Derecho Justicia o Perdón (Segunda Parte)

Puedo apostar que la justicia no es nada que tenga que ver con el derecho, con base en la reglamentación jurídica se ha justificado grandes crímenes de lesa humanidad, ya que se puede argumentar cualquier cosa, un ejemplo vigente, la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Los ministros ¿qué se sienten? ¿Por qué que actúan como si estuvieran encima del resto de los seres humanos? Su dicho de modo unilateral está en todos los medios, en los lineamientos de las instituciones, en la agenda del gobierno.

¿Qué pasa cuando permitimos que once personas, tomen decisiones fundamentados en su alma democrática (no demócrata) y desde su interpretación de la vida deciden cuál debe ser el deber ser de 120 millones de mexicanos, siendo esto palabra sacra en un país que se jacta de laico?

¿En qué momento acabamos así? ¿Acaso con Sócrates no fueron más de 500 jueces?

Creo que es porque solo buscamos suturar la grieta, con tal de cerrar resolvemos sin entrar al fondo, por ejemplo, en la sobremesa con los amigos, hablando de política empiezan las opiniones sobre la corrupción, tolerancia, los pobres, los impuestos, y yo les pregunto: ¿Cuál fue el origen? ¿Quién ganaba más? ¿Por qué así y no de otra manera? Me ven y dicen, ¡No inventes, que flojera¡ ¿Eso qué? El problema es que nos están jodiendo ahora no lo que haya pasado antes.

En la democracia las partes deben poder evidenciar su conflicto, el conflicto es positivo mientras no derive en violencia, cuando una de las partes en pos de la paz social pretende solo tapar la afrenta, esto destruye la posibilidad del otro a obtener justicia, lo disuelve,  se debe  ver a la democracia como la vocación por el otro, y su función debe ser visibilizar las nuevas exclusiones.

Leibniz racionalista del Siglo XVII dijo: “la justicia siempre es del otro”, la justicia no puede ser lo que a mí me conviene, si me conviene no es justicia, es negocio. Si la justicia es el otro, la prioridad debe ser el otro, no queda más que abrirse al otro, ¿Cómo? Propongo: “Solidaridad”.

Palabra muy peligrosa para el gobernante, que basa todo en economía, y nos repite al oído constantemente; ¡Debes velar por ti mismo! ¡No cuides de los demás! Ellos no son tu problema.

Lo vemos en la formulación de las leyes y en el derecho en cada sentencia emitida para que podamos acceder a la “justicia social”.

La justicia social, concepto tan manoseado y tan poco usado, se sustenta en el principio de la solidaridad, solidaridad es preocuparse por ese otro que se quedó a mitad del camino mientras nosotros lográbamos saltar el muro.

Aristóteles ya lo sabía al escribir en su obra “Política” que en la democracia hay dos maneras para que los ciudadanos sin heredades no se relacionen y busquen quitarle su acervo al rico;

Podemos buscar un estado de bienestar donde todos puedan partir de un piso que permita a todos partir en igualdad de condiciones y así  generación a generación reducimos la desigualdad, o mejor reducimos a la democracia.

La realidad es que el Estado para seguir debe cerciorarse que no podamos organizarnos sin él, nos dicta.

-Tú no necesitas asistencia médica, tu no necesitas escuela pública, tú no usas el camión urbano, tú tienes aljibe, la última foto que le tomaste a tu hijo no pende de un cartel en las calles, tú no sabes lo que es tener por techo a las estrellas, lo ameno de charlar con el cosmos o el escuchar las últimas noticias del día directo del canto de las aves.

Luego entonces -¿Por qué debería importarte lo que les pase? ¿Por qué ver por los otros? Y peor aún, ¿Por qué aportarles? … El Estado nos engaña cuando creemos que no solo no ganamos, sino que la otredad nos quita.

El Estado nos condiciona para que la solidaridad, el sentimiento más fatal para la sobrevivencia desaparezca de nuestro instinto humano, para poder perpetuarse en el poder, porque nos inculca que debemos protegernos de nosotros mismos.

Otra propuesta, “la hospitalidad”, concepto muy por encima de la tolerancia, inclusión o la empoderada soronidad que quiere el gobernante que le compremos.

La palabra hospitalidad es la opción, viene del griego, y significa amor a los “extraños”, en la hospitalidad se acoge al extranjero, al inmigrante, al que vive al margen de la ley,  al que se quedo en la línea, al subversivo,  al que murió en la raya.

A todo el que sea un “desordenado”, en la hospitalidad se le recibe dentro, en nuestra casa, no esperamos que cambie, no esperamos que se adapte, nosotros hacemos lo posible para hacerlo sentir bienvenido, lo agasajamos, y lo que esperamos de ellos es que se sientan como nosotros sin que sean como nosotros.

Que el extraordinario se sienta bienvenido, solo a cambio de que nos compartan de sus costumbres, sus experiencias, y nos enseñe sus diferencias, no que las esconda o disimule.

En el recibimiento hospitalario se abre la puerta sin condicionar, implica la existencia de una diferencia radical, el otro nunca será un igual siempre un diferente, y es necesario abrirnos a el, la solución no esta en transformar al otro, creo que esta en transformarnos para que el otro tenga posibilidad, para lo que es necesario ir en contra de nosotros mismos.

Con esto en mente el gobernante que ha violado a sus gobernados necesita donar su completa apertura, porque le doy una noticia;  la pena como justicia nunca alcanza, no compensa, no suaviza.

La justicia es imposible, lo que es posible se llama derecho, el sistema de derecho no esta hecho para hacer justicia, el derecho siempre es una interpretación, cuando un derecho se postula como justicia todo se cago, que nadie hable desde el derecho en nombre de la justicia.

Tenemos esbirros de representantes populares que  creen tener el poder de violar y resquebrajar al resto de los hombres, y les pregunto; ¿De qué manera creen que una pena emanada del derecho,  puede generar algún tipo de justicia?

Sabiendo que nuestros muertos no vuelven, que las cicatrices cuelgan de nuestra piel como filigranas que documentan una violación a manera de arte de denuncia, se debe respirar, porque uno no debe querer el ojo por ojo, organizados debemos arrebatarles el nunca mas.

La realidad es que ningún ciudadano vera redimida su vida, pero el que exista sanción, y los responsables la afronten le da un sentido a la violación sufrida, la víctima esta consiente que  jamás servirá para lograr una reparación, pero sabe que lo que no se juzga y se condena se repite.

Le notifico al gobernante, a la víctima ya no le afecta la violación, le afecta a nuestros hijos, le afecta a nuestros nietos, no hay reparo, pero se les puede honrar, ¿Cómo?

Recordando su gesta, recordando el uso y abuso de las estructuras del Estado para la promoción de un sistema de represión y opresión organizado e institucional que genera un modelo político, económico y social a partir del uso de la violencia por la seguridad publica, autoridades, por ende de lo civil.

Debemos estar claros que no se le puede liberar a la víctima con una aceptación y ofrecimiento de disculpas públicas, pero si pueden ser los cimientos para la construcción de una memoria colectiva que le reconozca a todo el gobernado el derecho a no olvidar.

No es casualidad que hoy el Estado nos quiera inculcar el concepto de “amnistía”, en donde si, efectivamente, el culpable es el culpable, pero es nuestro deber comprender porque cometió el delito, ya que no depende de su conducta al 100 por ciento, existe lo circunstancial.

Entonces la violación termina siendo algo que es explicable, justificable, y vemos gobernantes pidiendo perdón a nombre de otros gobernantes,  para poder cerrar la grieta y proseguir como nación.

La raíz del perdón es “dar el don”, es decidir dar porque si, de ahí la palabra donación, si perdonamos, porque hace bien, porque nos va a transformar como personas, eso no es perdonar. Perdón es dar sabiendo que nada de lo que demos va a retornar.

El perdón se debe otorgar solo para lo imperdonable, si se da para lo perdonable no tiene mérito, la incongruencia es que al perdonar conductas imperdonables desde ese momento se vuelven acciones perdonables, por lo que perdonar a gobernantes que violan derechos humanos es un acto de locura, y es irracional.

Nos dicen que es para un país mejor, que nos conviene para que el país salga adelante pero yo les digo: Justicia y Perdón, no es lo mismo, así como la justicia no es de este mundo tampoco el perdón porque para que sea posible el perdón debe de haber justicia primero.

Una sociedad reconciliada no puede ser la mejor sociedad, porque los que reconcilian siempre lo hacen imponiéndose sobre los reconciliados, mientras la justicia viva en la consecuencia y no en los actos nunca será justicia.

La sociedad, es el reflejo del gobierno, la respuesta para que decrezca la violencia individual en una ciudad insegura, no esta en marchas, pintas, conferencias o dependencias creadas a modo.

Mi propuesta es que todos, dejemos de ser sociedad y nos transformemos en comunidad, tenemos respuestas equivocadas porque las preguntas han sido las erróneas, en una sociedad nos preguntamos ¿qué es la violencia? en una comunidad nos preguntaríamos  ¿qué es  la crueldad?

Facebook: @Tere Carrizales Hernandez

TERE CARRIZALES / Desmetaphora / San Luis Potosí, S.L.P. / Enero 17 de 2020.

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