Cuando la salud se evapora del alma


La Salud es algo que casi siempre damos por hecho.

Sin embargo no estamos preparados para cuando algún miembro de nuestra familia cae enfermo…

Se da un giro de 90, 180 o hasta 360 grados, dependiendo del tipo o la magnitud de la enfermedad. Tu vida y la de toda la familia cambia. Muchas cosas pueden suceder, algunos rencores del pasado pueden de súbito perdonarse y dejarse de lado. Toda la familia marcha en un frente común cuyo único objetivo es cuidar, apoyar y rezar por aquél o aquella persona que se encuentra enferma. Te vistes de valor, te alimentas de fuerza y la fe y esperanza son tu mayor refugio y consuelo.

El cansancio? Simplemente lo bloqueas.

El hambre? Pierdes el apetito y te sacias con la angustiosa espera…

El sueño? Llegas a un punto de no distinguir en las luces artificiales de un Hospital que nunca duerme, los límites del día…y la noche.
Y Esperas… esperas buenas noticias, avances del tratamiento, señales de cura, y sentado en la sala de espera pasan las horas y esperas… y esperas…

A tu alrededor ves rostros de desolación, de cansancio o de alegría quizá por un esperado nacimiento, emociones de todo tipo encuentras a tu paso, en la capilla de cada hospital siempre hay alguien de rodillas, orando. Te vuelves parte de un grupo muy grande con un objetivo común, obtener la cura de su familiar enfermo.

Cruzas miradas de comprensión y una leve sonrisa asoma en tu cara, parece que esa breve mueca puede dejar a tu paso una leve esperanza; a veces eres tú el destinatario, te sientes apoyado, te identificas con el resto, te das cuenta que no estás solo ya que ahí mucha gente que sufre a diario.

Recuerdas más que nunca, tal vez desde hace mucho, sin querer aceptarlo, que necesitas de Dios. Vuelves a recordar aquellos rezos que siendo muy niño guardaste en tu mente, intentas traerlos al hoy, al ahora, que es cuando más desesperado estás. Elevas tus ojos al cielo buscando señales que calmen tu angustia y llenen tu huecos de dolor, de vacío, con fe y esperanza.

Regresas a la habitación donde tu enfermo padece. Cambios en su salud a cada momento, te dispones a acompañarlo a la lucha, no debes tener miedo, sabes que en ningún momento estás solo, porque en algún lugar, desde el cielo, alguien a tu lado está protegiendo al ser amado que yace en el lecho.

RUTH CONTRERAS / Tras el Teclado / San Luis Potosí, S.L.P. / Enero 15 de 2020.

4 Comments

  1. Ruth querida, es un placer leer cada artículo que publicas, felicidades por tus redacciones, eres una gran escritora!!!

  2. Algo muy cierto y muy difícil de llevar y que solo quien lo vive puede entender, excelente crónica y excelente escritora.

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