Museo Nacional de la Máscara Otrora Casa Martí

Palacio Federal

El edificio de estilo neoclásico denominado Casa Marti fue construido en cantera rosa con un medallón con el monograma “RM” que son las iniciales del propietario Ramón Martí, en el remate central del frontis sobresale una piedra clave en el arco de la entrada principal, con el número 2 que corresponde a la ubicación de la casa, frente al Teatro de la Paz, en la Plaza del Carmen, ahora en el Centro Histórico de San Luis Potosí.

A finales del siglo XIX, la estética modernista en arquitectura, propició que las artes decorativas ganaran relevancia en los edificios, la pintura decorativa de los plafones incorporó elementos mitológicos y románticos. La decoración interior es de los pintores italianos Guissepe Compiani y Claudio Molina.

El inmueble es de dos plantas y un entrepiso. Dispone de un patio con una escalera a modo de puente, con balaustrada de hierro forjado y destacan los pasillos con los arcos de medio punto. Las puertas principales las construyó el alemán Jorge Unna, importante fabricante de muebles y decorador de interiores, cuya empresa fue la más destacada en su ramo en la República Mexicana hasta el año 1922, cuando decreció su producción.

Martí murió en 1898 y sus descendientes vendieron la estructura en 1903 al General Bernardo Reyes, un militar allegado a Porfirio Díaz. La Casa Marti se convirtió en propiedad federal en 1907 y adquirió el nombre de «Palacio Federal». Albergó a los Juzgados de Distrito en la entidad en el año de 1959, desde entonces y hasta la década de 1980 albergó al Ministerio Público Federal, a la Liga de Comunidades Agrarias, el Consejo de Minería y finalmente en 1982 se convirtió en el Museo Nacional de la Máscara de San Luis Potosí.

Origen de la Máscara

La máscara fue hecha principalmente por los egipcios para cubrir el rostro de los muertos. Conforme ha pasado el tiempo se ha utilizado

también en carnavales, en rituales religiosos y sociales y se ha mantenido con el fin de que la historia, la tradición y la cultura de múltiples pueblos de todo el mundo sea conocida en la actualidad.

En la Edad Media hubo mucha afición a los disfraces y máscaras en las fiestas religiosas. Las máscaras eran símbolos de las fuerzas demoníacas en las representaciones angelicales de la fe católica. En los torneos medievales los caballeros que no querían ser reconocidos combatían con máscaras y cascos para ocultar sus rostros y para protegerse.

Durante el Renacimiento, la máscara tuvo un auge inesperado con la Comedia del Arte italiana. En el siglo XVI se convirtió en una máscara más pequeña a la que llamaron antifaz, era usado normalmente por mujeres.

Con las primeras sociedades agrícolas surgió la máscara de la fertilidad donde se incluyeron diversos elementos propios del cultivo. Posteriormente, otros grupos le adjudicaron propiedades curativas, de protección y dominio sobre las fuerzas de la naturaleza.

En la actualidad, la máscara se recrea y renueva con los más diversos temas; desde ancestrales brujas escandinavas o personajes de cuentos clásicos infantiles. También hay mucha variedad en el diseño, tamaño y su estructura.

Origen de la Colección del Museo Nacional de la Máscara

La colección original de máscaras fue donada por Víctor José Moya Rubio y su esposa, Mildred Dingleberry Himm. Son 750 piezas originarias de 18 estados de la República Mexicana que representan las tradiciones, los personajes históricos y los simbolismos de la cultura popular mexicana. Las máscaras e indumentarias son piezas de la época prehispánica y la conquista que representan rituales, danzas y festividades. Los artesanos encargados de darle continuidad a esta práctica ancestral evitan que se pierda la tradición.

El Museo Nacional de la Máscara está dividido por salas que muestran la cultura a través de diversas máscaras tanto mexicanas como de otros países. También cuenta con salas para eventos y exposiciones temporales.

Sala Víctor Moya

En la primera sala del museo se aprecia la variedad de máscaras existentes en México, creadas con diferentes materiales y hechas de diversas formas. Están relacionadas con las características culturales y geo-climáticas de las regiones donde se fabricaron.

La exhibición muestra máscaras de procedencia prehispánica y la ambientación de la emblemática tumba de Pakal, que fue localizada en el Templo de las Inscripciones en Palenque, Chiapas.

Una parte de la exposición habla sobre el Murciélago, conocido como thut en huasteco; tzinacan, en náhuatl; bigidiri zinia, (mariposa de carne) en zapoteco; tichuchi lehie, en mixteco; y zotz, en maya.

Según la mitología maya, Xibalbá es el reino de la noche y la oscuridad, y la danza del murciélago está relacionada con la fertilidad y la muerte, con la enfermedad y el agua.

La segunda sección de la sala Víctor Moya cuenta con máscaras pertenecientes a diversas danzas y ceremonias realizadas en la conquista europea, donde personajes, símbolos y dioses pertenecientes a ritos prehispánicos se relacionan con elementos y santos de la religión católica.

El recorrido termina con la presentación de uno de los personajes más emblemáticos del sincretismo mexicano: el diablo, quien con su aparición en pastorelas, carnavales y danzas nos enseña el triunfo del bien sobre el mal.

La pastorela campesina es una celebración que se realiza entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera. Se efectúa en cuatro ocasiones: el 17 y 24 de diciembre y el 2 de febrero; a estas tres fechas les llaman “ensaye real”. La última se realiza del 19 de marzo hasta el amanecer del día 20 y es la más importante, porque se festeja al Patriarca San José con rituales que muestran distintas expresiones culturales con danzas, procesiones, actos teatrales y la gastronomía mexicana.

Sala San Luis Potosí

La Sala está dividida en tres partes, representan la cultura de tres de las cuatro las zonas de San Luis Potosí, la Huasteca, Media y Altiplano. En el estado se hicieron máscaras con el fin de utilizarlas en rituales con concepciones mágico religiosas. En la Zona Huasteca, centrada en la Sierra Madre Oriental, hay tres importantes grupos étnicos: Tének (huastecos), Náhuatl y en menor número Xi-oi (pames), quienes elaboraron originales máscaras para las festividades de Semana Santa y del Día de Muertos.

La Zona Media, localizada en la cuenca del Río Verde, es un asentamiento del grupo étnico Xi-oi (Pames) específicamente en Santa María Acapulco en el municipio de Santa Catarina. Este grupo mantiene una antigua tradición en la realización de máscaras de madera, guaje y hoja de lata. El Altiplano se ubica al norte del estado, en ciertos lugares de la zona bailan la danza de Matlachines, en festividades religiosas y elaboran máscaras para el carnaval y para pastorelas, con materiales propios de la región.

Sala Víctor José Moya Rubio

Aquí se presenta un panorama general de la máscara mexicana: sus múltiples usos, técnicas y materiales de elaboración y las costumbres de la gente.

Se exhiben réplicas de máscaras de procedencia prehispánica que se utilizaron como ornamento en ritos religiosos funerarios, así como máscaras de danzas elaboradas en la conquista con función didáctica y evangelizadora.

Sala Ramón Martí Llorent

En esta sala se podrán admirar piezas de otros países, donadas al museo por particulares, embajadas y consulados. Se complementa con la exhibición de una colección de máscaras antiguas, únicas en su tipo por su originalidad y extrañeza.

Sala de Máscaras Internacionales

La Sala de Máscaras Internacionales se amplió y diversificó con la donación realizada por el Dr. Jaime Cortina Watson. El continente europeo cuenta con gran variedad de grupos sociales, amplia pluralidad lingüística y diversidad de usos, costumbres y tradiciones donde la máscara participa de manera preponderante, sobre todo en el teatro y la danza.

El museo también cuenta con cuatro diferentes salas donde se pueden realizar eventos.

Sala del Candil

Espléndido espacio para llevar a cabo conciertos, conferencias, presentaciones y actos sociales presentados por los majestuosos murales realizados por los artistas italianos Compiani y Molina. Las paredes de la sala están cubiertas con temas mitológicos y pinturas que muestran la recolección de frutos, la caza y la pesca.

Sala Juan Granizo

Se exponen importantes colecciones de reconocidos artistas, artesanos locales, nacionales y extranjeros.

Sala Georgina Maya Guzmán

Utilizada para exposiciones temporales.

Sala Centenario

Mojigangas

En España, en los siglos XVI y XVII, las mojigangas eran representaciones festivas. Los actores que se disfrazaban eran cómicos de la lengua y se presentaban en teatros ambulantes conocidos como compañías de bojigangas.

En la Nueva España se registró, en 1637, el término de mojiganga para referirse a esta danza durante el Carnaval, mientras que Bartolomé de las Casas hace referencia de ella como parte del teatro misionero.

Las mojigangas, hechas de caña y forradas de papel y tela, recorrieron las calles principales de los pueblos e hicieron presentaciones en muchas de las celebraciones y fiestas de México, junto con la garnacha, la farándula y la comedia.

En San Luis Potosí, en las celebraciones religiosas de Corpus Christi de los siglos XVII y XVIII, fue tradicional el desfile de mojigangas, que incluía una tarasca, cabezudos y gigantes.

La “tarasca” era una figura en forma de dragón, sus movimientos sinuosos y tarascones despejaban el camino por donde pasaría el desfile de mojigangas.

Le seguían los “cabezudos”, dos figuras con brazos desproporcionados y una gran cabeza, se conocían como “el viejo” y “la vieja”.

Continuaban los “gigantes”, figuras de grandes proporciones con vestimenta de monarcas que marchaban en parejas: moro y mora, indio e india, negro y negra, español y española.

Según el historiador Alfonso Martínez Rosales, en la tradición potosina las cuatro parejas representaron las partes del mundo, conocidas después de la llegada de Colón al Nuevo Mundo: Asia, América, África y Europa. Las razas con que los súbditos de la realeza española identificaban aquellas regiones fueron árabes, indígenas, negros y blancos.

 

Máscaras de Animales Fantásticos

En la América indígena y en la novohispana existieron muchas historias de animales con atributos fantásticos que formaron parte del imaginario colectivo. Historias escritas y orales cumplían con la labor de entretener e instruir con una lección, incluso se utilizaron por autoridades eclesiásticas y civiles para lograr el confinamiento de la población. Hoy en día, estas máscaras siguen cautivando a la población. Los artesanos y artistas las realizan con el fin de conmover y emocionar, pero también se han encargado de aterrorizar y quitar el sueño a muchas personas.

Máscara e Indumentaria de la Danza de los Cuchillos

Esta danza se ejecutó en la temporada de carnaval en la región nororiental del estado de Tlaxcala, particularmente en Toluca de Guadalupe, municipio de Terranate. Se componía de varios sones interpretados con guitarra y violín, entre los que sobresale “Jarabe de Cuchillos”. Los danzantes, llamados cuchilleros, utilizaban coloridas máscaras de cuero curtido y policromado y con cuchillos atados a los tobillos realizaban complicados pasos de baile, demostrando su habilidad para no herirse.

Mientras que otros personajes como el charro, la viuda, el sacerdote, el médico y el catrín provocaban la alegría del pueblo a través de sus actuaciones cómicas. Esta danza también se conoce como Danza del ahorcado, porque al final el pueblo se revelaba, debido al maltrato que recibían, y ahorcaba al hacendado español.

Máscaras Prehispánicas y Mortuorias

El culto a los muertos tenía gran importancia en el mundo prehispánico, había un profundo sentimiento cuando un humano moría. La tradición indicaba que el sacerdote oficiante debía usar una máscara que se colocaba en el rostro del muerto al final de la ceremonia, con el fin de conseguir la inmortalidad, como en las culturas egipcias, grecorromanas, orientales y sudamericanas. Una de esas máscaras fue la que se encontró en el Templo de las Inscripciones, en el estado de Chiapas.

En el México antiguo, el perro Xoloitzcuintle era el encargado de guiar al difunto hacia el inframundo, en el camino usaban una máscara de Xolotl, dios de la transformación, que les otorgaba poderes sobrenaturales.

Máscaras de Animales de la Colonia Novohispana

Los españoles trajeron a América bestias de carga y de tiro, como el caballo y la mula, animales de granja, como vacas, cabras, cerdos, ovejas, gallinas y palomas. También perros y gatos que fueron adaptados a los usos y costumbres de los pobladores indígenas de Mesoamérica. Este conjunto de animales europeos provocó una mezcla entre culturas, que se reflejó en el arte popular.

Las máscaras eran elementos simbólicos que se utilizaron en tres diferentes danzas: la primera, narra historias dramatizadas de la conquista territorial; la segunda, representa el triunfo de la religión católica; y en la tercera, se tocaron canciones y sones donde recreaban los pasos y movimientos de los animales.

Máscaras de la Huasteca Potosina

Dentro del acervo del museo, hay máscaras de la Huasteca potosina hechas de madera de pemoche o colorín, son decorativas y se utilizan por danzantes en las festividades de carnaval en el mes de febrero, en Semana Santa y en el Día de Muertos.

Los festejos conservan aspectos prehispánicos y se realizan en las milpas, cementerios, atrios de las iglesias, cuevas y los cerros donde se cree que residen los dioses. Durante las celebraciones se toca música, cantan, danzan y bailan. También la gastronomía está presente con tamales, adobos, chocolate, café, tortilla, pan, aguardiente y refresco.

Máscaras de Tlanchana

Según la leyenda, la Tlachana era una sirena mitad mujer y mitad serpiente acuática. Cuando quería nadar por las lagunas convertía su cuerpo en pez y cuando quería acercarse a los pueblos para buscar hombres solía convertir su cola de serpiente en piernas y pies. Su carácter era posesivo y vengativo.

Cuando la sirena quería cortejar a un varón se sentaba en una piedra a orillas del lago, deshacía sus trenzas y brotaba una larga cabellera negra, al mismo tiempo se escuchaba un canto: “hermoso pescador, vente a vivir conmigo al fondo del lago y conocerás placeres exquisitos que yo te daré”. Si el hombre caía en el hechizo era arrastrado al fondo del agua y no se le veía nunca más.

Por el contrario, si el pescador lograba no caer en la seducción, podía escapar y regresar con una anécdota escalofriante a su pueblo.

Pero no todo era malo, cuando la Tlachana estaba contenta, ayudaba a los pescadores a tener abundante pesca y a cazar muchas aves acuáticas.

Máscaras de Barro

Las máscaras de barro, por lo general, se realizan con la técnica de modelado a mano, donde las piezas son construidas mediante el estirado de la pasta en rollos, placas o bolas de arcilla y se decoran con pintura, esmalte o bruñido y se deja al aire hasta que se seca. Deben manejarse con cuidado porque son muy quebradizas. Por último, son llevadas al horno, donde pierde la humedad y adquiere mayor resistencia. Este paso se realiza las veces que sea necesario hasta que la máscara sea lo suficientemente resistente.

Los estados donde se hacen estas máscaras son Oaxaca, en el municipio de San Bartolo Coyotepec, por su barro negro; Metepec, con piezas multicolores; y Jalisco en Tonalá y Tlaquepaque con delicadas piezas.

Máscaras del Marques

Hernán Cortés recibió el título de Marqués, en el Valle de Oaxaca, por la real cédula el 6 de julio de 1529, en reconocimiento a sus servicios a la Corona española, especialmente por el descubrimiento y la población de la Nueva España.

La máscara del marqués está tallada en madera y representa al conquistador español, hombre con rasgos europeos, adulto, ojos azules y barba. Algunas de estas piezas pueden mover la mandíbula inferior con el fin de tener una mejor comunicación y que el espectador pudiera entender los discursos.

Máscaras de Cartón

Las máscaras de cartón eran usadas por nuestros ancestros, la técnica fue pasando de generación en generación y en la actualidad se conoce perfectamente cómo realizar estas piezas. El proceso empieza colocando varias capas de papel encolador en un molde de barro cocido, se utiliza cola de carpintero, un adhesivo de rápido secado, para pegarlas. Después, se aplica una mezcla de yeso y agua para corregir imperfecciones o para decorar. Por último, para pintarlas se utilizan tierras colorantes. La forma de la máscara depende de lo que el artesano quiera.

En la actualidad, todos los materiales que se utilizaban fueron remplazados: el barro cocido por plastilina, plástico o espuma de poliuretano; las tierras colorantes por esmalte y barniz industrializado; y el yeso por alambre o carrizo. Ahora se sigue la técnica de los alebrijes. El municipio de Celaya, en el estado de Guanajuato, es pionero en producción de máscaras, cascos y caballitos de cartón para diferentes festividades populares a celebrarse en el año.

Máscara de Pastorela del Diablo Lucifer

La máscara la realizó el artesano Felipe Hernández en la comunidad de Santo Domingo, municipio de Villa Juárez en San Luis Potosí, ubicada en la Zona Media. Donde existen numerosas tradiciones como danzas, pastorelas, peregrinaciones, topadas de poetas y coros a capella.

Está hecha con una estructura de alambre y baqueta de cerdo, manchada con chapopote y adornada anualmente con papeles de colores. Los bigotes y cejas provienen de la cola de una yegua y los cuernos eran la cornamenta de un chivo.

Esta pieza fue usada por el propio artesano, quien fungió como Diablo Lucifer en la pastorela durante 40 años. Interpretó un personaje burlón, dicharachero, sabio, bailador y antagonista principal en la pastorela campesina, quien junto con otros tres diablos: Pecado, Luzbel y Astucia conformaron la cuadrilla que impedía que los pastores adoraran al recién nacido, niño Jesús. Al finalizar la pastorela, eran derrotados por las armas del arcángel Gabriel y expulsados al infierno.

Máscaras de aves

En Mesoamérica, las aves fueron muy especiales en la vida de los pobladores que, a través de códices, textos novohispanos, cuentos, accesorios de danza y máscaras las han representado.

Los gavilanes, halcones, águilas y quetzales eran apreciados por su belleza y sus plumas. Mientras que la codorniz, el guajolote y diversas especies de patos eran recurso alimenticio. En medicina se utilizó el faisán, el clérigo y el pájaro azul como aves curativas y como amuleto el colibrí.

Máscaras del Danzante Pascola

La máscara está hecha en madera, su barba y cejas largas, de color blanco, son de crin de caballo y cubren todo el rostro.

El Danzante Pascola representa al “viejito de la fiesta” –pasko´ola, en lengua cahíta. Quien porta una cruz en la frente para alejar de la fiesta a los malos espíritus.

Durante la danza realiza movimientos de diferentes animales. Utiliza la máscara en la cara cuando acompaña al venado, cuando danza el “son del pascola” la coloca atrás de su cabeza y mientras permanece en reposo la mantiene a un lado.

 

Máscara de Zacapoaxtla

Esta máscara está confeccionada en cuero moldeado, poli cromada, con cejas, patilla, barba y bigote natural o crin de caballo. El Ayuntamiento de Huejotzingo, en el estado de Puebla, registró ante el Instituto Nacional de Derechos de Autor y del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial la marca y los derechos de autor para la confección y uso del traje de Zacapoaxtla, así como las características y elementos necesarios de la indumentaria tradicional.

Otros cuatro personajes que intervienen en el Carnaval también fueron registrados con el objetivo de preservar la esencia tradicional del Carnaval, tanto en Huejotzingo como en sus presentaciones fuera de la ciudad.

El 6 de agosto de 1997, el Carnaval de Huejotzingo fue declarado Patrimonio Cultural del Estado de Puebla por su valor cultural, tradicional e histórico.

Máscara de Tlahualil

La máscara de la Danza de Tlahualiles llamada también “penacho” fue hecha por artesanos especializados. Es una estructura de 20 kilos y está confeccionada con cartón, papel, poliuretano, plumas, espejos, telas y diamantinas.   En el reverso tiene una imagen religiosa y el nombre del grupo, al frente una “cara” con rasgos humanos que está dentro de otra máscara con rasgos de animal.

Máscara de Mam´lab

La máscara e indumentaria de la Danza de Varitas es una de las más practicadas en la región de la Huasteca Potosina.

Uno de los personajes que participa en esta danza es el Mam´lab, que representa al Gran Creador de todas las artes, quien aparece únicamente durante el son “La Chachalaca”

Se personifica con una máscara de madera con aplicaciones de algodón, calzón y camisa de manta; dos pañuelos rojos atravesando el pecho hasta la espalda y otros dos colgando en ambos lados de la cintura; una bolsita bordada llamada “talega” para guardar objetos; una jícara para colocar la ofrenda; un bastón como símbolo de virtud y en las rodillas lleva cascabeles.

Conchas y Caracoles

En los pueblos de Mesoamérica los moluscos y la concha o caracola que los protegían, tuvieron gran importancia en la religión y en la ideología, debido a que venían del mar se les concedieron valores mágicos y sobrenaturales.

Las conchas se utilizaron para la elaboración de los atavíos en los vestidos de los personajes de la élite. Actualmente, en algunas comunidades todavía se utilizan para adornar prendas y los caracoles como instrumento musical. Estos materiales están asociados con Tláloc porque representan fertilidad, alimentación y generación de vida.

Exposición del Pueblo Wixáritari-Huicholes

Una de las características principales de la religión de los Wixáritari-Huicholes, es la asociación que hay entre el maíz, el venado y el peyote. Los huicholes realizan la fiesta del maíz que representa el ciclo agrícola, otras fiestas se llevan a cabo para atraer la lluvia. Todas dedicadas a las diosas de la tierra, el maíz y el crecimiento.

Las Fiestas de las Primeras Mazorcas tienen gran importancia, en ellas la mara´akame relata un viaje a la tierra de Wirikuta. Durante la temporada de sequía se realiza la peregrinación a Wirikuta, considerado un lugar sagrado donde moran los dioses y donde se recolecta el peyote en las ceremonias para “encontrar la vida”.

Las expresiones artísticas, religión, así como los usos y costumbres de la comunidad Wixáritari-Huicholes, reflejan sus sentimientos místicos y son plasmadas en objetos rituales-tradicionales, en los diseños de la ropa y en la construcción de templos, instrumentos musicales y accesorios.

Implementos Tradicionales para las festividades

Sombreros, penachos, coronas, bastones, bandas e instrumentos musicales se usaron durante ceremonias y rituales donde reflejaron la identidad y enfatizaron los atributos del personaje representado. Previo a las ceremonias, fiestas y rituales; todos los accesorios son arreglados con listones, papeles, bordados, oropeles, plumas, telas lisas o estampadas, lentejuelas, cintas o encajes y acomodados con patrones establecidos por nuestros ancestros.

Los artesanos producen diseños que interpretan la evangelización en el mundo prehispánico, hechos históricos y los usos y costumbres de las comunidades. Estos arreglos son realizados en diversos materiales, desde los sencillos papeles y cartones, hasta maderas y metales.

 

 

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