¡Libres y Sin Miedo! Nos Queremos Vivas

Hoy San Luis olía a mujer.

He de confesar que no fue fácil decidir a participar en esta marcha tan anunciada y no porque faltaran razones para exclamar el enojo, el repudio a la violencia que día a día se ha incrementado. Quizás las excusas estaban en el sentido de si realmente la caminata sería por razones legítimas, como acabar con el miedo a que mis hijos regresen sanos y salvos, que por un momento imaginarme la desesperación e impotencia de unos padres que pierden una hija o que retorne violentada o asechada por quien sabe quien, cobijado por la impunidad.

Finalmente, ver a mi hija decidida me dió la energía necesaria para acabar con las excusas.

Dos de la tarde, éramos pocas y un calor seco que penetraba en las playeras negras. A los pocos minutos fuimos sumando y luego multiplicando. Carteles, madres e hijas, personas con capacidades especiales, universitarias, mujeres de la tercera edad, de todos los puntos de San Luis que en un santiamén ya no cabía ni un alma.

He de confesar que faltaba el aire, ese que regresó cuando comenzaron las voces al unísono para gritar lo que muchas mujeres tuvieron que callar.

Algunas que enmudecieron para siempre. Se me «enchinó» la piel, pues me imaginé ese contingente acudiendo al auxilio de una mujer desesperada. De una ama de casa golpeada y llorando en el silencio de su hogar sin recibir defensa ni apoyo.

Esos gritos que iniciaban y no tenían fin, pues éramos tantas que no terminaba un contingente cuando el otro tenía ya su propio lema.

Cada una tendría sus razones para estar presentes, quizá coincidiera en algunos puntos y algunas demandas, quizá no, pero había al final de cuentas solidaridad por las propias.

Mis ojos observaban: todas las edades, niñas, jóvenes, abuelas con el brazo en alto para demandar respeto.

Me gustó percibir que no estaba sola, me gustó imaginar que cada mujer desde su propia trinchera estará haciendo cambios en el interior de su hogar, con sus hijos, con sus acciones. Me gustó creer que como maestra podré continuar mi lucha promoviendo la lectura como una puerta para crear conciencia.

Me gustó gritar a nombre de las que no tuvieron voz.

He de confesar que en el momento de observar irá, de pasar de una caminata a otro tipo de actos violentos decidí que era momento de retirarme.

Este día en mi memoria quedará grabado. Retumbarán los cantos, los aplausos, los rostros, las demandas, las fotos de las ausentes, las caras de los hombres guardando silencio en las aceras de las calles pero sobre todo guardando respeto, un respeto que hacía ya un tiempo andaba extraviado y que encontró su rumbo por todos los rincones del mundo un 8 de marzo del 2020.

MAYRA DÍAZ LARA / Imágenes de Eduardo Caballero / San Luis Potosí, S.L.P. / Marzo 9 de 20202.

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