«La Familia, lo que Más Cuesta Dejar»: Soldados del Ejército Mexicano

Dejar la familia es el sacrificio más grande que hicieron los sargentos Marco y Mayra para poder ser parte del Ejército Mexicano, ambos destacamentados a la Décimo Segunda Zona Militar con sede en San Luis Potosí.

Oriundos del estado de México y de la Ciudad de México respectivamente, llegaron al estado potosino después de estar en varias entidades para hoy formar parte de la milicia potosina.

«Soy del Estado de México, primero me di de alta en Santa Lucía, en el primer batallón de materiales de guerra,  a la hora de irme a la escuela para sargento segundo y ascender a mi primer grado me cambiaron para acá, costó al principio, porque sí fue un pequeño sacrificio no estar en constante convivencia con mi familia», narra el sargento Marco.

Para poder ascender hay que dejar padres, madres, hijos y esposas, mientras la familia se queda en casa para mantener comunicación solo vía telefónica con los sargentos, ellos tienen que ser enviados a otros estados a seguir con su preparación. Los sueños máximos de ambos es convertirse algún día en Secretarios de la Defensa Nacional.

La sargento Mayra dijo: «yo tengo mi familia aquí, pero para causar alta yo tuve que ir a Guadalajara a las clases de transmisiones, creo que fue un año  muy satisfactorio, pero a la vez sí deja uno atrás a la familia».

Mayra con 7 años en el Ejército Mexicano y Marco con 12, son dos ejemplos de disciplina dentro de la institución, sus actividades comienzan desde muy temprano, incluso cuando todavía el sol no se asoma en el horizonte.

«Me despierto a las 5 de la mañana, me levanto y me preparo, hay algunas personas que mencionan que es un sacrificio, pero yo me levanto con toda la actitud y con las ganas de empezar a trabajar, hacemos el desayuno a las 7 de la mañana y media hora después estamos pasando lista de revista de que estén bien uniformado, planchado, boleado y con corte de cabello”, explica Marco.

Aunque se creyera que mujeres y hombres tienen actividades distintas no es así. Mayra explica que «no hay gran diferencia de las actividades que realizan hombres y mujeres en el Ejército son muy semejantes e inclusive en cuanto a fuerza y adiestramiento recibimos el mismo».

En el caso del sargento Mayra, el ejemplo de su padre ayudó para que se decidiera a conformar las filas del Ejército.»Siempre quise ser como mi papá, mi papá perteneció a las filas de este glorioso Ejército y siempre me motivó ver todos las actividades que él hacia».

Mientras que Marco fue ver al Ejército en las calles lo que despertó en él su interés para vestir de verde olivo. «Desde muy niño fue mi sueño al ver pasar los soldados en la calle me preguntaba qué se necesitaba para entrar ahí, poco a poco fue interiorizando hasta causar alta como soldado de sanidad, después fui ascendiendo poco a poco y ahorita estamos aquí en San Luis Potosí».

Con un grado mayor se encuentra Guillermo, subteniente de infantería. Él narra que trabajar en labores de patrullaje en municipios de Michoacán ha sido hasta ahora la labor de mayor riesgo que le ha tocado vivir durante los siete años que lleva trabajando.

«Al principio cuando ingresé al Ejército como el medio año salimos a operaciones de alto impacto en Michoacán, en ese entonces laboraba personal de autodefensas, donde todas las personas estaban armadas, civiles entre ellos y no sabías qué podían hacer, la problemática en ese estado en ese tiempo era muy difícil, nos impactaba mucho», dijo.

Este 19 de febrero, se conmemoró el Día del Ejército Mexicano, una institución de la cual según quienes la conforman, es un pilar fundamental histórico y actual de la sociedad mexicana.

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