Nuestro país

Muy seguido nos comparamos con otros países por su desarrollo, envidiando como en otros lugares, si continúa el trabajo que hacen los ciudadanos, literalmente para servir a su patria, lo cual hace una enorme diferencia con nosotros, los mexicanos. Aquí, en nuestro país, independiente de preferencias políticas, cada seis años hay un nuevo dueño de nuestro destino común.

En nuestro país, parece que el trabajo de todos, mujeres y hombres, es para servir al presidente en turno. Así, podemos ver cada seis años hay cambios de planes y compromisos electorales sin sentido democrático y de progreso institucional. Pagar facturas electoreras, si así, lo quieren, y ver cómo se tiene el control total de un gran País como el nuestro, es lo que todos, una vez teniendo el resultado de las urnas electorales, para luego hacer lo que le venga en gana.

No hemos construido la sociedad que merecemos, de altura de miras y con una colectividad llena de fortaleza, en la exigencia de revertir lo que cada día nos quejamos. El consumo y de ello la inversión, han dado lugar al desarrollo pero ha sido, una y otra vez descalificados solo por eso, porque México se descubre cada seis años y por ello, hemos perdido competitividad. Además hemos perdido el talento y creatividad de una nueva generación que piensa y actúa diferente pero, no todos son favorecidos con oportunidades de educación y menos ahora en manos del sindicalismo.

Así se piensa que, el bienestar de las personas tiene que depender de las limosnas electoreras que los gobiernos, todos, deseosos de tener clientes electorales y a través de ello, asegurar el poder y el dinero públicos.

Macario Schettino en su libro “El Fin De La Confusión” nos invita a a reflexionar sobre la combinación que usaron los países desarrollados, refiriéndose a la del capitalismo con la democracia. Visto así, la repartición de la riqueza estaría en manos de la población trabajadora, y por ello, asegurado el desarrollo social, como lo desea el Presidente de la Republica. Esto no sucedió en América Latina y, si en los países desarrollados.

En México, eternamente en estado de economía en desarrollo, por muchos años hemos sufrido el modelo de crecimiento agotador que, en lugar de construir destruye el capital así, es la razón por la cual el crecimiento es inestable en nuestro México, el que debería ser de todos pero en nuestra historia, cada seis años parece que llega un nuevo dueño de la verdad absoluta.

Mientras otros países se desarrollaron bajo el esquema industrial, de la libre empresa formal y libre mercado, como los tigres asiáticos, Hong Kong, Corea Del Sur y Singapur. Desde 1980 a 1998 disfrutaron de un crecimiento de 10% del PIB mientras que en nuestro país, nos debatimos en un mediocre 2% que nos dejaba fuera de competencia por los verdaderos negocios que dieran a los mexicanos visión de la grandeza de nuestro país.

No cabe duda que la esperanza de crecer al 4% se fueron en la promesa de campaña política pero, aún es tiempo de reflexionar, no los gobiernos y, si, nosotros. Tendríamos que estar formando, transformando y reinventándonos, con pasos firmes a una sociedad blindada de egoísmo y viendo por lo que nos sirve a todos, fuera de encuestas destructivas y viendo patrióticamente lo que realmente es el benéfico común.

¿Queremos dejar de tener violencia y corrupción? Nadie puede resolverlo mejor que nuestra sociedad, nuestro pacto social que debería estar antes que quienes nos tratan de ignorantes.

La frase de México es primero, exactamente es la que deberíamos repetir en los hechos y no sólo en el hueco discurso.

@jaimechalita

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