Que nadie me quite mis derrotas

En menos de un mes, perdí el Premio Municipal de la Juventud de Hermosillo y el Premio Estatal de la Juventud de Sonora. Mucha gente me apoyó en ambas ocasiones. Ahora, muchos tratan de animarme.

Solo quiero pedirles una cosa. Por favor, que nadie me quite mis derrotas.

Entiendo perfectamente el buen afán de muchos. Es natural para cualquiera intentar brindar consuelo a alguien que sufre, especialmente si ese alguien es querido. Les pido que no lo hagan. No es que pretenda ser grosero ni malagradecido, solo busco lo mejor para mí mismo.

Y quiero ser claro al respecto, lo mejor para mí mismo en este momento no es estar bien, sino estar derrotado.

Solemos pensar que hay que encontrar maneras de ver el lado bueno de las cosas, que las cosas pasan por una razón, que nada arreglamos estando tristes, por lo tanto, solemos pensar que hay buscar estar contentos.

Respetuosamente, difiero.

No es que las debamos procurar, pero sí que es necesario darles su lugar a las emociones negativas. Hay que recordar que la verdadera felicidad no es estar contento todo el tiempo. La verdadera felicidad es llevar tu vida emocional de manera saludable. Y la salud emocional no se centra en hacer como que la única emoción que tenemos es la felicidad.

En mucho, la salud emocional reside en tenernos paciencia cuando estamos mal, especialmente cuando lo que nos provoca malestar es tan razonable y evidente.

El rompecabezas de la vida está lleno de piezas muy complejas como la derrota. Pero esas son las piezas que debes incluir para ser un ser humano completo. La tristeza, la decepción, la ilusión quebrada, la duda, el cuestionamiento de uno mismo.

La derrota, entonces, no es un simple capricho. A veces, es la realidad y hay que vivirla completa.

¿Cuándo temblará de emoción mi corazón ante la expectativa de un nuevo triunfo, si jamás experimento la decepción de la derrota? ¿Cómo pretenderé saborear realmente ese momento en el que, cuando se consuma un nuevo logro, la esperanza temerosa pasa de la ilusión a la realidad? Y al final, al llegar a casa, ¿desde dónde agradeceré mi gozo si no es desde las cicatrices de mis lamentos?

Por favor, no traten de decirme que gané, ni traten de hacerme sentir mejor. Si quieren, estén conmigo, pero déjenme perder. Hoy, lo único que necesito es el amor de aquellos que me aman tanto en la victoria como en la derrota.

RUBÉN GERARDO / Letras y pensares / Hermosillo , Sonora. / 06 de septiembre de 2019.

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