Maldita y bendita

 

Maldita sea la hora en que perdimos nuestro camino, en que nos desconcertamos en medio de la preocupación por perder nuestros ingresos, por contagiarnos de coronavirus, porque nuestros familiares y amigos vulnerables se contagien y enfermen gravemente, por la economía del país, porque nuestros niños no tienen donde quedarse mientras trabajamos y muchas otras cosas más que nos aquejan.

Maldita seas cuarentena que nos sacaste de nuestra rutina, que irónicamente siempre odiamos y repelamos de ella, porque a pesar de ello es nuestro modo de vivir y de sobrellevar las dificultades que la vida siempre ofrece.

Maldita sea también el momento en que sufrimos por la incertidumbre de no saber en qué momento seremos libres literalmente, pues estamos en una cuarentena que dura más que un postparto, más que la hepatitis, más que, tal cual, lo que significa una «cuarentena».

Pero también  tengo que decir que bendita sea la cuarentena que nos unió mas, que radicalmente cambió nuestra forma de actuar, de cooperar y de enfrentar las adversidades. Equipos de trabajo, familias organizando su día, las clases de los hijos, las actividades de la casa y las maneras de entretenerse, por supuesto, sin dejar a un lado el cuidado de los recursos disponibles de aquí a que esto termine.

Bendito sea el momento en que la naturaleza que tanto reclamaba un respiro, pudo tenerlo, pues no podemos cerrar los ojos ante los pájaros revoloteándose como nunca en la ciudad, animales reclamando su hábitat, ríos y lagos más limpios que en mucho tiempo, y el cielo despejado, con avistamiento de grandes lunas y estrellas brillantes ante la falta de smog.

Bendita sea la gente que logra durante este tiempo se genere más con menos, se agilicen los trámites y se mantenga su economía utilizando incluso habilidades que no sabían que tenían.

Bendita la hora en que nos hallamos pensando y reflexionando sobre nuestra falta de comunicación, estrés cotidiano y poca empatía que tenemos comúnmente en condiciones regulares de nuestra existencia, todo esto gracias a la falta de tiempo para procesar tanta información, respirar, estirarnos, soltarnos y soltar todo lo que nos mantiene ocupados de manera compulsiva.

Así es como encontré el modo de resumir este periodo difícil, muy difícil, pero también muy revelador, pues las cosas suceden por una razón y las tragedias siempre tienen algo bueno bajo la manga, independientemente de todo el tema político, y de la paranoia mediática que esto genera, han sido días caóticos, exuberantes, estresantes por momentos, tristes y desalentadores, pero lo reitero, estos tiempos nos enseñan que hay que ser fuertes y mantenernos unidos, y así como la depresión postparto, la depresión post 2020 tendrá que terminar, así que arriba los corazones, y que callen los haters, pues los héroes de esta etapa no sólo son, al menos para mí, los dedicados al sector salud, si no también todas las madres y padres que sacan adelante a su familia respetando las medidas de distanciamiento e higiene, son todos aquellos emprendedores que se las ingenian para mantener sus negocios a través de las redes y de otras maneras remotas, somos los que trabajamos para apoyar a las personas que se quedaron sin empleo, son los niños que nos enseñan hoy más que nunca de la adaptación y resiliencia, en esencia todos podríamos ser héroes de esta historia.

Mis últimos 30 días he tenido toda clase de sentimientos, sin embargo, heme aquí encontrando nuevamente las palabras,, volviendo a la cordura, lidiando con esto de la mejor manera, soñando con volver a viajar, a pueblear, à comer en mi lugar favorito, pero sobre todo a ocuparme de la salud de mi familia, mía y de los demás.

Basta de politizar esta situación, basta de agresiones, basta de abusos de comercios anti éticos que lucran con la contingencia, hemos de mantenernos unidos pero distantes, juntos pero no revueltos, cuerdos y cordiales.

@roxaniutz

ROXANA EUNICE OLVERA ROSILLO / Cara o cruz / San Luis Potosí, S.L.P. / Abril 29 de 2020.

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