El Bolero con la Silla del Poder. La Historia de «El Muñiz»

El paisaje de las plazas públicas de San Luis Potosí no se concibe sin un buen bolero que lustre el calzado con una plática amena.

«Mi nombre es Bernabé Ávila Ramírez, soy conocido como el mejor aseador de calzado de San Luis». Así se presenta «El Muñiz», ubicado en la Plaza de Armas ante la solicitud de una entrevista.

Bernabé se jacta de poseer la silla del poder.

Por la vieja silla de color negro se han sentado a lustrar sus finos zapatos los gobernadores Guillermo Fonseca Álvarez, Fernando Silva Nieto y Carlos Jonguitud, después, ni Marcelo de los Santos, ni Fernando Toranzo se pararon con él; sin embargo, con una carcajada en el rostro, dice que su silla es el lugar que ha concentrado mayor poder.

De trato afable, “El Muñiz” es un señor mayor de edad, siempre sonriente a pesar de los fuertes rayos del sol desde el mes de febrero y hasta los más intensos en el año, cubiertos apenas por un pequeño árbol en la plaza principal de la capital.

Recuerda que sus inicios fueron a los 10 años de edad, trabajando en el barrio de Tlaxcala en la capital potosina, para sacar dinero y ayudar a sus padres.

Después llegaría a los arcos de Palacio Municipal para finalmente establecerse, desde hace 30 años, frente a la sede del Congreso del Estado.

«Era una época muy diferente a la de ahorita, todos en aquella época trabajamos desde muy chavitos. Cada uno, ahí, en el barrio. Yo inicié el trabajo en mi barrio, Tlaxcala, y de ahí me vine al Centro», recuerda, al mismo tiempo que bolea unos zapatos negros de un cliente que escucha atento sus anécdotas.

Recuerda bien el año, 1970, por el Mundial de Fútbol en México, donde se coronaría campeón del mundo el mítico Pelé con el equipo brasileño.

«Yo estoy aquí en el centro desde el 70’- Ese año fue el Mundial de México 70’ y veíamos los juegos en Sears, porque ponían una televisión grandota y todos estábamos afuera del negocio y se llenaba y se llenaba de gente, los coches no podían pasar y era una pitadera, era una muy bonita época».

Del dinero que gana no se queja, le sirvió durante muchos años para mantener a su familia. A 50 años de distancia, reconoce, sin embargo, que ahora ha bajado la clientela por la siguiente razón:

«Ha bajado el trabajo por las modas, ahora hay muchos tenis y muchos zapatos sintéticos, pero aún así se conserva que la gente se venga bolear, pero yo no batallo, porque tengo mis clientes que desde hace muchos años todavía conservan la tradición de bolearse».

A lo largo del tiempo ha tenido todo tipo de clientes: desde los más humildes que son personas que vienen de comunidades más pequeñas a la capital y aprovechan para bolear los zapatos, hasta los empleados de oficina de Palacio de Gobierno, también están los diputados locales.

Acusa que más de uno le ha quedado a deber en alguna ocasión, sacarle el lustro a su calzado.

Los supuestos representantes sociales de ahora son diferentes, así los describe, quien ha visto pasar legislatura tras legislatura:

«Fíjate que ha cambiado mucho la perspectiva de los diputados, antes los legisladores eran más de pueblo, llegaban y se sentaban aquí y platicaban y cotorreaban, saludaban a la gente, ahora parecen artistas de alfombra roja, llegan directamente al Congreso y salen directamente a sus carros, ya no hay diálogo con la gente».

Bernabé termina así la plática, se le han juntado los clientes, luego de algunos minutos de charla, donde perdió un poco la concentración de estar al mismo tiempo recordando sus andanzas como bolero y poner la tinta y cepillar los zapatos que tiene delante de sí.

Como cito el inicio, el paisaje de las plazas públicas de San Luis Potosí no se entenderían sin un buen bolero con plática amena, él es uno de ellos.

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