efectos se están acelerando.

¿Cuáles son estos efectos que están en aceleración?

Hablamos concretamente de los riesgos a la gobernanza global; por un lado tenemos el acorralamiento de las organizaciones por parte de las potencias, la crisis del multilateralismo y la falta de cooperación por parte de los estados ante las amenazas globales. Ante el brote del coronavirus se ha visto poca coordinación entre países para mitigar los efectos y actuar en apoyo a los estados en vías de desarrollo. Lo opuesto a un mayor consenso global, parece que los estados buscan resolver la crisis intentado responsabilizar a alguien por lo sucedido. En el mismo planteamiento, el balance de poderes entre China y Estados Unidos, cuyo liderazgo en la arena internacional se mide con el uso de poder blando, intereses geopolíticos, así como el abandono a consensos globales, escenario en el cual EE.UU. parecería que pierde el interés de ser aquel alguacil global, que intercede con responsabilidad. Este abandono o falta de interés arroja ciertas posibilidades a largo plazo. Una de ellas, que el poder sea compartido con el gigante asiático, que China genere mayor impacto de liderazgo en la esfera internacional y por consecuencia, mayor número de aliados. No obstante, el cuestionable estado de democracia en China es una situación difícil de ignorar en este balance de poderes. Ejemplos de este impacto son: el acercamiento de países como Israel al Banco Asiático de Inversión e Infraestructura, siendo este país fiel aliado de Estados Unidos; el ambicioso proyecto de la ruta de la seda y muchos otros más. Otro de los riesgos a la gobernanza global es la afluente crisis institucional en el marco de la Unión Europea, que ante lo sucedido con la pandemia del Covid-19 la institución regional parece mostrar débil cohesión para afrontar las consecuencias del virus. Sin embargo, anterior a este brote, la tendencia de crisis institucional ya estaba tomando lugar. Un ejemplo de ello es el lento encaminamiento a una política exterior común entre los estados miembros. Por otro lado, la creciente tendencia a un mundo apolar, en el cual, los estados siguen sus propios intereses sin la coacción o imposición de normas comunes por parte de un país hegemónico. En otras palabras, una deriva a un vacío de poder global, escenario en el cual se incrementa la discrecionalidad en las relaciones internacionales y por consecuencia, que sean menos predecibles. Este último punto es de alto riesgo para el mundo. Es una tendencia nada deseable, ya que, adelgazaría la línea de orden y el balance de poderes podría estar ausente. Por último, otro efecto presente en ciertas regiones del mundo: el adelgazamiento de democracias, en el cual el poder se centra en figuras disruptivas y antidemocráticas. Jair Bolsonaro en Brasil y Viktor Orbán en Hungría son ejemplos de este efecto, pues su liderazgo y acción entorno a esta pandemia resulta también, muy cuestionable.

¿Qué peligros podrían acarrear estos efectos en aceleración?

Uno de los mayores riesgos es el poco reparo global en temas de primera orden, como el cambio climático. En artículos pasados se ha hablado de esta amenaza y de no actuar oportunamente, las consecuencias serán aún más crudas. Sin embargo, este no es el único riesgo por considerar. Es muy importante también, meditar en el peligro que podría suscitarse en la carrera armamentística y la exponencial proliferación nuclear pues de no haber anuencia y orden en el tema, las naciones podrían incrementar su arsenal nuclear. Debemos entender que vivimos en un mundo conectado y eso conlleva responsabilidades. Que entorno a este brote epidémico de la mano con las presentes amenazas globales, la cooperación es indispensable y necesaria. En lugar de encontrar a un culpable por lo sucedido, se habría de actuar por la vía de la cooperación y hacer eco al orden que tanto trabajo ha costado construir.

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TANIA GARCÍA / El punto medio / San Luis Potosí, S.L.P. /Mayo 21 de 2020.

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