Gloria y Guadalupe, las «Mujeres Tragafuego de San Luis”

  • Un espectáculo de riesgo y de valentía a toda prueba
  • ¿Por qué resulta atractivo ser un tragafuego?
  • Las enfermedades que enfrentan.

A decir de los expertos en salud, las enfermedades más comunes que pueden sufrir los tragafuegos son: se les pudre la boca y la lengua. Enferman de los bronquios, les salen infecciones y llagas en la garganta. Les puede dar cáncer de hígado, de pulmones y de estómago.

Según los médicos, no hay remedio para evitarlas, si las actividades persisten. Sin embargo, los tragafuegos dicen que diariamente deben tomar varios litros de leche de vaca, porque la leche encapsula la gasolina y el diesel.

Mujeres “tragafuego” en SLP, espectáculo de riesgo y valentía a toda prueba.

Nueve años han pasado desde que la señora Gloria Pérez Rodríguez decidió encontrar en la actividad de los llamados “tragafuegos”, una manera de subsistir para poder allegarse de recursos, pues la necesidad en su familia, la orilló a buscar una forma de subsistencia ante la falta de estudios y de oportunidades para encontrar trabajo.

Sobre las calles de Álvaro Obregón y Reforma, en la capital de San Luis Potosí, día con día y en ocasiones desde las siete de la mañana, acude para posicionarse entre los vehículos que recorren la ciudad.

Ella está en búsqueda de una moneda con un trabajo vistoso para quienes logran apreciar una gran llamarada que se produce con un poco de diésel y un cedazo, sujeto a la punta de un alambre grueso, que tras esos largos años de repetir el movimiento durante al menos 5 horas diarias, ya le genera problemas en sus pulmones y la dificultad para apreciar el sabor de los alimentos. La sustancia le merma día con día y en cada malabar que realiza la capacidad para saborear lo que come.

Recién invitó a su sobrina de 20 años de edad, de nombre María Guadalupe Cedillo, quien hace un esfuerzo por ganar algo de dinero para continuar sus estudios durante las tardes en una preparatoria abierta.

El inicio ha sido difícil, nos cuenta, pues ha tenido que soportar algunas quemaduras en su boca, porque resulta complicado aprender a lanzar el chorro de combustible para activar la llama.

“Mi tía me invitó a venir a trabajar, me ha ido bien, no he tenido problemas con los conductores, la mayoría me tratan bien y me apoyan para que yo pueda continuar con mis estudios. Es una manera complicada de ganarse la vida, pero espero que esto me ayude a alcanzar lo que pretendo”, señala.

Ambas mujeres, originarias de una colonia al norte de la ciudad, ven esta manera de ganarse la vida como un trabajo más, aunque reconocen los peligros y los riesgos a la salud que les puede provocar.

Consideran que también son creadoras de un espectáculo visual que no es sencillo y que si bien resulta inusual, les permite sacar adelante a sus familias, pues en ocasiones llegan a obtener entre 300 y 500 pesos diarios, con tan solo dos litros de diésel y las ganas de trabajar.

Para muchos, y no se atreven a confirmarlo Doña Guadalupe ni Gloria, con los años, como si fueran prostitutas, les llega encima la edad y los automovilistas dan menos dinero o no dan. “Cuando eres adolescente les das lástima, pero después de los treintas, ya no conmueves a nadie, te ignoran”, menciona Juan, de 55 años de edad, que tuvo que dejar esta actividad, porque era más lo que gastaba que lo ganaba.

El ganaba hasta mil pesos diarios con menos de ocho horas al día; después, “a veces no llegaba ni a los 100 pesos en diez horas de trabajo y me tuve que retirar”.

Así es la vida de los tragafuegos, cuando menos, en San Luis Potosí.

 

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