Indiferencia

Todo estaba vacío por dentro y por fuera, era como si alguien o algo se hubiera llevado todas las razones, y las sinrazones hacia un pozo lejano, o algún otro lugar cualquiera. Todo estaba vacío, ni sombra de perchas, cajones, bibliotecas, sanitarios, cocinas. Sólo aquella duda que más que una duda era una incerteza, por ende también nada.

Nadie hacía preguntas, nadie parecía darse cuenta de la desaparición, sólo él, y eso era horrible, porque no tenía con quién compartir su angustia, su miedo, su espanto. Todo estaba vacío, desaparecida la piel y los huesos, el rincón del vértigo, la bruma, la espesura del bosque, el almanaque, lo siniestro, la alegría, no había nada en ninguna parte.

Estaba en medio de la nada, con aquella gente moviéndose y hablando amigablemente, y él sólo estaba allí, oyendo el ronquido de sus tripas, porque tenía hambre y no había comida. Miró por debajo de sí mismo, y vio que estaba sentado sobre la nada, hasta que se disolvió sin un grito, en el infinito del todo.

Y ni un resplandor quedó en el recuerdo de la falta de nostalgia.

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