Un cumpleaños bidimensional

Las dos dimensiones que experimenté este 9 de mayo pasado, fueron alucinantes, inesperadas y también acogedoras.

De las 34 primaveras que he pasado en este mundo terrenal, es la primera vez en muchos aspectos. La primera en la que tengo desayuno a la cama, el día estaba fresco, nublado y lluvioso; la primera de las que recuerdo en la que no hubo un tumulto de gente en mi casa, invitaciones por doquier y el estrés normal de una celebración.

También fue el primero en el que me sentí con ganas de pasar tiempo de calidad en cuanto a descanso, relajación y hasta un baño de burbujas por más de una hora.

Fue la primera que pasé con una nena que ya caminaba e interactúa conmigo y que mejor, ¡es mi hija!

Fue la primera vez que creí que iba a ser un día común y corriente y la verdad es que eso hizo precisamente que fuera increíblemente la razón de mi felicidad.

Para quienes me conocen saben que soy de fiesta, de cantar, de convivir, de música fuerte y muchos amigos, de desvelarme y contar y contar historias, eso siempre es mi dimensión.

Este cumpleaños estaba en otra dimensión, hablé poco, comí casero, conviví con mi familia nuclear, no conté historias y no canté si no hasta poco antes de dormir, que por cierto fue coincidencia o la atraje, a las 11 de la noche, viendo una película, pasan la canción, mi canción, la que siempre canto en mis cumpleaños, «sweet child of mine» y si, la canté.

Sweet child of mine esa canción para mí tiene un significado mas allá de las letras y la melodía, es una canción que disfruto en demasía y «hago mía» cada vez que la canto. La he cantado muchas veces en público, en bares, en fiestas, en concursos de canto, en la regadera, en el carro, y sus distintas versiones son un orgasmo auditivo para mi alma, y ¿por qué hacer este paréntesis? Porque fue lo que le dio todo el sentido a mi día.

Cuando la canté este 9 de mayo, entendí lo bien que mi cumpleaños se sintió aún siendo tan diferente, tan poco esperado y tan bien aprovechado, pues esa canción casualmente digo, que la toquen en mi funeral y que así me recuerden siempre, pero también siempre digo que la toquen para celebrar un año más de vida, porque en sí me llena de vida.

Este 9 de mayo también la pasé con mi abuela que en paz descanse, la tuve todo el día en mente, tuve tiempo de reflexionar y pensar mucho en lo que uno a veces no valora, el tiempo con la familia, el tiempo libre y la despreocupación y mientras todo y a la vez nada pasaba afuera, la pandemia, la lluvia y un arcoíris y el silencio de las calles, con aire que llevaba hojas secas raspando poco a poco el pavimento, carros varados en las aceras y una falta de alcohol inminente en la vida de varios vecinos, así cumplí yo años, rodeada de esta incertidumbre del futuro, y llena de certidumbre espiritual, algo que hace mucho no sentía, algo que me debía a mí misma y a los demás.

@roxaniutz

ROXANA EUNICE OLVERA ROSILLO / Cara o cruz / San Luis Potosí, S.L.P. / 20 de mayo de 2020.