¿Y cómo la ven?

A la mejor estos tiempos no llegarán a ser los más difíciles de nuestras vidas. A la peor, sí, pero podremos salir más o menos bien librados, de tal manera que nos puedan servir de lección para el futuro.

A quienes empiezan a ver el actual gobierno como “el peor fracaso”, los feligreses del líder contestan con fe religiosa que será “el mejor” de la historia y le reiteran sus bendiciones. También responden que los mandatarios anteriores eran todavía más malos y corruptos, pero quienes critican hoy a AMLO no lo cuestionaban.

A lo largo de estos años, en realidad, no fuimos pocos los que nos burlamos de Fox por inculto y superficial, censuramos a Calderón por sus arranques y sus muertos, e impugnamos a Peña Nieto por corrupto, cínico y limitado… a veces por escrito en publicaciones. Un twitstar se pregunta ahora por qué nos vamos a quedar callados con López que es también todo eso e incluso en mayor medida, además de “un mitómano extremadamente necio”.

Y podríamos esperar que estos meses nuestro presidente insistiera en que el país que recibió estaba hecho un desastre, pero viene al caso recordar que se tenían reservas internacionales muy altas, un crecimiento económico superior al 2%, un peso estable a lo largo de varios años, inversión extranjera directa bastante elevada, una inflación baja y manejable…

De hecho, él lo reconoció al decir desde el principio que “existen equilibrios macroeconómicos, (sin) ninguna señal de que caigamos en crisis” (2/I/2019), y lo confirmó durante el año al reiterar que “la economía de México está sólida, no tenemos ni un asomo de crisis, de recesión” (2/X).

A su vez, quienes se dicen ‘anti-AMLO’ suelen preguntar: “A ver, hay algún logro de este gobierno, por mínimo que sea”, y sus compañeros contestan “Ninguno” o acaso mencionan algo negativo con sobrada ironía. Aquí, este escribano afirma que “ahora la corrupción es considerada delito grave en la Constitución”, pues era ésta una omisión relevante a lo largo de 4 sexenios. Fuera de ello y quizá junto a los aumentos del salario mínimo, casi todas las decisiones han tenido efectos contraproducentes aunque puedan haber sido bien intencionadas.

Los próximos meses el presidente va a tener un encontronazo con una realidad muy diferente a la de sus “otros datos” y su festiva imaginación. En su momento, claro, hablará también de la maldición del coronavirus y del brutal choque económico que nos llegó de fuera. Sin embargo, en sus 16 meses de gobierno logró que la economía mexicana sea más vulnerable al cancelar importantes inversiones con un grado de avance significativo, lo que junto a otros errores graves ha afectado la certidumbre y la confianza de los inversionistas, con caídas en el crecimiento y el empleo.

El presupuesto del sector Salud se redujo para los dos primeros ejercicios anuales de este sexenio, en adición a lo que ya había sucedido en la segunda mitad del anterior con Peña Nieto. Además, resultó un desastre la eliminación del Seguro Popular y su sustitución por el Insabi.

Miren, podremos confirmar que nuevamente va a tratar de hacerse la víctima a partir de todo esto y va a apelar a su conocida habilidad para que lo negativo se le vuelva positivo, aunque no pienso que eso ya le alcance para mucho.

Creo, eso sí, que este gobierno apenas empieza a enfrentar las ingratas complejidades de gobernar, con decisiones usuales entre  inconvenientes: más de algo (salud) a costa de una contraparte (la economía) y viceversa. Tal como concluye Bill Gates es menos difícil recuperar la economía que revivir a los muertos, pero evitar tantos decesos por la pandemia casi significa parar la economía a fin de evitar contagios.

Igual supongo que don AMLO ya empieza a percibir el colapso, aunque no deja de lado su sonrisa burlona ni su tono envalentonado. Nos advierte que él nunca va a cambiar sus creencias sólo para hacer lo mismo que otros o lo que sugieran los organismos internacionales.

Bueno, este jueves la Secretaría de Hacienda presentó sus pre-criterios de política económica hacia el año 2021, con las modificaciones necesarias para el 2020 en curso: Una contracción de hasta -3.9% (en lugar de un crecimiento de 2.0); un precio promedio para la mezcla mexicana de petróleo de 24 dólares por barril (lejos de los 49 que se tenían previstos); un balance primario de -0.4% del PIB (frente al superávit anterior). Y para el año próximo proyectan una recuperación igualmente optimista.

Ese mismo día el presidente dijo que no coincide con esos criterios (tiene otros datos) y eso resulta bastante delicado pues es una muestra de desconfianza en sus economistas, como ya sucedió con los responsables de salud (aunque en este caso después ha rectificado). Incluso puso a su transformación por encima de todo al decir que el coronavirus le cayó muy bien, sin considerar a los mexicanos que mueren o pierden su trabajo y sus ingresos.

El secretario de Hacienda no está entre los peores funcionarios, pero parece que hasta los buenos se vuelven malos con este presidente, y si Arturo Herrera tuviese que renunciar no creo que haya un economista sensato que aceptara esa responsabilidad. El Gabinete tampoco se ve nada bien y mis experiencias me llevan a desconfiar de los funcionarios que son oportunistas o corruptos y más tontos que yo, pero igual deberemos entender que vienen a ser ‘lo que tenemos’.

En fin, el mandatario va de escándalo en escándalo… algunos de ellos muy tontos para su investidura (los molinos de viento en la sierra de Baja California, el saludo a la madre del peor narcotraficante estos tiempos), y otros mucho más alarmantes o riesgosos como los que van en contra de la defensa de la economía y la población ante la grave pandemia. A estas alturas lo peor tal vez sea su desconocimiento económico, con un discurso de odio contra “los de arriba” y quienes serían sus enemigos.

La verdad, nunca pensé que fuera a estar tan duro todo esto para nuestro país. Queda lo que haga la sociedad civil, aunque el presidente todavía podría recapacitar en su informe mañana domingo al apoyar con alivios fiscales a los empresarios que crean empleos.

Sería bueno saber cuánto va a durar la agonía, y si ciertas entidades federativas estarían en posibilidad de lograr algo más. Son, pues, días de definiciones.

* EN ESTE ENCIERRO OBLIGADO, sigo el ejemplo de don Francisco de Quevedo: Retirado en la paz de estos desiertos/ con pocos pero doctos libros juntos/ vivo en conversación con los difuntos/ y escucho con mis ojos a los muertos.

cpgeneral@gmail.com

@cpgarcieral

CARLOS PÉREZ GARCÍA / Opinión / Ciudad de México / Abril 4 de 2020.

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