La hazaña del doctor Zermeño

Dos voluntades de poder se enfrentaron durante meses para apropiarse del mando de la Universidad.
Una de ellas encarnó la continuidad, la defensa de intereses creados, el mantenimiento de complicidades institucionales, la opacidad, el nepotismo, la protección de privilegios y la supervivencia de un modelo de Universidad patriarcal, renuente al cambio y enemiga de la democracia interna.

El otro proyecto propuso desterrar lo arcaico y corrompido. Se apropió de la bandera del cambio y logró cautivar a la mayoría de los electores con derecho a elegir al nuevo Rector. El aspirante que se comprometió con el proyecto de transformación convenció y logró dar vida a una renovada esperanza debido a su historial profesional y académico; su testimonio de vida acredito congruencia e integridad.

Propuso abrir las puertas a una nueva era en la que el espíritu universitario fortaleciera su función de vanguardia académica, de investigación, difusión de la cultura y para impulsar el progreso de la sociedad. Persuadió de que otro ideal de Universidad es posible.

Supo encender la chispa de una mudanza necesaria. Esa donde la transparencia y rendición de cuentas se convierten en timbre de orgullo; donde los presupuestos se ejerzan con honestidad y sin patrimonialismos; una corporación educativa donde las licitaciones de obras de infraestructura y contratación de servicios no beneficien a una hermandad de cortesanos y familiares; una universidad comprometida con la defensa de los derechos de las alumnas que padecen hostigamiento sexual y que no solapa ni le tiembla la mano para castiga a los acosadores; una máxima casa de estudios abierta a la democracia y a la inclusión donde las decisiones se tomen de forma horizontal y colectiva.

Al final de este choque antagónico de proyectos ganó la voluntad colectiva más progresista y que mejor está interpretando los difíciles y convulsionados tiempos que vivimos. Vencieron los que no tuvieron miedo a los desafíos del futuro ni a la nomeklatura que por décadas ha mandado en la Universidad. Perdieron los que se atrincheraron en la defensa del statu quo.
El todavía rector Manuel Fermín Villar Rubio operó mal su propia sucesión. Quería dejar heredera pero cometió numerosos errores a lo largo del proceso electivo. Perdió el liderazgo de su clan, su grupo se dividió y algunos lo traicionaron.

La que en la etapa final era su candidata, Dolores Lastras, no logró convencer a pesar del innegable prestigio y trayectoria universitaria que le caracterizan. El otro candidato afín al rector, Anuar Kasis Ariceaga al verse traicionado por su mentor decidió morir con dignidad en el campo de batalla, pero con ello dinamitó la votación que Villar Rubio necesitaba para imponer a su candidata. Los números de la elección del pasado primero de abril son emblemáticos del tamaño de la derrota del rector Manuel Fermín Villar Rubio: El Dr. Alejandro Zermeño Guerra obtuvo 33 votos luego de una segunda ronda de votación; la arquitecta Dolores Lastras Martínez recibió 22 votos; por su parte el Arquitecto Anuar Kasis Ariceaga obtuvo 0 votos y el Dr. Miguel Aguilar Robledo 0 votos.

Con este contundente triunfo del Doctor Zermeño termina una época en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Los derrotados pierden mucho. Por ello es probable que los más despechados se conviertan en conspiradores de tiempo completo y que a partir de ahora se dediquen a sabotear el proyecto de transformación del Dr. Zermeño.
CARAS Y CARETAS.

Un manto de impunidad le ha sido regalado al ex diputado local Enrique Flores Flores luego de que la jueza Dora Irma Carrizales le dictara una sentencia ridícula por el delito de cohecho cometido hace casi tres años cuando intentó, en complicidad con otros diputados, extorsionar al alcalde de Ébano, Crispín Ordaz. Flores Flores formó parte de la famosa “Ecuación Corrupta” que quiso sangrar a varios presidentes municipales a cambio de limpiar las irregularidades de sus cuentas públicas cobrando por ello un 10% del total del monto de las anomalías encontradas.

La sentencia de la jueza condenó a ocho meses de prisión al exdiputado Flores Flores, pero no pisará la cárcel. Al delincuente de cuello blanco se le ha dado la oportunidad de cumplir su condena en libertad. Una sentencia que se convierte en un monumento a la impunidad y que agravia a la sociedad.

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