Independientes ¿siguen o se acaban?

Como usted sabe en San Luis Potosí tenemos un candidato independiente exitoso en la Alcaldía de Ciudad Valles. No fue el único que lo buscó por esa vía, pero si el único que alcanzó el objetivo de llegar a asumir el cargo, el único que sorteó la enorme cantidad de obstáculos e inequidades que nuestro Sistema Electoral «democrático» les tiene asignados solo a ellos, no a los candidatos de partidos. También hubo solo un candidato a la Presidencia de la República en la persona de “El Bronco”, aunque no logró el puesto al que aspiraba. En ambos personajes se pueden encontrar muchas diferencias, pero también una coincidencia que en este caso es muy importante: Recursos económicos más que suficientes. Y es que el dinero que se requiere para organizar una asociación civil, movilizar a cada uno de sus miembros, recopilar firmas y credenciales, llevarlos a comparecer cuantas veces sea necesario; llevar a cabo prácticamente dos campañas políticas con mucho menos tiempo que los candidatos de los partidos, eso sin contar con los absurdos y desmesurados requisitos que para lograr registrarse como aspirante y luego como precandidato, etc., deben cubrir cada uno de los interesados, se trata de cantidades fuertes que no cualquier ciudadano puede disponer. Por más preparada que esté una persona y por más experiencia que tenga, prestigio y aceptación, debe contar con grandes sumas de dinero pues además no tendrá el apoyo público que los partidos reciben para sus candidatos. Debe tener recursos o bien… DEPENDER de alguien o ALGO, persona, grupo o partido interesado en vías alternas de acceso al poder. Esa DEPENDENCIA nacida del compromiso que se asume con quien provee los dineros para llegar a un cargo público destruye la esencia misma del candidato y sobre todo del Servidor Público INDEPENDIENTE que precisamente persiguen estas figuras. Alguien que se maneje con total soltura en una cámara, en una decisión legislativa; o fuera de los intereses de las cúpulas partidistas para la asignación y realización de obras públicas, para la contratación de personal, para la plantación de proyectos, políticas públicas, etc. Esa dependencia puede resultar incluso peligrosa si el compromiso adquirido con los financiadores resulta ser compromiso con grupos de la delincuencia organizada, carteles de la droga, mafias, que lamentablemente en nuestro México distan mucho de ser ficción. En esas condiciones, los requisitos exagerados, inequitativos e inconstitucionales que las Leyes Electorales locales y federales establecen para (o en contra de) las candidaturas independientes, para reprimirlas y cancelarlas cumplen su objetivo logrando que los independientes sean muy pocos, sean solo ricos, NO SEAN INDEPENDIENTES. Es decir, el espíritu de la figura y el supuesto u objetivo de la Ley, logra efectos totalmente contrarios a la idea de independencia del servidor y el enriquecimiento de la competencia electoral que deberían ser los objetivos a perseguirse. ¿Quiénes han provocado esto? Los mismos legisladores que son representantes de los partidos y que no desean una competencia que de entrada los obligue a buscar candidatos más calificados y no les permita cumplir sus compromisos facciosos y cupulares. Faltaría entonces una voluntad legislativa y partidista para reinventarse y reconocer las bondades de la figura de independientes o simplemente una apertura mental para visualizar y para oír lo que la gente manifiesta de muchas formas: están hartos de los partidos. Y es que el desgaste de estos Institutos Políticos es más que evidente y se agrava aún más cuando las ideologías se van abandonando casi en su totalidad, nada los diferencia a unos de otros; se observan actos de corrupción a cada momento; se atestiguan alianzas inescrupulosas, contradictorias e incongruentes con tal de obtener cargos y poder que si bien es cierto es uno de los objetos que persiguen los partidos, no puede darse a costa de lo que sea, el poder por el poder mismo a como dé lugar es un exceso que ha envilecido la política y ha ido desarrollando en las últimas tres décadas una crisis de ideologías y democracia que ya toca fondo aunque los propios partidos no parezcan darse cuenta. Los efectos sociales manifiestos en protestas, desmanes, vandalismo, delincuencia, irreverencia hacia las instituciones y símbolos de identidad nacional, son una muestra que ya no es callada sino estridente que nos negamos a oír. Las instituciones y figuras independientes y autónomas, generarían, bien fortalecidas, la necesidad de que los Institutos Políticos y las Instituciones de Justicia y en general de servicio público, se obliguen a ser mejores, transparenten su gestión, mejoren su trabajo, incluyan y pluralicen sus programas. La última palabra la tienen los legisladores en conjunto con los Órganos Electorales. Aquí en San Luis se anuncia ya una Reforma Electoral y consultas previas. Ojala que sean estas verdaderas y convoquen, escuchen y consideren el sentir de la gente y que no tengan miedo a las figuras independientes, las procuren y fortalezcan….renovarse o morir.

PEDRO OLVERA / Retruécanos / San Luis Potosí, S.L.P. / Diciembre 28 de 2019.

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