El soberbio no podrá nunca conocer a Jesús

No debes odiar. Dices: “no me gusta esta persona”. El odio es una enfermedad, destruye primero a tu enemigo, pero a ti también, Te destruye el odio. Me preguntaban es mi secreto, mi secreto es una buena esposa, y la amistad, la amistad que no puedes comprar. Cuando tenía ocho 8 años mi padre me dijo: “hay más placer en dar que en quitar o recibir”. Pensé que estaba loco. Pero no.

Ahora que tengo hijos, nietos y bisnietos, sé que lo que das es lo que recibes. Si no das nada, no recibes nada. Esto es importante. Quiero enseñarle todas las personas jóvenes que si no aprenden de nosotros, no habrá futuro. Y nosotros nos estamos acabando, nuestra generación, la de oro, está dejando de existir nos estamos yendo. El soberbio no podrá nunca conocer a Jesús.

Dios satisface mi necesidad, sacia mis hambres Su inmensa piedad, conmigo anda y es mi guía cada minuto este día, y todos los días, ahora tengo sabiduría, verdad, paciencia, bondad, amor; todo lo puedo, todo lo soy en Cristo, luz del alma mía. Dios es salud, no puedo enfermar, Dios es mi ayuda, no falla jamás; Dios es mi todo, voy sin temor bajo las alas de su amor. Oración de fe por Hannab More Kobaus. El soberbio no podrá nunca conocer a Jesús.

El éxito es la suma de pequeños esfuerzos repetidos día tras día, la vida cambia en un segundo, lo que crees que hoy es cierto, tal vez mañana no lo sea, no te aferres a nada, perdona, olvida y empieza de nuevo cada que sea necesario, lo importante no es comenzar sino volver a empezar, cambia de camino si no te gusta el que recorres ahora, vive con pasión de día de hoy y todos los días.

Pablo Coelho, nos regala una hermosa reflexión que dice que En muchos momentos de la vida el silencio es la respuesta más sabia. Nada hay más hermoso que la hermandad de las hermanas y los hermanos en una familia, es una bendición de Dios. «El payaso no soy yo, sino esa sociedad, tan monstruosamente cínica e inconscientemente, ingenua que interpreta un papel de seria para disfrutar, para disfrazar su locura» (Salvador Dalí) El soberbio no podrá nunca conocer a Jesús.

San Agustín a corazón abierto nos deja ver que hay un lamento oculto que no puede ser oído por el hombre; pero, si el corazón está invadido por un deseo tan ardiente que la herida del hombre interior llegue a expresarse con voz más clara, entonces se investiga la causa y el hombre dice dentro de sí: «Tal vez se lamenta por esto o tal vez le sucedió esto otro”.

Pero ¿quién puede comprender estos lamentos sino aquel ante cuyos ojos y oídos se lamenta? Porque, si bien los hombres que pueden oír los lamentos de un hombre, frecuentemente lo que oyen son los lamentos de la carne, pero no oyen al que llora en su corazón. El soberbio no podrá nunca conocer a Jesús. De Humildad podemos contar con ejemplos de varios príncipes, reyes y emperadores.

Los ejemplos de los grandes del mundo causan ordinariamente más impresión que la piedad, aun extraordinaria, de los simples particulares, lo cual confirma la verdad de aquel axioma tan conocido: «El pueblo sigue el ejemplo de su rey»: Regis ad exemplum totus componitur orbis. Bien podría citar aquí un considerable número de aquellos personajes, a fin de animarte a imitarlos y a oír todos los días la Santa Misa; mas para no exceder los justos límites, me contentaré con indicar algunos.

El gran CONSTANTINO asistía todos los días al Santo Sacrificio en su palacio; pero esto no bastaba a satisfacer su piedad, pues cuando marchaba a la cabeza de sus ejércitos y hasta en los campos de batalla, llevaba consigo un altar portátil, no dejando pasar un solo día sin ordenar que se celebrasen los divinos misterios, a lo cual debió las señaladas victorias que obtuvo sobre sus enemigos.

LOTARIO, emperador de Alemania, observó constantemente la misma piadosa práctica: en la paz como en la guerra, quiso oír hasta tres Misas diarias. El piadoso rey de Inglaterra ENRIQUE III, hacía lo mismo con edificación de toda su Corte; y su devoción fue recompensada por Dios, aun temporalmente, concediéndole un reinado de cincuenta y seis años.

Mas para conocer bien la piedad de los monarcas ingleses y su asistencia continua al santo sacrificio de la Misa, no es preciso recurrir a los siglos pasados: basta fijar la consideración en aquella grande alma, cuya muerte todavía llora la ciudad de Roma; me refiero a la piadosa reina MARIA CLEMENTINA.

Esta princesa, según ella misma tuvo la bondad de confiármelo muchas veces, tenía sus principales delicias en oír la Santa Misa, así que lo hacía diariamente y en el mayor número posible. Asistía a ellas de rodillas, sin almohadillas para las rodillas, sin apoyo alguno, inmóvil, cual una verdadera estatua de la piedad.

Una asistencia tan fervorosa al Sacrificio inflamó de tal manera su corazón en el fuego de amor a Jesús, que todos los días quería hallarse presente a tres o cuatro reservas del Santísimo Sacramento, que se celebraban en distintas iglesias, haciendo ir al galope sus caballos por las calles de Roma, para llegar oportunamente a todos los templos. iAh! qué torrentes de lágrimas vertía esta virtuosa señora para conseguir saciar el hambre que tenía del Pan de los Ángeles!

Hambre tan devoradora que la hacía padecer noche y día, y era que su corazón sentíase constantemente transportado al objeto de su amor. Sin embargo, Dios permitió que sus apremiantes súplicas no fuesen siempre escuchadas; y lo permitió a fin de hacer más heroico el amor de su sierva, o más bien para hacerla mártir del amor, pues, a mi juicio, esto fue lo que abrevió los días de su vida, de lo cual es una prueba evidente la carta que me escribió estando ya moribunda.

Lo que hay de cierto es, que si se vio privada de la frecuente Comunión sacramental, no por eso perdió el mérito; porque aquellos dulcísimos deliquios del amor que no podía experimentar comulgando sacramentalmente, se los proporcionaba la Comunión espiritual que renovaba, no sólo siempre que asistía a la Santa Misa, sino también muchísimas veces al día, y con un gozo interior inexplicable, siguiendo con exactitud el plan trazado.

Ahora yo pregunto: este ejemplo tan sublime y edificante, del que puedo asegurar haber sido testigo de vista (sigue contando el narrador), puesto que ha pasado en mi presencia, y que en nuestros días ha sido en Roma objeto de admiración, ¿No bastará para cerrar la boca de los que alegan tantas y tantas dificultades para dispensarse de oír todos los días la Santa Misa y hacer en ella la Comunión espiritual?

Pero todavía no me satisface que procures imitar a esa virtuosa reina en su ardiente deseo de unirse a Jesucristo; yo quisiera que la imitases también en el celo con que trabajaba con sus propias manos para proveer de vestiduras sagradas a las iglesias pobres: ejemplo que siguieron en Roma muchas señoras distinguidas, que se recreaban en una ocupación tan piadosa, como útil y modesta.

Conozco fuera de Roma una gran princesa, tan célebre por su piedad como por su esclarecido nacimiento, que oye todos los días varias Misas y tiene a sus doncellas frecuentemente ocupadas en trabajos de mano para el servicio de los altares, hasta el punto de entregar cajones de corporales, purificadores y otros ornamentos, bien a misioneros, bien a predicadores, para que éstos los distribuyan a las iglesias, a fin de que el Divino Sacrificio se celebre en todas partes con la decencia y pompa convenientes.

Cuando reflexionaba la lectura del libro de Samuel 5, 1-7. 10, a propósito de que el soberbio no podrá nunca conocer a Jesús al referirse a todas las tribus de Israel cuando se presentaron ante David en Hebrón y le dijeron: «Hueso tuyo y carne tuya somos, desde hace tiempo, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, eras tú el que dirigía las salidas y entradas de Israel. Por su parte, el Señor te ha dicho: “Tú pastorearás a mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel”.

Los ancianos de Israel vinieron a ver al rey en Hebrón. El rey hizo una alianza con ellos en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos le ungieron como rey de Israel. David tenía treinta años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años; siete años y seis meses sobre Judá en Hebrón, y treinta y tres años en Jerusalén sobre todo Israel y Judá. David se dirigió con sus hombres a Jerusalén contra los jebuseos que habitaban el país.

Estos dijeron a David: «No entrarás aquí, pues te rechazarán hasta los ciegos y los cojos.» Era como decir: David no entrará aquí. Pero David tomó la fortaleza de Sión, que es la ciudad de David. David iba engrandeciéndose, pues el Señor, Dios del universo, estaba con él.

En un Evangelio Marcos 3, 22-30 nos describía en su narración que los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios. Él los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas y les dijo: ¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir.

Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Eso se dice en el evangelio de Marcos, nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.

Marcos termina su evangelio diciéndoles que todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre».
Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo. El soberbio no podrá nunca conocer a Jesús.

Es muy importante destacar dos puntos de vista o reflexiones muy importantes a partir de elEvangelio de Marcos, Samuel, en su segundo libro nos presenta un momento histórico en que David logra la unificación de las tribus de Israel para formar una nación. David, como Moisés, es encargado de ser el pastor de Israel, “Tú pastorearás a mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel”; y así es heredero de las promesas hechas a los patriarcas de poseer la tierra de Canaán.

La toma de Jerusalén marcará la conquista definitiva de esta tierra, y David aparece como el elegido de Dios, servidor según el corazón de Dios. Y Dios, que es fiel a sus promesas, estará siempre con David. También nosotros hemos sido elegidos, hijos en el Hijo; también a nosotros el Señor nos ha hecho una promesa de salvación. También con nosotros Dios es fiel, y no nos abandona en nuestros caminos.

El soberbio no podrá nunca conocer a Jesús, y el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás. Cuando comienzan los enfrentamientos entre las autoridades del Templo y Jesús, los escribas estaban convencidos de poseer la “verdad absoluta”, y se lanzan contra Jesús acusándole de estar endemoniado, no utilizan argumentos, sino ofensas.

Se trata entonces de desprestigiar a Jesús, de desacreditar su enseñanza, de quitarle autoridad, de condenarlo de antemano, es la táctica de la intolerancia: “ofender más que defendernos con razones”; aplicar a lo diferente, a lo nuevo, la etiqueta de sospechoso. Atribuir al enemigo todo lo que amenaza “lo habitual”, lo que “se ha hecho siempre”. Tratar de neutralizar las voces o las presencias más incómodas acusándolas de venir de las sombras.

Pero Jesús rebate con argumentos a sus acusadores, y proclama solemnemente el gran pecado: el pecado contra el Espíritu Santo, que supone el rechazo total de Dios. Es cerrarse obstinadamente a la actuación del Espíritu que anima la predicación del Evangelio. Es rechazar el perdón y la salvación que Dios nos ofrece. El soberbio no podrá nunca conocer a Jesús.

Es no sentirse necesitado de salvación alguna, es no sentirse pecador. Y, claro, quien no se reconoce pecador se cierra al ofrecimiento del perdón y a la conversión que le llevaría a librarse de su pecado. ¿Caemos en la trampa de la ofensa cuando sentimos que alguien pisa nuestro terreno? ¿Condenamos en lugar de abrirnos a la escucha y comprensión del otro? ¿Nos resistimos a la acción del Espíritu Santo?

ENTRE GRIEGOS Y TROYANOS
Mtro. QFB. Fernando De la Fuente García
E-Mail: ferdelafuenteg@gmail.com
Facebook: Fernando DelaFuente García
Twitter: @FerranFercho
WhatsApp: 4444-16-9864
EL SOBERBIO NO PODRÁ NUNCA CONOCER A JESÚS

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.




Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.