La paz anhelada

“La paz es más difícil que la guerra. Se necesitan dos para hacer una paz, y solamente uno para hacer la guerra” Paul Valéry.- Escritor, poeta, ensayista y filósofo francés (1871 – 1945)

Iniciamos un nuevo año en el calendario gregoriano. En nuestro país ha concluido un año muy violento; una enorme cantidad de muertes violentas atribuidas, por la autoridad, a la lucha entre grupos delincuenciales o carteles de la droga. Motivo por el cual, la gran mayoría de estas  muertes no han sido aclaradas.

Lógicamente que este año 2020 no se prevé que sea menos violento, al contrario, los cambios legales; las estrategias en materia de seguridad; y la influencia de la situación internacional, nos vaticina un año aún más violento e inseguro que el anterior.

Si bien el gobierno federal maneja cifras halagüeñas, como siempre; la percepción ciudadana y el clamor social es que estamos inmersos en una espiral creciente en materia de inseguridad y de violencia interna; es más, el llamado “gobierno anticorrupción” ha resultado de lo más corrupto hasta hoy visto.

Según la organización civil “Causa Común”, el 2019 cerró con una cifra récord de más de 36,000 homicidios dolosos, de los cuales solo un 10% se logran castigar, por lo que hace al primer año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el más violento desde 1980.

Esto aunado a que la implementación del Sistema Penal Acusatorio, es laxo en cuanto a la aplicación de la prisión preventiva, en la mayoría de los delitos patrimoniales, que son los de mayor atención, trae como consecuencia un enorme descontento ante la procuración e impartición de justicia en el país.

La puesta en marcha y despliegue de la Guardia Nacional, no ha disminuido la incidencia delictiva, por el contrario, los delitos del fuero común y algunos del ámbito federal, siguen en aumento, tanto en su periodicidad como en su realización violenta; siendo la propia autoridad federal quien culpa a las corporaciones municipales y estatales de una falta de atención y prevención de estos ilícitos.

Desde el inicio de las campañas para el proceso electoral 2018, el actual partido gobernante, así como sus candidatos, particularmente al ejecutivo federal, se dieron a la tarea de descalificar a  los cuerpos de seguridad, siendo una de las razones públicas para desmantelar la otrora Policía Federal Preventiva, y dar cabida a la creación de la Guardia Nacional.

Las declaraciones del Presidente de la República, el Sr. López Obrador de que, por arte de sus palabras, desde el primer día de su gobierno, los delincuentes, tanto organizados como comunes, dejarían de cometer delitos y estaríamos ante una paz social duradera y permanente, pues “ellos también son pueblo” y que la policía no está para agredir al pueblo; que quienes cometieran delitos se les acusaría con su mama o su abuelita, además de descalificar a quien no esté de acuerdo con su política gubernamental, acusándolos de conservadores, enemigos de su “Cuarta Transformación”, «fifís», intolerantes, contrarios al desarrollo y el progreso, emisarios de un pasado corrupto e ilegal; creo y hondó un divisionismo entre todos los mexicanos.

Si bien es cierto, todos anhelamos una tranquilidad y paz social que hace muchísimo tiempo carecemos, y se está consiente que esto no se alcanza de la noche a la mañana, ni se da por una “declaración mañanera” así sea del propio Presidente de la República, cuando la sociedad civil, los partidos opositores o las cámaras empresariales manifiestan su inconformidad son acusado “mediaticamente” de ser enemigos o detractores del actual gobierno.

En el ámbito estatal, al menos en este precioso estado tunero, el rezago en cuanto a procuración de justicia y la investigación de los delitos es evidente; ante la casi nula estrategia de prevención del delito.

Los robos a transeúntes, a casas habitación, de vehículos, a comercio, a restaurantes, a empresas, a joyerías, de cajeros automáticos y un sinfín de delitos más, son el pan nuestro de cada día, sin que se tengan resultados positivos del combate a la delincuencia y a la inseguridad.

En el contexto estatal, los levantones, secuestros exprés, las extorsiones telefónicas, el abigeato, los homicidios, los robos, el robo de vehículo con violencia y sin ella, el robo de acumuladores, y de casa habitación, así como a personas, son recurrentes y constantes.

Las policías municipales y estatal, en el mejor de los casos, se ven rebasadas por los actos criminales; pero  mucho tiene que ver los mandos, sus atribuciones y ordenes, pues no existe una verdadera cohesión al interior entre mando y tropa; menos la tan trillada coordinación entre las diferentes corporaciones existentes, pues es común que se culpen entre ellas de falta de atención, interés y competencia para prevenir o investigar los delitos.

Cierto que los agentes policiales no son unas “peritas en dulce”, y que existen malos elementos que están en contubernio con delincuentes comunes o con el crimen organizado, pero no son todos, también existen buenos agentes, comprometidos, más o menos honestos, que cuidan su empleo y a sus familias, realizando su labor de la manera más justa y profesional.

La cuestión es que todos, los mexicanos, deseamos una tranquilidad social, una seguridad que nos permita trabajar, convivir, educar a nuestros hijos y nietos en un clima de tranquilidad, de paz, de desarrollo y progreso. También es cierto que nosotros, si todos nosotros, debemos contribuir a lograr este anhelo, poniendo de nuestra parte todo lo posible para ello, respetando la ley y ordenamientos, siendo corteses y educados, ante poniendo el interés general al particular, pero sobre todo, actuando con congruencia y honestidad.

No importa que quienes detentan la autoridad, llámese federal, estatal o municipal, sea un corrupto, un ignorante, un lelo, un deshonesto o un delincuente. Si la sociedad se organiza, si la sociedad respeta, si la sociedad exige, aporta, se comporta y da el ejemplo, las autoridades tendrán que hacer lo propio.

Es año nuevo, época de hacer propósitos y proyectos a futuro, y ante la posibilidad de una confrontación bélica donde participaría nuestro vecino del norte, las cosas no pintan bien. Si Estados Unidos va a una guerra con los países árabes, bajo el pretexto que sea, a nosotros, a México nos afecta enormemente.

De por sí, la recesión económica ya está presente. De nada sirve un aumento porcentual importante en los salarios mínimos, si la inflación aumenta exponencialmente. De nada sirve que se construyan más de 3,200 sucursales del “Banco del Bienestar”, si no se generan fuentes de empleo, si no hay inversión privada, si se tiene inseguridad pública, si no hay medicamentos, ni doctores, ni se atienden a los enfermos de padecimientos terminales.

Si se le da dinero a jóvenes que no estudian y no trabajan, sin responsabilidad alguna; si en vez de dar atención médica, trabajo apropiado y oportunidades de aprovechar su experiencia a las personas mayores, se les da dinero en efectivo para que gasten o para que se los quiten o roben, nunca saldremos adelante, pues solo mantenemos a personas improductivas y rémoras del erario.

Se apuesta a la extracción de hidrocarburos como si estos fuesen la panacea para sacar al país adelante, cuando a nivel mundial se trabaja por energía limpia: solar, eólica, hidráulica, mareomotriz, geotérmica y otras. En tanto que el dispendio de recursos económicos, humanos y materiales está en su apogeo dentro de la propia paraestatal encargada de los hidrocarburos, sin que nadie esté sufriendo privación de su libertad y ha reparado el daño por el despilfarro y la malversación de esos recursos en el pasado y en el presente.

Por otro lado, las enormes cantidades de dinero que se han gastado desde los sexenios de Vicente Fox, Felipe de Jesús Calderón y Enrique Peña Nieto, y lo que va del actual en materia de seguridad pública, tanto en certificación, capacitación, armamento, exámenes de control de confianza y equipamiento, no han rendido los objetivos esperados, sin que hasta el momento, , sepamos en que se ha invertido, ni se han encontrado culpables de los enormes desvíos económicos, ni de los fracasos de la investigación de los delitos, la procuración e impartición de justicia, aduciendo que lo concerniente a seguridad pública no puede ser conocido, ni transparentarse por causas de seguridad nacional.

Las políticas criminológicas de prevención del delito han brillado por su ausencia, nadie se preocupa por una labor preventiva, pretenden que todo sea reactivo.  No han sido detenidos ni encarcelados los grandes capos de la droga, ni los responsables del lavado de dinero; las políticas hacendarias van más bien encaminadas a controlar los ingresos y gastos de la clase económicamente productiva, en tanto que los grandes consorcios económicos, financieros y de prestación de servicios son «apapachados» con condonaciones y exenciones del pago de impuestos y derechos.

Si bien aún no llegamos a los niveles de descontento social como lo tienen países como Venezuela, Bolivia y otros, no debemos echar en saco roto, que la sociedad se está cansando de tanta mentira, corrupción, inseguridad, cohecho, dispendio y ineptitud, por lo que, ante el próximo proceso electoral del 2021, pueden darse algunas sorpresas en los resultados, si es que antes, no ocurre algo más.

Y si no, vamos dándole tiempo al tiempo.

Comentario 1.- La puesta en operación de dos brazos vehiculares en el distribuidor vial “Benito Juárez” de la capital potosina, con la intención de aligerar el flujo vehicular en las entradas de las carreteras a Rioverde y a Querétaro, como que dejaron un amargo sabor de boca. Primero, por el retraso en la entrega de la obra; segundo, se dejaron acceso de un solo carril, que si bien, dan cierta fluidez al tráfico no son suficientes y sigue siendo este distribuidor un “cuello de botella” en hora pico, tanto en la salida como en la entrada de la zona Industrial. Lo que realmente se requiere son vialidades alternas que permitan que el flujo automotriz sea más expedito y seguro, pues los accidentes están a la orden del día. Aunado a lo anterior, no se ha clarificado ni transparentado cómo se utilizaron los recursos, cuánto costo realmente la obra y qué constructoras fueron las realizadoras de esta edificación. Realmente poca confianza y casi nula efectividad con esta millonaria obra.

Comentario 2.- Estamos ya en un año preelectoral. El Partido Revolucionario Institucional, el otrora invencible PRI, se prepara para la renovación de su dirigencia estatal. No son muchos ni muy conocidos sus aspirantes. Las posibilidades de que conserven la próxima gubernatura del estado no son nada alentadoras. Se escucha y se oye que solo podrían llegar nuevamente a la primera magistratura de la entidad, mediante una coalición o alianza partidaria, porque por sí solos, se ven escasas las posibilidades. Así mismo, no se sabe quién es el enemigo a vencer, si el partido oficial (Morena), o su histórico contrincante el Partido Acción Nacional. Este último es el que tiene más posibilidades de recuperar la gubernatura, dado los yerros del titular del ejecutivo federal, salido de las filas del partido creado por él; y por la gris, muy gris actuación del actual gobernador priísta Juan Manuel Carreras López y su antecesor, también priísta, Fernando Toranzo Fernández.- De los demás institutos políticos, de la llamada chiquillada, solo se espera que como parásitos (algunos lo han sido por muchas décadas) se sumen a coalicione y alianzas para poder conservar sus prerrogativas económicas y los escaños necesarios para sus dirigentes. Por lo pronto, el Consejo Estatal Electoral y de Participación Ciudadana (Ceepac), ya emitió la convocatoria para recibir propuestas de reformas de la Ley Electoral del Estado.

L. GABRIEL GAYOSSO BERMAN / La Cicuta / San Luis Potosí, S.L.P. / Enero 10 de 2020.

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