Iglesia de la Villa, «Devoción a San José”

 

El 24 de enero de 1904 se ofició la primera misa en el Templo de San José, en Villa de Zaragoza, cinco años después del inicio de su construcción y recién asentado como Municipio Constitucional.

El inicio de la construcción de la Iglesia de la Villa, edificada como devoción a San José, data del año 1899, para ser exacto el 19 de octubre, cuando los señores Tirso Nieto, Benigno Ávila, Antonio Martínez y Amado Cerda comenzaron a planear los trabajos para la construcción de un templo en la Villa de Zaragoza, que recientemente se había asentado como Municipio Constitucional.

Marco Antonio Zárate Arévalo, cronista de Villa de Zaragoza, documentó en sus investigaciones, que los trabajos comenzaron bajo la dirección del maestro albañil Desiderio Monreal, el objetivo era construir un templo diferente, de estilo gótico medieval, considerada como la forma más evolucionada que alcanzaba la espiritualidad cristiana de la omnipotencia divina.

El templo alcanzó alturas considerables, gracias a una osamenta de piedras y cantera gris que precisa de pesados muros de soporte que permite la apertura a sus grandes ventanas.

Las nervaduras siguen el diseño de los arcos, tanto exteriores como diagonales, y forman la osamenta de la bóveda de crucería ojival. Es un sistema de construcción ampliamente utilizado en la arquitectura islámica desde el siglo VII. La edificación de este templo trajo consigo una nueva estructura eclesiástica dentro del municipio, ya que anteriormente los trámites eclesiásticos se llevaban a cargo de la congregación de Villa de Pozos, con obispo Don Pedro Barajas y Moreno, canónigo de la Catedral de San Luis Potosí en el año de 1855.

La primera misa oficiada en San José fue el 24 de enero de 1904, dando así arranque y bendición a los trabajos que se realizaban para posteriormente pasar los años hasta el 25 de marzo de 1910, elevar el templo como parroquia de San José de Zaragoza, Diócesis de San Luis Potosí, segregando la de San Francisco de los Pozos, estableciendo al presbítero Albino Escalante como primer párroco del lugar por mandato del Obispo Ignacio Montes de Oca y Obregón 1840-1921.

Vale la pena recordar que Montes de Oca en 1885 ocupó la silla episcopal de San Luis Potosí y por su labor apostólica se le nombró Arzobispo de Cesárea del Ponto, que era un título honorífico.

El 7 de agosto de 1900 el diario potosino El Estandarte publicó la alocución de Montes de Oca y Obregón en el Congreso Católico celebrado en París, porque había declarado que en México, la Iglesia Católica había progresado a pesar de las Leyes de Reforma, y denunció que la separación Iglesia-Estado había provocado un «estado violento contrario a la naturaleza, como la del alma y el cuerpo».

Los liberales potosinos atacaron las declaraciones del obispo, contraargumentando que el clero y sus aliados «eran perturbadores del orden», y pidieron contener los avances del clericalismo para dar vigencia efectiva a las Leyes de Reforma. Durante la Revolución Mexicana el obispo tuvo que refugiarse en Roma de 1914 a 1917. Se trasladó a Madrid en 1917 y prolongó su estancia hasta 1921. Perteneció a la Arcadia Romana con el seudónimo de «Ipandro Acaico».

Fue invitado por la Real Academia Española para pronunciar el elogio fúnebre de Miguel de Cervantes durante las exequias celebradas en la iglesia de San Jerónimo de Madrid con motivo del tercer centenario de Don Quijote de la Mancha.

Cuando al fin había resuelto volver a México le sorprendió la muerte. Sus restos fueron trasladados de Nueva York a San Luis Potosí, en cuya Catedral reposan. Estos pasajes dan vida a la historia de Villa de Zaragoza.

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