¿Cuarenta días en un encierro o cuarenta encierros en un día?

Mi amigo Edgar acaba de enviarme un mensaje donde me pregunta: ¿Volveremos como si nada hubiera pasado? ¿Volveremos con una mirada distinta? Y si es distinta ¿Será para mejorar o para empeorar? ¿Esta experiencia traumática nos cambiará? Ojalá que todos los mensajes que en estos días recibimos nos invitaran como éste a la reflexión, pues en la realidad cotidiana estamos frente a memes que nos divierten unos, no les encontramos gracia a otros y una buena cantidad hasta nos enfadan pues se encuentran cargados de politiquerías oportunistas, divulgan noticias falsas y pretenden implantar tendencias mezquinas y descalificadoras. Miles de ellos cuestionan si el virus existe, si la pandemia lo es, si realmente es tan grave el problema o son planes malévolos del imperialismo Yanqui, Chino, Bill Gatesiano, Británico, el FMI o cualesquier formidable enemigo que la política ficción financiera que aparece frente a cualquier evento crítico y para la que nos pintamos solos, pudiera imaginar. Desde luego lo que más acontece, aquí y en China, es la descalificación y cuestionamiento ha ya saben quién: el gobierno. Ya lo había comentado a propósito del trance que enfrenta Donald Trump, el desgaste en cualquier gobierno es de por sí natural, pues el ejercicio del poder conlleva darles gusto a unos y disgusto a otros. Y cuando esos «otros» disgustados tienen manera de golpetear lo hacen, cuanto más fuerte puedan mejor, pero sobre todo cuando en el ataque presupuestan la oportunidad de cristalizar intereses particulares. A mayores problemas, aunque sean ajenos o similares a los de otros países, mayor la oportunidad de socavar al adversario, solemos comportarnos como carroñeros come hienas, que ven herido a su objetivo. Es la naturaleza humana, pero se potencializa cuando el premio es el poder y el escenario en la política.

En El Infierno, la primera parte de la Divina Comedia de Dante, Virgilio, el poeta, conduce a este por las riberas subterráneas del reino de Hades, y respecto de los diversos penitentes y condenados que va encontrando a su paso, registra que cada uno de ellos tienes sus justificaciones y argumentaciones para encontrarse en alguno de los sitios del Reino de Hades, sin distinción de clase, raza, preparación intelectual, etc. Todos iguales ahí metidos, tal como puede acontecer en esta pandemia. Al igual que le sucedió a Dante por doquier se escuchan gemidos y lamentos todo el mundo se queja sobre todo cuando se encuentra encerrado. El encierro y el infierno se viven de muchas maneras en un solo día; en un solo día se pueden vivir 40 infiernos: 40 encierros; en uno mismo con los demonios del estrés por no tener ya trabajo, por el temor o inminencia de perderlo; por la enfermedad que nos ha alcanzado o por el temor a que llegue a alcanzarnos; el encierro que viven aun los que no están recluidos en su casa o en algún  hospital  pero que tienen que salir sin cancerbero ni guía alguno como Virgilio a enfrentar al demonio más temible por ser desconocido: el coronavirus. No hablo solamente de los médicos, enfermeras, técnicos y empleados de sanidad sino de los obreros y obras que se arriesgan para que otros muchos puedan sobrevivir. Hablo de los empleados esenciales que se aplican en la confección, distribución y ejecución de programas emergentes de apoyo económico para las familias. Las micro, pequeñas y medianas empresas que representan la posibilidad de conservar empleos para la población, la posibilidad de mantener lo más estable que sea posible la economía evitando que la inflación se dispare fuera de cualquier alcance. Todo esto no será posible aún con el sacrificio de muchos héroes anónimos como albañiles, mecánicos y otros actores que ya enumere. Habrá un costo muy alto para todos y en todos los países; la prioridad superior a la económica es la salud y es por donde nuestro gobierno estatal y federal ha decidido empezar, pero no faltan los oportunistas y buitres que aprovecha el momento: no importa la deslealtad de hacer aparecer como errores las políticas públicas que se hacen o dejan de hacer en un momento de emergencia y excepción que deviene de un fenómeno biológico y que no es particular de un país. No importa hay que mordisquear, arañar y apuñalar aunque sea con noticias falsas; con cifras inventadas con prudencia y estrategia no se ha caigo en la tentación de declarar el Estado de Excepción para mantener el debate público y preservar los derechos humanos hasta donde sea posible. Ojala no lleguemos a lo más profundo del encierro y del infierno.

PEDRO OLVERA / Retruécanos / San Luis Potosí, S.L.P. / Abril 18 de 2020.

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