Los ODS: Perspectivas y ¿realidades?

La Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas constituye un hecho en el que tras tres años (2012-2015) de discusiones públicas por parte de los líderes mundiales y países hegemónicos, con participación de los países en vías de desarrollo, pudieron establecer objetivos en un marco común para el desarrollo global, tanto de los países más desarrollados como de los países subdesarrollados. Los ODS fueron un logro político a nivel mundial a pesar de la polarización y la multiculturalidad en la que vivimos. 

No obstante, han sido sujetos de muchas críticas, y el camino a cumplirlos para el año 2030 luce complejo y complicado. El  diagnóstico del cual se parte es que la agenda tras 5 años desde su aparición, seguimos viendo una falta de voluntad política de los países y líderes mundiales para cumplirla. El análisis consiste desde un fondo más profundo, el problema principal radica en que es una agenda establecida por los mismos países que controlan las agendas de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) y quienes tienen mayores aportaciones económicas en las Organizaciones Internacionales (OI). Adicionalmente, es una agenda que pudiera verse disfrazada en un discurso de sostenibilidad, cuando lo único que pretende es continuar con un modelo que les permita seguir subsistiendo como hegemonías mundiales. 

Algunos autores y críticos de la agenda perciben que con ella se da entrada a una última estrategia para la supervivencia del Comité de Ayuda para el Desarrollo (CAD), y que sin duda contribuye a que el modelo neoliberal continúe progresivamente a privatizar sectores importantes para el desarrollo humano y de bienes públicos comunes, así mismo, se plantea la privatización y la militarización de la ayuda. La agenda 2030 parte de una lógica de continuidad, pero con un discurso basado en la sostenibilidad ambiental, económica y social de los fracasados objetivos del milenio.

En el seno de esta discusión, podemos notar polarización, y que lo que plantea esta agenda no será suficiente para reducir las desigualdades internacionales. Rafael Domínguez (2018) menciona, y coincido con su análisis, en que el verdadero cambio debe venir desde las reglas asimétricas de cooperación y desarrollo, en donde se privilegie y se ponga como cúspide del sistema al ser humano, un sistema redistributivo de manera justa de los capitales. En pocas palabras, recuperar agendas eco-desarrollistas con límites mucho más claros a los sistemas de extracción y acumulación. 

ALEJANDRO SOLCHAGA / Contraposición / León, Guanajuato. / Febrero 24 del 2020

TW: @alexsol26

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