Museo Nacional de la Máscara

La Casa Marti, hoy Museo Nacional de la Máscara,  fue la oficina de Telégrafos y Juzgados de Distrito en San Luis Potosí, SLP en el año de 1959.

La edificación del Museo Nacional de la Máscara en San Luis Potosí está erigida en cantera rosa, en el remate central del frontis se encuentra un medallón que porta el monograma “RM”, son las iniciales del propietario, Ramón Martí. La piedra clave que se encuentra en el arco de la entrada principal presenta el número 2 correspondiente a la ubicación de la casa.

El inmueble de dos plantas y un entrepiso se dispone en torno de un patio que cuenta con una escalera a modo de puente con balaustrada de hierro forjado. Destacan los pasillos con los arcos de medio punto.

A finales del siglo XIX la estética modernista en arquitectura, propició que las artes decorativas ganaran relevancia dentro y fuera de los edificios, la pintura decorativa de los plafones incorpora elementos mitológicos y románticos. La decoración interior estuvo a cargo de los pintores italianos Guissepe Compiani y Claudio Molina,

Las puertas principales fueron realizadas por el alemán Jorge Unna, un importante fabricante de muebles y decorador de interiores, cuya empresa fue la más destacada en su ramo en la República Mexicana hasta el año 1922, cuando decreció su producción. Proporcionó una gran variedad de estilos de muebles y accesorios, iniciándose de esta manera en México la producción de un mobiliario que compitió en calidad con el extranjero.

Mojigangas

En España, en los siglos XVI y XVII, las mojigangas eran breves representaciones de carácter festivo, los actores disfrazados eran llamados Cómicos de la Lengua y se presentaban en teatros ambulantes conocidos como Compañías de Bojigangas.

Con el tiempo, gracias a su popularidad, el género de la mojiganga junto con la garnacha, la farándula y la comedia, incursiona en muchas tradicionales fiestas públicas en los reinos hispanos, finalmente acabó invadiendo el espacio del entremés barroco en pleno Siglo de Oro Español. Entre los cultivadores del género destaca Pedro Calderón de la Barca con “La mojiganga de las visiones de la muerte”.

En la Nueva España se registra el término de mojiganga en 1637 para referirse a cierta danza durante el Carnaval, mientras que Bartolomé de las Casas hace referencia de ella como parte del teatro misionero.

Con el correr del tiempo las mojigangas, hechas de caña y forradas de papel y tela, recorren las calles principales de los pueblos y se hacen presentes en muchas de las celebraciones y fiestas de México.

En San Luis Potosí, en las celebraciones religiosas de Corpus Christi de los siglos XVII y XVIII, fue tradicional el desfile de mojigangas, que incluía una tarasca, cabezudos y gigantes.

La “tarasca” era una figura que representaba a un dragón, sus movimientos sinuosos y tarascones en medio de la concurrencia contribuían a despejar el camino por donde pasaría el desfile de mojigangas.

Le seguían los “cabezudos”, dos figuras con brazos desproporcionados y una gran cabeza, precedían a los gigantes a manera de lacayos. En San Luis Potosí, se conocían como “el viejo” y “la vieja”.

Continuaban los “gigantes”, figuras de grandes proporciones con vestimenta de monarcas que marchaban en parejas: moro y mora, indio e india, negro y negra, español y española.

En la tradición potosina las cuatro parejas representaban -según el historiador Alfonso Martínez Rosales-, las cuatro partes del mundo conocido después de la llegada de Colón al Nuevo Mundo, Asia, América, África y Europa, así como las razas con que los súbditos de la realeza española identificaban aquellas regiones árabes, indígenas, negros y blancos.

Origen de la Colección del Museo Nacional de la Máscara

La colección original de máscaras que dio origen y que resguarda el Museo Nacional de la Máscara proviene de la donación de 750 piezas originarias de 18 estados de la República Mexicana, de Víctor José Moya Rubio y su esposa Mildred Dingleberry  Himm, quienes a lo largo de 40 años lograron reunir esta importante y singular colección de máscaras del país, que representan a las múltiples tradiciones y a los personajes históricos y simbólicos de la cultura  popular mexicana.

Máscaras e indumentarias elaboradas por diestras artesanas y artesanos, quienes se encargan de dar continuidad a esta práctica ancestral. Su evolución va desde la máscara prehispánica, el ritual y la danza, así como las máscaras de conquista y las relacionadas con festividades.

Sala Ramón Martí Llorent

En esta sala, cada visitante podrá admirar diversas máscaras de otros países donadas al museo por particulares, embajadas y consulados, que se complementa con la exhibición de una colección de máscaras antiguas, únicas en su tipo en todo México por su originalidad y extrañeza.

El recorrido continúa con una sección dedicada al estado de San Luis Potosí, con una amplia exposición donde se entretejen elementos y símbolos que configuran el sincretismo de sus pueblos originarios: Tének (Huasteco) y Xi´oi (Pame).

Sala Víctor José Moya Rubio

Aquí se presenta un panorama general de la máscara mexicana con sus múltiples usos, técnicas y materiales de elaboración; usos y costumbres donde se entretejen elementos y símbolos que configuran el sincretismo de los pueblos.

Se exhiben réplicas de máscaras de procedencia prehispánica que fueron usadas como ornamento o en ritos religiosos funerarios. Además de máscaras de danzas elaboradas a partir de la conquista con función didáctica y evangelizadora.

Sala del Candil

Espléndido espacio para llevar a cabo conciertos, conferencias, presentaciones y actos sociales enmarcados por los majestuosos murales realizados por los artistas italianos Compiani y Molina. En sus plafones se aprecian estucos con temas mitológicos y pinturas con temas relativos a la recolección de frutos, caza y pesca.

Sala Georgina Maya Guzmán

Sala donde se presentan exposiciones temporales, ofreciendo así un espacio más para la oferta cultural de la ciudad de San Luis Potosí.

Sala Juan Granizo

Este espacio es para exposiciones temporales de diversa índole, provenientes de importantes colecciones de reconocidos artistas, artesanas y artesanos locales, nacionales y extranjeros.

Sala Víctor Moya

En la sala Víctor Moya Rubio se puede apreciar la gran variedad de formas y materiales con las que se elaboran las diferentes máscaras que existen en México, que están íntimamente relacionadas con las características culturales y geoclimáticas de las regiones en que se fabrican.

La exhibición contempla una muestra de reproducciones de máscaras de procedencia prehispánica y con la ambientación de la emblemática tumba de Pakal, que fue localizada en el Templo de las inscripciones en Palenque, Chiapas.

En la siguiente sección de la sala Víctor Moya, se cuenta con máscaras pertenecientes a diversas danzas y ceremoniales desarrollados a partir de la conquista europea donde personajes, símbolos y dioses pertenecientes a ritos prehispánicos se entretejen con elementos y santos de la religión católica.

El recorrido de esta sala termina con la representación de uno de los personajes más emblemáticos del sincretismo mexicano: el diablo, quien con su función didáctica en pastorelas, carnavales y danzas nos enseña en triunfo del bien sobre el mal.

Máscara e indumentaria de la Danza de los Cuchillos

En una de las salas de exhibición se encuentra la máscara e indumentaria de la Danza de Cuchillos.

Esta danza se ejecuta en la temporada de carnaval en la región nororiental del estado de Tlaxcala, particularmente en Toluca de Guadalupe en el municipio de Terranate.

La danza se compone de varios sones interpretados con guitarra y violín, entre los que sobresale y le da nombre, el “Jarabe de Cuchillos”.

Los danzantes, llamados cuchilleros, utilizan coloridas máscaras elaboradas en cuero curtido y policromado, con cuchillos atados a los tobillos, realizan complicados pasos de baile, demostrando así su habilidad para no herirse, mientras que otros personajes como el charro, la viuda, el sacerdote, el médico y el catrín provocan la alegría del pueblo a través de sus actuaciones cómicas.

Esta danza también es conocida como “Del Ahorcado”, pues al final de la danza, se simula un amotinamiento del pueblo contra el hacendado español que los agobia por el mal trato que de él recibían, finalmente es ahorcado.

Máscaras e indumentarias de San Luis Potosí

En la Sala San Luis Potosí se puede constatar que la entidad potosina ofrece un amplio abanico de expresiones culturales dispersas en sus zonas, principalmente en el Altiplano, en la Media y en la Huasteca.

Una de estas manifestaciones es la elaboración y uso de máscaras utilizadas con un simple afán de esparcimiento en importantes rituales con concepciones mágico-religiosas.  La Sala está dividida en tres ejes temáticos: Zona Huasteca, Zona Media y Zona Altiplano.

La Zona Huasteca está enclavada en la Sierra Madre Oriental. Aquí se encuentran tres importantes grupos étnicos: Tének (huastecos), Nahua y en menor número Xi-oi (pames), quienes elaboran originales máscaras, principalmente para las festividades de Semana Santa y Día de Muertos.

La Zona Media se localiza en la cuenca del Río Verde, es asentamiento del grupo étnico Xi-oi (Pames), que mantiene una antigua tradición en la realización de máscaras habitualmente de madera, guaje y hoja de lata. Uno de sus principales asentamientos humanos es Santa María Acapulco, en el municipio de Santa Catarina.

El Altiplano se ubica al norte del Estado. En ciertos lugares de esta zona y dentro de sus festividades religiosas se baila la danza de Matlachines. Además, se elaboran máscaras para Carnaval y para Pastorelas en materiales propios de la región.

Exposición del Pueblo Wixáritari-Huicholes.

Las expresiones artísticas, religión, así como los usos y costumbres de la comunidad Wixáritari-Huicholes, reflejan sus sentimientos místicos y son plasmadas en una gran variedad de objetos rituales-tradicionales, en los diseños de la ropa y en la construcción de templos, instrumentos musicales y accesorios.

Una de las características principales de la religión de los Wixáritari-Huicholes, es la asociación que se da entre el maíz, el venado y el peyote.  Las ceremonias más importantes de la comunidad huichol están estrechamente relacionadas con el ciclo agrícola, una de ellas es la Fiesta del Maíz Tostado; otras fiestas que se llevan a cabo son las que preceden a las lluvias, dedicadas a las diosas de la tierra, del maíz y del crecimiento.

Las Fiestas de las Primeras Mazorcas tienen una gran importancia, en ellas el mara´akame que relata un viaje a la tierra de Wirikuta. Durante la temporada de sequía se realiza la peregrinación a Wirikuta, considerado un lugar sagrado donde moran los dioses y donde se recolecta el peyote en las ceremonias para “encontrar la vida”.

Máscaras Prehispánicas y Mortuorias

En el mundo prehispánico existió un profundo sentimiento de culto a los muertos, y en sus ceremonias funerarias la máscara tenía importancia especial.

En la Sala Víctor Moya existe un área dedicada a las máscaras prehispánicas y mortuorias, donde se exhibe una réplica de la tumba de Pakal.

En el México antiguo, el perro, el Xoloitzcuintle común, llevaba a cabo la misión de guiar al difunto hacia el inframundo, usando una máscara de Xolotl que le otorgaba poderes sobrenaturales.

El culto a los muertos, especialmente cuando se trataba de un personaje, implicaba el uso por el sacerdote oficiante de una máscara, que después de la ceremonia era colocada sobre el rostro del muerto. Ejemplo de esto es la máscara de jade encontrada en el Templo de las Inscripciones, en Palenque, Chiapas.

Es probable que esa máscara haya sido inspirada por el deseo de conseguir la inmortalidad, como en las culturas egipcias, grecorromanas, orientales y sudamericanas.

Máscaras de Animales de la Colonia Novohispana

Desde su desembarco en las costas de América, los españoles traían consigo bestias de carga y de tiro como el caballo y la mula, además de animales de granja como vacas, cabras, cerdos, ovejas, gallinas y palomas, también de perros y gatos que, aún con la renuencia inicial de los indígenas para aceptarlos, fueron adaptados a los usos y costumbres de los pobladores de Mesoamérica.

Este conjunto de animales europeos en Mesoamérica, propició un sincretismo cultural que pervive en el arte popular y de manera particular en una serie de máscaras con elementos simbólicos que se utilizan en danzas que narran historias dramatizadas de la conquista territorial, otras son de tipo moralizante que hablan del triunfo de la religión católica con ayuda del apóstol Santiago y un tercer grupo son danzan con canciones y sones donde se recrean los pasos y movimientos de los animales.

Máscaras de la Huasteca Potosina

Dentro del acervo del museo se encuentra una gran cantidad de máscaras de la Huasteca Potosina, sobresalen las realizadas en madera de pemoche, también llamado colorín.

Las máscaras pueden ser decorativas o ceremoniales y las utilizadan los danzantes durante las festividades de Carnaval en el mes de febrero, Semana Santa y en el Día de Muertos –mejor conocido este último como Xantolo- en el mes de noviembre.

Durante la celebración de estas fiestas colectivas tocan música, cantan, danzan y bailan acompañados del intercambio de comida: tamales, adobos, chocolate, café, tortilla, panes, aguardiente y refresco.

Los festejos conservan algunos aspectos de origen netamente prehispánico y se realizan en las milpas, cementerios, atrios de las iglesias, cuevas y cerros donde se cree que residen los dioses.

Máscaras de Barro

En la elaboración de máscaras de barro, por lo general se utiliza la técnica de modelado a mano, donde las piezas son construidas mediante el estirado de la pasta en rollos, placas o bolas de arcilla y se decoran con pintura, esmalte o bruñido.

La pieza se deja al aire hasta que se seca. Las piezas que se encuentran así son muy quebradizas, por lo que deben ser manejadas cuidadosamente. Luego es llevada al horno, en donde pierde toda la humedad y adquiere una mayor resistencia y sonoridad. Puede ser que, con esta cocción, la pieza ya se dé por acabada o que aún requiera de horneados posteriores.

En la fabricación de máscaras de barro sobresalen algunas regiones de México como San Bartolo Coyotepec, Oaxaca por su barro negro; las piezas multicolores de Metepec, Estado de México, o las delicadas piezas de Tonalá y Tlaquepaque en Jalisco.

Máscaras del Marques

El Marques, cuya máscara de madera tallada tiene una apariencia realista, hombre con rasgos europeos, barbado, de cierta edad y generalmente con ojos azules, representa al conquistador español Hernán Cortés, a quien se le concede el título de Marqués del Valle de Oaxaca por Real Cédula el 6 de julio de 1529 en reconocimiento por sus servicios a la Corona española y especialmente en el descubrimiento y población de la Nueva España.

Algunas de las máscaras presentan la posibilidad de mover la mandíbula inferior, con la finalidad de facilitar a los personajes en sus discursos y que el espectador sepa quién está hablando.

Máscaras de Cartón

De uso ancestral, la producción de máscaras de cartón sigue vigente. La técnica consiste en aplicar varias capas de papel encolado a un molde de barro cocido, hecho según la fantasía del artesano. Para su aglutinado se utiliza cola de carpintero, para corregir algunas imperfecciones o agregar decoración, se aplica una mezcla de yeso y agua. Posteriormente la máscara se pinta con anilinas o tierras colorantes.

En la actualidad se han adaptado moldes de plastilina, plástico o espuma de poliuretano que tienen la misma función del barro cocido. Se han cambiado las anilinas por esmalte y barniz industrializado.

Como elemento estructural se utiliza alambre o carrizo, siguiendo la técnica de los alebrijes.

El municipio de Celaya, en el estado de Guanajuato, es pionero en producción de máscaras, cascos y caballitos de cartón para las diferentes festividades populares a celebrarse en el año.

 

 

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